Amblin: El reino de la nostalgia | Segunda Parte
  • Josep Parera

Amblin: El reino de la nostalgia | Segunda Parte

Entre 1986, tras el par de años legendarios de los que formaron parte Los Goonies, Regreso al futuro y Gremlins, y 1994, cuando Dreamworks SKG es presentado en sociedad, Amblin se embarca en una expansión tanto en cine como televisión que bien podría definirse de variable, tanto en resultados creativos como financieros. Es una etapa, además, donde sus producciones empiezan a resultar más mecánicas y menos… entrañables.

¿QUIEN ENGAÑÓ A ROGER RABBIT?/Touchstone|Warner

El acuerdo entre Amblin Partners y Universal Pictures que se firmó hará cinco años fue muy distinto del que disfrutaba la Amblin original en los años 80.

Si bien una y otra mantienen el control creativo, promocional y de merchandising, lo cierto es que durante su primera década, Amblin Entertainment gozaba de ventajas hoy impensables, como que el estudio donde aún reside pagase los sueldos de todos sus empleados.

Estos, por cierto, cuando son contratados, firman un contrato en el que aceptan no revelar dato o información alguna de lo que ven, oyen o trabajan entre los muros del edificio, bajo una pena económica que ninguno de ellos puede permitirse (una condición que, por otro lado, no es tan inusual en una industria que vive del secretismo).

Universal, como comentaba en la primera parte de este artículo, también pagó por cada detalle en el edificio de la productora: un salón de video juegos, un jardín exquisito que incluye un huerto, una piscina…

Hoy Amblin Partners está a cargo de todos los gastos.

Lo que no ha cambiado es el control general que ejerce Steven Spielberg, que abarca cada detalle, en ocasiones, como demostró su relación con Don Bluth, hasta límites restrictivos que limitaron la creatividad de aquellos en los que, en un principio, confió en que llevaran a buen puerto sus proyectos.

En 1985, el realizador de El color púrpura, que estrenó ese año con notable éxito económico (recaudó 348 millones de dólares de hoy), aunque fue menospreciada en los Oscar al ser nominada a once premios y no recibir ninguno, se concentró en el relanzamiento de Amblin, mano a mano con Frank Marshall y Kathleen Kennedy.

En la primera parte de este artículo hice referencia al fiasco que supuso para NBC producir Cuentos asombrosos: el canal acordó distribuir la serie tras pagar a Amblin 750.000 dólares (1.8 millones de hoy) para desarrollarla, sin leer ni un solo guion y cediendo el control creativo absoluto a Spielberg.

Este eligió a dedo a un puñado de cineastas colegas que apoyaron el proyecto y de paso cobraron unos sueldos hasta ese momento inusuales en la pequeña pantalla: Martin Scorsese, Matthew Robbins, Peter Hyams, los actores Danny DeVito, Paul Michael Glasser (Starsky & Hutch), Timothy Hutton (Gente corriente), Bob Balaban (Encuentros en la tercera fase) y Burt Reynolds, Phil Joanou, Clint Eastwood, Joe Dante, Irvin Kershner, Nick Castle, Robert Zemeckis… y Tobe Hooper, en su reencuentro feliz, por llamarlo de algún modo, con Spielberg.

También fue la cuna en la que se mecieron directores que después pasarían a liderar proyectos cinematográficos de considerable envergadura, como Thomas Carter (Rebeldes del swing), Kevin Reynolds (que había realizado Fandango y terminaría a cargo de Robin Hood: Príncipe de los ladrones y Waterworld), Mick Garris (Sonámbulos), Todd Holland (Twin Peaks, Malcolm), Tom Holland (Noche de miedo, Muñeco diabólico) y, Brad Bird (El gigante de hierro, Los Increíbles).

En cierta forma, Cuentos asombrosos resumía el espíritu Amblin a la perfección y ejemplifica ese factor variable al que hacía referencia en la introducción.

No obstante, NBC supo desde el primer día de emisión, cuando el estreno de Cuentos asombrosos perdió en audiencia en beneficio del regreso de Se ha escrito un crimen, que la serie iba a convertirse en un agujero de perder dinero.

Recientemente, tras el acuerdo al que Apple TV+ llegó con Spielberg, la serie fue resucitada sin desatar, una vez más, demasiado entusiasmo.

