Babilonia: Los Landis – De tal palo… peor astilla
  • Josep Parera

Babilonia: Los Landis – De tal palo… peor astilla

Actualizado: may 17

Coincidiendo con la publicación ayer de la primera parte dedicada a Amblin Entertainment, El reinado de la nostalgia (la segunda la tienes aquí), un lector en Twitter nos comentó que estaría interesante hablar de John Landis, con motivo del accidente que provocó la muerte de Vic Morrow y dos niños durante el rodaje de En los límites de la realidad, y de su hijo Max, quien hace casi un año fue acusado por ocho mujeres de abuso sexual y sicológico. Pues aquí está la historia: De tal palo… peor astilla.

JOHN LANDIS durante el rodaje de THRILLER/Sony

El pasado 26 de febrero, el director Scott Derrickson (Doctor Strange) colgó esto en su cuenta de Twitter: “Si alguien busca un asesor en guiones que es un guionista plagiador vilipendiado y un violador/depredador psicótico y sexual, Max Landis vuelve a estar en las redes y listo para hacer negocio en Instagram”.

Si te preguntas a qué se debe ese amor entre el director de Sinister y el hijo de John Landis, quizás es un buen momento de repasar la historia de los dos Landis.

Tal y como detallaba ayer en Amblin Entertainment: El reino de la nostalgia | Primera parte, la carrera de John Landis se vio afectada considerablemente debido al accidente que tuvo lugar mientras rodó En los límites de la realidad.

Durante la filmación de una escena ambientada en Vietnam y que se rodó en el sur de California, un helicóptero perdió el control después de que una explosiones excesivas y desacontroladas golpearan el motor.

La caída del aparato provocó la muerte de Vic Morrow, padre de la actriz Jennifer Jason Leigh, y de dos niños actores vietnamitas, Renee Shinn Chen, de seis años, y Myca Dinh Le, de siete años (el actor y uno de los pequeños fue decapitado; el otro niño quedó aplastado por el helicóptero, todo ello frente la mirada de sus padres y el equipo).

La escena fue terrorífica, como se puede ver en este video, que requiere de una advertencia por su crudeza:

La investigación posterior demostró tres cosas: primero, que Landis y los productores del filme, entre ellos George Folsey, socio de aquel, habían cometido una serie de irregularidades como, por ejemplo, permitir que dos menores de edad estuvieran trabajando pasada la medianoche (algo que lograron al no firmar contratos laborales con sus padres, quienes fueron pagados en negro); segundo, que el director forzó a los cámaras, técnicos en efectos especiales y piloto a ir más allá de lo que era seguro para todo el mundo; y tercero, que John Landis es un ser repugnante (y esto lo añado yo y todo aquel que tenga un mínimo de sentido común).

Por supuesto, el caso terminó en los tribunales: Landis, junto a dos de los productores, así como el piloto y otros miembros encargados de los principales elementos que formaban parte de la secuencia, terminaron siendo acusados de homicidio involuntario.

La fiscal a cargo de la acusación, en un interés por acaparar protagonismo en lugar de asegurarse una sentencia en contra de los demandados, no presentó una acusación por violación de leyes laborales, a pesar de tener pruebas irrefutables.

Un testigo en el juicio recordó que al preguntar a Folsey qué pasaría si el estudio o las autoridades supieran que tenían a dos niños trabajando ilegalmente, este le respondió: “Oh, una reprimenda y una pequeña multa, nada más. Pero si se enteran que tenemos explosivos, meterán mi culo en la cárcel”.

La sentencia absolvió a los acusados y como no habían más acusaciones, nadie fue condenado por ningún crimen, aunque las familias de las víctimas si lograron conciliar una demanda civil por la que recibieron una considerable (y merecida) cantidad de dinero por parte del estudio productor de la cinta, Warner Bros., que también se vio obligado a pagar todas las facturas de abogados de todos los absueltos (una cantidad que superaba los cuatro millones de dólares de la época).

