¿Cuál es el futuro del cine?
  • Josep Parera

¿Cuál es el futuro del cine?

Empiezo a escribir este artículo sin una idea clara de hacia dónde quiero ir con este titular. De hecho, "¿Cuál es el futuro del cine?" es lo único que tengo entre manos, y veremos a dónde me lleva. Lo único que sé, y esto es cierto, es que surge de mi repaso diario a la actualidad cinematográfica que, estos últimos días, solo se podría definir como deprimente.

/Wix

Dentro de un año, ¿miraremos a 2020 como una rareza, como un paréntesis, o como un punto y a parte dramático en la industria del cine, como el inicio de una era donde solo reinarán las dudas e incertidumbres?

No continúes leyendo si quieres una respuesta clara y concisa.

Y si alguien por ahí está escribiendo artículos con una opinión certera de lo que va a pasar, miente.

Los estudios, en estos momentos, están en estado de alarma.

Las películas en preproducción o producción están sufriendo retrasos considerables, alterando planes generales cuyas secuelas puede que duren años.

Los filmes en postproducción parece que están avanzando, aunque veremos si el trabajar desde casa ha afectado de alguna forma el resultado visual y sonoro de las películas.

Las compañías de producción televisiva no están en mejor situación.

¿Qué decir de los estrenos? Ninguno de los grandes tiene su fecha de distribución esculpida en una piedra.

Las plataformas, que podrían ser las únicas opciones industriales solventes en este panorama, pronto se toparán con que forman parte intrínseca de, precisamente, la industria.

Ellas no son algo aparte, que funcionan desde una situación privilegiada: dependen del movimiento orgánico de la misma, de que los estudios generen producto, de que este llegue a las pantallas, de que las campañas de promoción lo den a conocer y de que sea visto.

Esta es una de esas ocasiones en las que esa expresión española de "cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar" debería tenerse en cuenta por parte de sus ejecutivos, accionistas y creativos, porque cualquier situación de prepotencia comercial o artística terminará volviéndose en su contra.

Sigo con el mundo de la exhibición, que está sufriendo una de las crisis más duras en su historia.

De hecho la más dura.

La gran crisis de 1928 ayudó al cine, vía de escape de una sociedad hundida moral y económicamente.

Lo mismo con la Segunda Guerra Mundial: las pantallas, y especialmente el cine de Hollywood, fueron el refugio de la derrota humana que produjo la contienda.

La implantación masiva de la televisión a finales de 1940, la revolución social de la década de 1960, el advenimiento del VHS a principios de 1980 y otros acontecimientos históricos de relevancia para el mundo de la exhibición, llegaron anunciados o, al menos, dieron tiempo a plantear opciones de supervivencia para el negocio.

La crisis del COVID-19 llegó de repente y, aún peor, nadie supo (sabe) qué hacer con ella, hasta que fue demasiado tarde.

Medios de comunicación centrados en el mundo del entretenimiento, como revistas, websites o secciones de espectáculos en compañías de contenido general, han tenido que adaptarse a las circunstancias de un campo donde se ha pasado de la constante generación de información al exprimir hasta la extenuación noticias que hace solo unos meses hubieran sido barridas hacia fuera en cuestión de minutos.

Esta mañana me disponía a escribir un par de historias para Imágenes Online y, tras un repaso de noticias, leer tuits y escribir a un par de amigos en Los Ángeles, lo único que tenía entre manos era hablar de la retirada de un episodio de Las chicas de oro (The Golden Girls) y de no sé qué película o documental que Disney+ se ha sacado de la manga con Beyoncé haciendo a saber qué.

Lo he dejado.

Por primera vez en semanas, meses y, de hecho, años de seguir la actualidad cinematográfica, esta empieza a aburrirme, porque es irrelevante, no tiene nada qué ofrecer y, lo que es peor, está perdida, como un ciervo paralizado por las luces de un auto.

Y me pregunto si tiene que ver con la crisis (por su puesto que sí), pero también con el enfoque que los medios estamos dando a las noticias, cómo las reducimos a lo básico, como no se profundizan por vagancia, como no se analizan por carencia de conocimientos y como no se polemizan por miedo.

Extrapolo esta teoría sobre los medios a los exhibidores, directivos y creativos: ¿estamos dónde estamos porque el riesgo ha sido reducido a la mínima expresión, porque ya no hay una auténtica revolución artística y porque la innovación es simplemente un aspecto técnico de todo el proceso productivo?

Te recuerdo que al principio escribí que no tenía una idea clara de hacia dónde quería ir con el titular... ¿se nota, verdad?

En fin, que todo el listado de penas con las que he iniciado esta columna no son, en realidad, penas, sino puntos de partida.

Dejemos atrás el pesimismo, el negativismo, el lloriqueo y la dependencia (¿dependencia en qué, te preguntarás? Pues en esos medios que insisten en una segunda ola, en esos gobiernos que bajo el manto de la protección solo aceptan tu sumisión, en esas tradiciones que nos anclan en lo convencional y en esas costumbres que limitan nuestra teórica felicidad en las cuatro paredes de un hogar donde nunca pasa nada extraordinario y donde el riesgo y la disidencia son vistas como una traición a lo establecido).

La única forma para que dentro de un año miremos a este 2020 y lo observemos como un paréntesis que generó un punto y aparte para contemplar aquello que nos rodea con optimismo, dejando de lado el obstruccionismo y la envidia, la auto-flagelación y la mediocridad, es aceptando que, desde hoy mismo, solo podemor mejorar.

Hay que llenar los cines, hay que comprar blurays y libros, hay que sumarse a las ofertas de las plataformas, hay que trabajar sin miedo rodando más, escribiendo más, componiendo más, produciendo más.

Sin parar.

Y hay que hacerlo todo desde la originalidad, desde el desafío y desde la iniciativa propia.

No esperemos a que nos digan "adelante".

Demos nosotros el primer paso.

Es más que probable que estos 6.475 caracteres te parezcan ser la nada más absoluta y casi son toda seguridad pienses que han sido una pérdida de tu tiempo y el espacio de Imágenes Online.

Pero, dentro de un año, si esta web sigue activa, pienso releerme esto.

Y solo depende de nosotros que no estemos en el mismo lugar y que, al repasar las noticias matutinas, haya de qué hablar, analizar y comentar.

Porque de lo contrario, te prometo que voy a aburrirte con otros 6.475 caracteres sobre la nada más absoluta.

#boulevard

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