Mientras, en el cine, y tras el estreno de Esta casa es una ruina, remake de Los Blandings ya tienen casa que vivió un rodaje problemático y después tuvo que ser remontada tras un pase de prueba horroroso, Spielberg cumplió un sueño: estrenar su primer largometraje animado (por cierto, Esta casa es una ruina, con Tom Hanks y Shelley Long, esta en un papel pensado para Kathleen Turner, sumó en taquilla unos actualizados 135 millones de dólares).

El amor de Steven Spielberg por el cine de animación en general y el de Walt Disney en particular es de sobras conocido. En Encuentros en la tercera fase logró lo imposible: que los derechos de una de las canciones clásicas de Disney, When You Wish Upon a Star, fueran cedidos para una escena cumbre del filme.

Para el primer proyecto animado de Amblin, Fievel y el nuevo mundo, aquel contrató a Don Bluth, quien había realizado una pequeña obra maestra del género, Nimh, el mundo secreto de la Sra. Brisby.

Bluth no solo era un amante del cine clásico de Disney, sino que había trabajado para el estudio, en el cual dio sus primeros pasos en… 1955, cuando a los 18 años fue contratado como asistente de animación en La bella durmiente.

Bluth tuvo ocasión de trabajar mano a mano con leyendas del género, como Wolfgang Reitherman o Hamilton Luske. Bluth respiró el arte de Walt Disney mientras este aún estaba vivo.

No obstante, el animador tuvo que dejar su carrera de lado unos años ya que, como mormón devoto, tuvo que desplazarse a Argentina donde ejercitó de misionero.

Cuando regresó a Disney, en 1971, la compañía estaba de capa caída: durante toda la década, Bluth y su socio, Gary Goldman, lideraron proyectos como Robin Hood, Lo mejor de Winnie The Pooh, Los Rescatadores y las secuencias animadas de Pedro y el dragón Elliott, esperando que en algún momento los ejecutivos del estudio se decidieran a nombrarlos directivos de la división animada.

Al ver que eso no sucedía, en 1979 presentaron su dimisión, dejando Tod y Toby a medio acabar y embarcándose en la producción de Nimh, acompañados de otros 16 animadores que también abandonaron Disney.

El filme fue un fracaso, pero llamó la atención por su extraordinaria animación, atenta al detalle e inspirada en el estilo del mejor Disney (con sus problemas narrativos habituales en el cine de Bluth, por cierto).

A Steven Spielberg le encantó. De ahí a que pensara en Bluth y Goldman para Fievel y el nuevo mundo.

La historia de un ratón que emigra de Rusia a Estados Unidos (y que fue bautizado con el nombre del abuelo de Spielberg), fue un éxito rotundo. Y aquí sí, por la buena relación entre director y productor.

Bluth convenció a Spielberg para que la película estuviera enmarcada en dos mundos: el humano y el oculto, integrado por los animales, siguiendo así la estela de Los Rescatadores.

También fue idea del realizador contratar a James Horner para componer la banda sonora. En un principio, se pensó en volver a contratar a Jerry Goldsmith, quien había compuesto la maravillosa partitura de Nimh, el mundo secreto de la Sra. Brisby; pero este estaba ocupado en otros proyectos, por lo que la labor musical recayó en Horner, quien llevó a cabo un trabajo simplemente maravilloso y aún hoy recordado.

Fievel y el nuevo, que costó nueve millones de dólares (22 millones de hoy), recaudó 85 millones de dólares en todo el mundo (208 millones de hoy), convirtiéndose en el filme animado no producido por Disney de más éxito de la historia hasta ese momento. De ahí a que Spielberg eligiera al pequeño ratón como la imagen del logo de Amblimation, la división animada de Amblin, hasta que esta desapareció en 1997.

Además, Fievel y el nuevo mundo adelantó en taquilla a Basil, el ratón superdetective, la propuesta de Disney de aquel año, que sumó 39.5 millones (95 millones de hoy).

La siguiente colaboración entre Spielberg y Bluth, En busca del valle encantado (1988), quizás sea tan lograda como la primera, pero el escrutinio de la labor del director por parte de sus productores (George Lucas se unió al proyecto) generó toda clase de enfrentamientos creativos: Spielberg y Lucas querían una cinta familiar, amable y comercial (aunque en un principio sugirieron que no tuviera diálogos…).

Bluth apostaba por un tono más tétrico (evidente en el dramático inicio del filme, cuando el dinosaurio protagonista Littlefood, pierde a su madre, en una clara referencia a Bambi que luego Disney aprovecharía en El rey león).