Un miembro del jurado afirmó: “La absolución de Landis no significa que no fuera culpable, sino que la fiscalía fue incapaz de generar suficientes pruebas en su contra”.

En el libro Outrageous Conduct se detalla el caso con notable acierto, y es un retrato absolutamente certero y dañino de quién es realmente John Landis.

En ningún momento antes, durante o años después del terrible accidente, el realizador se ha disculpado, reconocido haber tenido responsabilidad alguna en el hecho o mostrado interés por los supervivientes de las víctimas.

Más bien al contrario: cuando estrenó El príncipe de Zamunda después del juicio, invitó a los miembros del jurado que lo absolvieron a un pase de la película, como “agradecimiento”; y a un año de su absolución organizó una fiesta en un hotel de Beverly Hills para “celebrarlo”.

El piloto del helicóptero, Dorcey Wingo, fue otro de los acusados de homicidio involuntario y, al igual que los especialistas en explosivos y efectos visuales, los culpables, según Landis, del accidente.

Stephen Lydecker, operador de cámara que atacó en una rueda de prensa a Landis, dejó de recibir ofertas de trabajo, a pesar de 26 años de experiencia (este recordó en su cita con la prensa que Landis, durante el peligroso descenso del helicóptero que se estrelló, le gritaba al piloto: “¡Más bajo! ¡Más bajo!”).

Otro operador de cámara, Randall Robinson, nunca superó el percance y fue diagnosticado con síndrome de estrés postraumático.

Un tercer operador de cámara de la secuencia, Roger Smith, detalló al Chicago Tribune que en el funeral de Vic Morrow, Landis no mostró emoción alguna y se atrevió a alabar la película que había causado la muerte del actor.

“La tragedia puede golpear en cualquier instante, pero el cine es inmortal. Vic vive para siempre. Justo antes de la última toma, Vic me agradeció la oportunidad que le había dado de actuar en este filme”, dijo el egocéntrico realizador.

Pero a diferencia del firmante de Un hombre lobo americano en Londres, todos estos supervivientes del caso Landis no eran un director de cine famoso con amigos destacados en la industria.

Tras el juicio, Landis estrenó El príncipe de Zamunda, que recaudó 288 millones de dólares en todo el mundo (641 millones de hoy), se compró una mansión valorada en aquella época en tres millones de dólares (7 millones de hoy), siguió cobrando su sueldo millonario y exigiendo montaje final en sus filmes (y los estudios se lo aceptaron, teniendo en cuenta el mediocre director que siempre ha sido, salvo contadas excepciones) y prosiguió trabajando en filmes como Oscar, con Sylvester Stallone, Sangre fresca, Blues Brothers 2000 (El ritmo continúa) y Superdetective en Hollywood 3, que lo volvió a reunir con Eddie Murphy, actor con el que había trabajado en Entre pillos anda el juego y la citada El Príncipe de Zamunda (la secuela, Coming 2 America, que en principio se estrenará estas Navidades, no cuenta con Landis en ninguna faceta).

Miembros de la industria como el productor David Puttnam (Los gritos del silencio), el cineasta Richard Brooks (La gata sobre el tejado de zinc), amigo personal de Morrow y quien lideró un cambio en las reglas sobre seguridad en los rodajes, y el guionista Steve Shagan (Salvad al tigre) expresaron su desánimo ante la política de puertas abiertas que los estudios mantuvieron con Landis.

Shagan afirmó al diario Chicago Tribune que en Hollywood, “si el nazi Adolf Eichmann llega a la puerta de un estudio con un buen guión que quiere protagonizar Robert Redford, estoy seguro que le envían un Mercedes para recogerlo y le ofrecen seis millones de dólares para comprarlo”.

La reunión del realizador con Murphy en la tercera parte de Superdetective en Hollywood provocó sorpresa en círculos de Hollywood.