Al final, el metraje del filme, de unos 80 minutos, quedó reduido a 69 minutos, para desespero de Bluth, quien decidió no colaborar más con ninguno de los dos cineastas.

En busca del valle encantado tuvo un presupuesto de 12.8 millones de dólares (32 millones de hoy) e ingresó 85 millones de dólares en todo el mundo (208 millones de hoy).

Aunque su éxito comercial fue menor, con el tiempo se ha transformado en una franquicia multimillonaria para Universal, generando una colección más de una docena de secuelas, ocho video juegos y una serie de televisión, lo que ha representado unos ingresos de 1.400 millones de dólares.

Spielberg, Bluth y Lucas no trabajaron en ninguno de esos proyectos.

Como apunte dramático, la niña actriz que prestó su voz al personaje de Ducky, Judith Barsi, fue asesinada por su padre antes del estreno del filme: este también mató a la madre y luego se suicidó en el hogar familiar, al que instantes antes había prendido fuego.

En 1987, al tiempo que Steven Spielberg estrenaba El imperio del sol, Amblin producía también Nuestros maravillosos aliados (un episodio de Cuentos asombrosos que fue ampliado a película), Bigfoot y los Henderson y El chip prodigioso.

Nada que ver con Los Goonies, Regreso al futuro y Gremlins, aunque el director de esta, Joe Dante, también se hizo cargo de El chip prodigioso después de que a Robert Zemeckis y John Carpenter no les interesara este proyecto inspirado en el Viaje alucinante de Richard Fleischer.

Parecía como si el espíritu que generó producciones inolvidables estuviera más preocupado en diversificar sus ambiciones a parques de atracciones y producciones televisivas que en concentrar sus esfuerzos en el cine.

Spielberg supervisó el diseño de las atracciones E.T. Adventure y Back to the Future: The Ride en los parques de Universal (que debutaron en 1990 y 1991, respectivamente), y contrató a la ejecutiva de CBS Carole Kirschner para que liderara la división televisiva de Amblin, que por aquel entonces se preparaba para estrenar la exitosa serie animada Tiny Toon Adventures (XXXXXX).

En otras palabras: Steven Spielberg vivía su particular y peculiar etapa Walt Disney, aquella en la que el visionario fundador de los estudios Disney decididó en los años 50 ir más allá de la gran pantalla para crear Disneyland y entrar en los hogares de sus compatriotas con una variada oferta de producciones televisivas.

Claro que durante ese periodo, Disney produjo 20.000 legüas de viaje submarino, Peter Pan, La dama y el vagabundo y La bella durmiente, entre otras obras maestras, e inauguró un parque de atracciones que revolucionaría el mundo del entretenimiento familiar.

El chip prodigioso, filme culpable del matrimonio posterior entre Dennis Quaid y Meg Ryan, fue un fracaso estrepitoso (ingresó 56 millones de dólares de hoy, cuatro millones menos de los que costó). Quaid, por cierto, no fue la primera opción para el papel principal de sus responsables, quienes tentaron con el proyecto a Mel Gibson y Robin Williams, ni tampoco lo fue Ryan, para cuyo papel se tanteó el interés de, entre otras, Jodie Foster, Demi Moore y Michelle Pfeiffer.

Bigfoot y los Henderson (recaudación: 111 millones de hoy) y Nuestros maravillosos aliados (recaudación: 145 millones de hoy) funcionaron algo mejor, pero tampoco fue como para lanzar las campanas al vuelo.

La década de los 80, en cierta forma, la única década que cuenta de verdad como reino de la nostalgia de Amblin, culmina con otro filme de Steven Spielberg que cae en el olvido, a pesar de su indudable encanto (me refiero a Always. Para siempre, remake de Dos en el cielo), y producciones como Mi padre, un drama protagonizado por Jack Lemmon y Ted Danson, la muy simpática Aracnofobia, el debut de Frank Marshall como director (y probablemente su mejor filme) y las apuestas semiseguras de continuaciones de Regreso al futuro (con la segunda y tercera entregas rodadas al mismo tiempo) y Gremlins, que llegan a las salas también a comienzos de la nueva década.

Tales largometrajes, especialmente las secuelas, empezaron a mostrar las primeras grietas creativas y comerciales en Amblin.

En el caso de los filmes de Robert Zemeckis y Joe Dante, los realizadores que regresaron para las continuaciones de Regreso al futuro y Gremlins, existía una sensación de coleguismo autoreferencial que conectó con los fans más acérrimos de las sagas pero dejaron indiferente a la mayoría, especialmente en el caso de la cinta de Dante, que costó casi 50 millones de dólares (111 millones de hoy) y recaudó solo 41.5 millones (94 millones de hoy).

Regreso al futuro 2 fue un éxito comercial con unos ingresos de 332 millones de dólares (669 millones de hoy), mientras que la tercera parte amasó 244.5 millones de dólares (490 millones de hoy). Su presupuesto combinado fue de 80 millones de dólares (161 millones de hoy).

Pero justo antes de que estos filmes llegaran a las salas, otro marcó historia.

Me refiero a ¿Quién engañó a Roger Rabbit?.

En 1981, Ron W. Miller, presidente de Walt Disney Co. y marido de Dianne Disney Miller, hija de Walt, ordenó la adquisición de la novela Who Censored Roger Rabbit?, escrita por Gary K. Wolf y en la que se planteaba la posibilidad de un mundo en el que los personajes de cómic y cortos animados convivían con los humanos.

Al igual que El abismo negro o Tron, Miller vio en el libro una opción de ir más allá del cine infantil en el que estaba atrapado su estudio.

Poco después de su adquisición, Robert Zemeckis se mostró interesado en el filme, pero nadie en Disney consideró que sería capaz de salir airado de tan complicado rodaje (hasta ese momento, Zemeckis había dirigido solo Locos por ellos y Frenos rotos, coches locos que, como indiqué en la primera parte de este artículo, le produjo Spielberg antes de la existencia de Amblin).

El proyectó languideció unos años hasta que la nueva directiva de Disney, liderada por Michael Eisner y Jeffrey Katzenberg, lo resucitó como parte de su nuevo sello Touchstone Pictures.

Entra en escena Steven Spielberg, en quien Eisner y Katzenberg confían no solo para agarrar las riendas de la producción a través de Frank Marshall y Kathleen Kennedy, sino que es su arma secreta para obtener los derechos de los personajes animados clásicos de Warner Bros., estudio con el que aquel mantiene una extraordinaria relación.

Costó, pero Spielberg convence a Warner, aunque debe resignarse a conseguir los derechos de Popeye, Tom y Jerry, la Pequeña Lulu, Casper y los Terrytoons, propiedad de otras empresas, que se niegan a formar parte de la película más bien por razones financieras.

Por cierto, uno de los motivos por los que los dirigentes de Warner se mostraron reacios en firmar el acuerdo de coproducción fue que estos querían que el aspecto de sus personajes fuera el contemporáneo, no el clásico, algo a lo que Spielberg y Disney se oponían.

Tras ofrecerle el guion a Terry Gilliam, quien lo rechazó por pura “vagancia”, como reconoció años después, este regresa a Zemeckis.

La idea de Spielberg y Zemeckis fue darle el papel protagonista a Harrison Ford primero, Eddie Murphy después y, finalmente, Bill Murray. Pero Ford era demasiado caro, Murphy dijo no y a Murray no lograron localizarlo para ofrecérselo (¡!). Al final Eddie Valiant fue encarnado por Bob Hoskins.

El villano de la función, el Juez Doom, terminó en manos de Christopher Lloyd, aunque los nombres de Tim Curry y John Cleese fueron propuestos para el papel.

Como dato anecdótico citar la presencia del productor Joel Silver, propietario de Silver Pictures, dando vida al irascible director del corto protagonizado por Baby Herman al principio del filme: se trató de una broma de Spielberg y Zemeckis a Eisner. Este y Silver se habían discutido años atrás durante la etapa del primero en Paramount Pictures, tal y como expliqué en este artículo.

Mientras, Disney consideró que los 50 millones de presupuesto que pedía Amblin (111 millones de hoy) eran excesivos, y limitó la cifra en 30 millones de dólares (67 millones de hoy), aún así la más cara hasta ese momento para una cinta animada.

Terminaría costando casi 60 millones de dólares (134 millones de hoy), uno de los títulos más caros de la década de los 80.

De hecho, a mitad de la producción, Eisner, escandalizado por el desfase presupuestario, casi ordenó su paralización y cierre. Katzenberg fue quien lo convenció de que cambiara de opinión.

Por supuesto, la razón de este desfase fue el rodaje en Los Ángeles y la postproducción en Inglaterra: Spielberg y Zemeckis convencieron a Disney para que el animador Richard Williams fueron el responsable de toda la animación.