Se estrenó en 1994, cuatro años después de que el actor fuera entrevistado por Playboy y detallara el por qué ya no era amigo de Landis (otra amistad que terminó debido al accidente durante la filmación de En los límites de la realidad fue la de este y el productor ejecutivo del filme, Steven Spielberg, quien no tardó en desmarcarse del caso culpando a Landis de todos los errores cometidos en el rodaje de la secuencia: el libro Outrageous Conduct tampoco deja muy bien al autor de E.T.).

En la entrevista, de lo más suculenta, Murphy detalló que fue gracias a él que Landis fue contratado por Paramount Pictures para dirigir El príncipe de Zamunda. “Lo quise ayudar porque su carrera estaba bien jodida” tras el accidente. Pero “resulta que John estaba resentido porque yo nunca fui al juicio”.

La estrella de Shrek añadió al respecto que “no voy a decir quién fue culpable y quién fue inocente. Pero si estás dirigiendo una película y tienes a dos niños que terminan con sus cabezas decapitadas a las doce de la noche cuando en teoría la ley no permite tener a niños trabajando y tú gritas ‘¡acción!’, algo de culpa sí tienes. Mis principios me impideron ir al juzgado. No quise mostrar mi apoyo”.

Landis se paseó durante toda la producción de El príncipe de Zamunda como si fuera un dios. “Llegó exigiendo demasiado dinero, pero fui yo quien obligó (a Paramount) a que le pagaran lo que pedía”, expresó Murphy. “Pero con el contrato trajo una actitud negativa, como diciendo, ‘¡Yo soy el director!’ y gilipolleces como esa. Y pensé: ‘Yo fui el que te contrató, cabrón, ¿y ahora te paseas diciendo que eres el jefe?’.”

La tensión culminó en una pelea entre ambos que casi termina en enfrentamiento físico, algo de lo que el actor se arrepiente que no sucediera. Si se hubieran peleado, “le hubiera partido la cara, él hubiera terminado en el hospital, casi lo habría matado”, dijo Murphy.

Tras el cara a cara frente a los miembros del equipo de la película, Landis fue al tráiler de Murphy. “Se puso a dar un gran discurso”, relató este. “Su voz temblaba. Y salió a relucir todo: que yo no tenía talento, que la única razón por la que aceptó El príncipe de Zamunda fue por dinero y que no me respetaba porque no había ido al juicio. Un montón de mierda. Me llamó ignorante y gilipollas”.

Desde mediados de los 90, Landis ha mantenido un perfil bajo, dirigiendo filmes olvidados y poniéndose detrás de la cámara ocasionalmente para firmar episodios de series de televisión como Sigue soñando y Psych.

Según imdb.com, su último crédito como director es un episodio de Franklin & Bash en 2012.

Precisamente ese es el año en que su hijo Max Landis fue lanzado al estrellato… provisional, gracias al guion de Chronicle, película fantástica de Josh Trank que contó con un presupuesto de 12 millones de dólares y recaudó en todo el mundo 127 millones.

Con anterioridad, Landis hijo había escrito un episodio de la serie Masters of Horror que había dirigido su papá. Nepotismo en estado puro.

Desde entonces y hasta junio del año pasado, la fama de Max Landis era conocida en círculos internos de la industria, más o menos como la de Harvey Weinstein (las de Kevin Spacey, John Lasseter o Bryan Singer las conocían hasta las monjas del Real Monasterio de Santa María de la Caridad de Tulebras en Navarra; y si no me creen, llámenlas y verán).

Pero Landis siguió vendiendo guiones: American Ultra, Mr. Right y Victor Frankenstein se estrenaron, aunque con más pena que gloria.

Su único filme con cierto éxito fue Bright, con Will Smith, una producción Netflix.

También dirigió un video musical para Ariana Grande y el largometraje Me Him Her, que fue un fracaso total.

En 2019 pareció que la suerte lo acompañaría: el guion del filme de terror Deeper que MGM le había comprado en 2016 se ponía en producción, con Idris Elba (Luther) de protagonista y Baltasar Kormakur (Everest) tras las cámaras.

Pero en junio de ese año se publicó un artículo en Daily Beast con este titular: “Ocho mujeres acusan al cineasta de Hollywood Max Landis de abuso emocional y sexual: ‘Para él no somos gente’”.