Pero Williams, reacio a que su labor fuera supervisada por un estudio, exigió que Disney creara unas oficinas cerca de su casa en las afueras de Londres, desplazando allá animadores (se contrataron un total de 326) y artistas de efectos visuales y especiales.

Fue Williams quien decidió revolucionar la animación del largometraje, combinada con humanos, al insertar sombras, sugerir que la cámara se moviera constantemente, y que los personajes animados interactuaran con los humanos agarrando objetos o tocándose mutuamente.

La labor de creación de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? fue mastodóntica: se crearon 82.080 hojas de animación o cells, para un total de un millón de dibujos, durante los 14 meses de postproducción (el rodaje requirió de cinco meses).

El sudor y las lágrimas necesarias para crear ¿Quién engañó a Roger Rabbit? dieron su resultado: recaudó 330 millones de dólares en todo el mundo (735 millones de hoy).

Fue el broche de oro con el que Amblin cerró la década de los 80.

Los cuatro primeros años de los 90 quedaron definidos por la marcha de Frank Marshall y Kathleen Kennedy, quienes en 1992 formaron la productora The Kennedy/Marshall Company, a través de la cual han producido ¡Viven! y Congo, dirigidas por Marshall, El sexto sentido, la franquicia de Jason Bourne, El curioso caso de Benjamin Button y Munich, Las aventuras de Tintín, Caballo de guerra, Lincoln y Mi amigo el gigante, todas ellas de Steven Spielberg (en 2012 Kennedy fue elegida por George Lucas para que dirigiera Lucasfilm después de venderla a Disney).

Spielberg elige a otro matrimonio para liderar Amblin, el formado por Walter Parkes y Laurie MacDonald.

Mientras, el cineasta trata de proseguir con el éxito de la división animada, tras la marcha de Don Bluth, adquiriendo los derechos de Cats, el musical de Andrew Lloyd Webber.

El proyecto queda en el limbo hasta el año pasado cuando, también a través de Amblin, co-produce el filme homónimo que… mejor dejémoslo estar.

Sí produce Fievel va al Oeste, Rex, un dinosaurio en Nueva York y Balto: La leyenda del perro esquimal, que esta vez son derrotadas por los filmes de la segunda era dorada de Disney.

En televisión, series como Fievel’s American Tails, Family Dog y, especialmente, Animaniacs y Pinky and the Brain consiguen el éxito popular que se le escapa en la gran pantalla.

Mientras, otras producciones televisivas en imagen real como Urgencias (que se extiende durante 15 temporadas triunfales y lanza la carrera de George Clooney) contrastan con carísimas ofertas como Las crónicas del joven Indiana Jones (una co-producción con George Lucas), Earth 2 y Seaquest 2032, que son ignoradas por las audiencias.

En cine la situación no es muy alentadora.

Salvo El cabo del miedo, remake de El cabo del terror (1962) que rueda Martin Scorsese (a quien Spielberg le cede las riendas porque no se creyó adecuado para el proyecto), el resto de propuestas de Amblin no generan entusiasmo alguno.

Así, El cabo del miedo recauda 182 millones de dólares (352 millones de hoy), pero Noises Off, Una mujer peligrosa, Un lugar muy lejano y la maravillosa Joe contra el volcán (y perdonen la abrupta opinión sobre la misma) quedan confinadas en la cárcel histórica del fracaso de taquilla, aunque el primero de los tres filmes protagonizados por Tom Hanks y Meg Ryan sumó 75 millones de dólares de hoy con un costo actualizado de 48 millones.

Por su parte, Hook, el capitán Garfio, que Spielberg rueda para Columbia Pictures, termina costando 70 millones de dólares (135 millones de hoy) y se ve envuelta en una notable controversia debido al enfrentamiento entre Julia Roberts y el director.

No obstante, recauda 301 millones de dólares (582 millones de hoy).

Se abre un paréntesis en 1993 que confirma a Steven Spielberg como el cineasta más popular, exitoso y aclamado del momento, gracias al combo de producciones Amblin, y estas sí distribuidas por Universal Pictures, Parque Jurásico y La lista de Schindler.

Las dos suman más de 2.400 millones de dólares de hoy en las taquillas de todo el mundo.

Un año después, Steven Spielberg se asocia con Jeffrey Katzenberg y David Geffen para presentar los planes de un nuevo estudio cinematográfico.