Los productores de Deeper cancelaron la producción al instante.

Josh Trank colgó en Twitter: “Me creo un cien por ciento todo lo que se dice en el artículo sobre Max. Cuando rodé Chronicle le prohibí que estuviera en la filmación. No he hablado con él desde 2012. Leer acerca del terror que ha causado en tantas mujeres, me revuelve el estómago”.

Y el pasado febrero Scott Derrickson reaccionó como indico al comienzo de esta historia cuando Landis hijo trató de resucitar de las cenizas de las acusaciones con un anuncio en Instagram ofreciendo sus servicios como asesor para guionistas (los comentarios en ambos hilos y en ambas redes sociales no tienen desperdicio).

¿Cuáles fueron las acusaciones de esas ocho mujeres, aunque se comenta en el artículo que las víctimas superan las docenas?

Sin citar nombres (en Daily Beast se dan algunos y otros se cambian), estas son algunas de ellas:

  • “No sabía que estaba siendo violada deliberada y consistentemente por este hombre durante los dos años que lo conocí, y no me di cuenta de ello hasta que lo puse todo por escrito”.

  • Landis formó un grupo, llamado la Sociedad del Color, que muchas de las mujeres que formaron parte de él definieron como un culto a la personalidad del guionista. Si lograbas entrar en él, formabas parte de una vida de fiesta constante, sin límite o límites.

  • “Trató sistemáticamente de mantener relaciones sexuales con todas las mujeres que se le cruzaban por el camino. Para él no somos personas”.

  • “Solía pretender que me iba a golpear y al ver mi reacción, asustada, se reía. Siempre me amenazaba con romper la relación y solía flirtear con otras chicas cuando estaba con él. Les decía que yo era su ex, criticaba mi cuerpo en público, me decía que sería mucho más atractiva si hiciera gimnasia y perdía peso. Y comparaba nuestras relaciones sexuales con las que había mantenido con sus exparejas, en frente mío y de sus amigos”.

  • “La violencia sexual formó parte de la relación desde el principio. Me solía enseñar películas pornográficas de humillación y abuso para ver dónde estaban mis límites: con el paso del tiempo, el sexo se convirtió en la única forma de conectar con él emocionalmente. Con ello, permití que el abuso siguiera. Me decía que verme llorar lo ponía caliente, por lo que terminó siendo rutina el gritarme, humillarme y hacerme llorar. Aprovechaba que lloraba para mantener relaciones sexuales. Instigaba peleas para hacerme llorar con el fin de mantener relaciones. Me asfixiaba hasta que me desmayaba, y llevó a cabo actos de humillación y degradación que aún hoy me niego a detallar”.

  • "Me violó mientras me impedía moverme, incluso cuando decía ‘no, no, no’. Tanto le daba”.

  • “Max Landis es un violador en serie, abusador físico y psicológico, que me atormentó durante seis años, durante y después de nuestra relación”.

  • “En una ocasión, trató de estrangularme y decía que quería matarme. Cuando se arrepentía de lo que hacía, me pedía que dijera que no era un monstruo. Me dio pena que estuviera tan enfermo”.

  • En 2008 fue demandado por asalto sexual en Miami, pero el caso no llegó a juicio porque la víctima retiró la demanda. Esta comentó a Daily Beast que el abogado de Landis la amenazó con arruinar su reputación si llegaban a juicio. La mujer, cuya violación mientras estaba semi inconsciente fue presenciada por una amiga suya, explicó que Landis probablemente la drogó mientras estaban de fiesta y la penetró mientras yacía en un sofá (es así como fue descubierto por la conocida de la mujer).

Como pueden apreciar, y como apunto en el titular, de tal palo… peor astilla.

La historia de los Landis parece que aún no conoce fin. Queda un último capítulo por escribir.

Solo cabe esperar que sea el de su extinción.

#johnlandis #maxlandis #enloslimitesdelarealidad #vicmorrow

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