Hola, Dreamworks SKG.

Adiós, en cierta forma, Amblin Entertainment.

Mientras se prepara el estreno del primer filme de Dreamworks SKG, que resulta ser El pacificador, con George Clooney y Nicole Kidman (sí, El pacificador es la cinta que SKG usan para tratar de convencernos que tienen en manos un estudio de cine como los de antes), Amblin apuesta por toda clase de filmes con toda clase de resultados, mayoritariamente mediocres.

Los puentes de Madison, de Clint Eastwood (y no Bruce Beresford o Sydney Pollack como estaba previsto en un principio), que recauda 182 millones de dólares (315 millones de hoy), costando solo 22 millones de dólares (38 millones de hoy), es el título que más destaca por ser el mejor en todos los aspectos, por encima, obviamente, de Los Picapiedra (590 millones de dólares de recaudación en dinero de hoy según un presupuesto actualizado de 78 millones), Una pandilla de pillos y Pequeños gigantes.

Mención aparte merece Casper, de Brad Silberling (sustituyendo a Steve Barron, el de Las Tortugas Ninja de 1990 y Alex Proyas, que se marchó con el rodaje comenzado), y en la que un joven J.J. Abrams llevó a cabo una breve reescritura del guion, que supone un fugaz regreso al encanto Amblin de los filmes clásicos de los 80, entre otras razones, por esa partitura musical inolvidable de, nuevamente, James Horner.

Casper recauda 288 millones de dólares (498 millones de hoy) y genera secuelas que se olvidan del encanto de la original.

Mientras Spielberg sigue dirigiendo (Parque Jurásico: El mundo perdido, Amistad, Salvar al soldado Ryan, A.I. Inteligencia artificial) y Dreamworks sale del tropiezo de El pacificador gracias a American Beauty, Deep Impact y Gladiator (aunque después se tambalea otra vez gracias a Pequeños guerreros y Dentro de mis sueños), Amblin Entertainmente prosigue con su inconsciente práctica de una fría y otra de caliente…

Donde reside el amor, A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar y Los Picapiedra en Viva Rock Vegas se combinan con superproducciones (y éxitos de taquilla) como Twister, Hombres de negro y La máscara del Zorro.

Pero ninguno de estos largometrajes transfieren el espíritu Amblin.

Sí, en algunos casos son productos entretenidos… pero podrían haber sido producidos por cualquier otra compañía y lucirían igual.

No solo eso, nuestra memoria de los mismos no variaría.

Cuando hablamos de Regreso al futuro, nos referimos a una película Amblin. Cuando citamos a Hombres de negro, es una superproducción de Columbia Pictures.

Es una diferencia considerable de perspectiva y sentimiento. No se trata solo de mirar hacia atrás con nostalgia: se trata de ver los detalles que hicieron de esos títulos legendarios filmes que ahora añoramos.

Steven Spielberg, trató en 2008 de llevar al nuevo Dreamworks, el que se había separado de la división animada y el que había dejado de lado a David Geffen, hacia el universo Amblin.

Pero eran otros tiempos: Soy el número cuatro y Cowboys & Aliens surgieron de otro ambiente creativo, el de las cenizas desesperadas de Dreamworks, no el de la energía creativa de Amblin.

Los filmes familiares producidos por Amblin desde 2016 dentro de Amblin Partners, donde Participant se encarga de títulos de corte independiente y Dreamworks de producciones más caras, no han gozado de buena recepción, salvo Ready Player One (presupuesto: 160 millones de dólares; recaudación: 583 millones) y, en menor medida, Los archivos del Pentágono, ambas de Spielberg (presupuesto: 50 millones de dólares; recaudación: 180 millones)

¿Quién se acuerda de Mi amigo el gigante, Tu mejor amigo y Tu mejor amigo: Un nuevo viaje, La casa del reloj en la pared y Otra vuelta de tuerca?

Podría terminar este artículo con “caso cerrado” y dejar así sin salida cualquier opción de regreso al espíritu nostálgico de Amblin.

Pero sería injusto. Porque a Amblin Entertainment le debemos demasiado.

Su reinado fantástico, entusiasta y nostálgico sigue con nosotros.

Y eso es algo que Dreamworks nunca podrá robarnos.

©Josep Parera Jorba

#amblin #amblinentertainment #stevenspielberg

Amblin Entertainment: El reino de la nostalgia | Primera Parte

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