40 de 'El resplandor': La 'ola' que aterrorizó al mundo
  • Angel Sala

40 de 'El resplandor': La 'ola' que aterrorizó al mundo

"La ola de terror que arrasó América". Con ese extraño 'tagline' se vendió en Europa El resplandor (The Shining), la película de terror de Stanley Kubrick basada en la novela de Stephen King del mismo título cuyo estreno norteamericano acaba de cumplir cuarenta años. Quizá es un momento adecuado para reflexionar más que de su denso, complejo e inacabable contenido y sus indudables valores cinematográficos, del peculiar itinerario que la película ha tenido hasta alcanzar su estatus actual, considerada mayoritariamente como una obra mayor de su realizador y una de las películas del género de terror más famosas y aclamadas.

EL RESPLANDOR/Warner

Toda película de Kubrick ha tenido una reacción extraña o polémica en su momento del estreno.

Pensemos especialmente en la división inicial de la crítica respecto a 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) o las enormes controversias en torno a Lolita (1962) o La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971); o incluso el frío recibimiento a Barry Lyndon (1975).

El resplandor no fue una excepción, siendo en cierta manera ninguneada por la crítica en el momento de su estreno, en ocasiones de forma bastante poco respetuosa (y equivocada) por críticos del (exagerado) prestigio de Pauline Kael, que en su (flojísima) crítica utilizó la frase que el personaje de Jack Torrance (Jack Nicholson) escribía repetidamente en su máquina de escribir de forma irónica al decir "All work and no play makes Stanley a dull boy, too" ("Solo trabajo y la ausencia de juego hacen de Stanley un chico aburrido"), mientras que Variety afirmó que "Kubrick ha formado equipo con un saltarín Jack Nicholson para destruir todo aquello que tanto miedo daba en el best-seller de Stephen King", es decir, la opinión del típico crítico que afirma ser también voraz lector y estar al dia de todos los best-sellers que se llevan al cine.

Hay que tener en cuenta que en ese momento el género de terror no gozaba del prestigio crítico actual o, mejor dicho, el género de terror soportaba aún una especie de cruzada de la crítica en su contra al estar sugestionada por conceptos tópicos y sectarios, como la estigmatización de la serie B, el gore o la violencia.

Poco habían servido los éxitos masivos y cierta bendición crítica de películas como El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973), Tiburón (Jaws, Steve Spielberg, 1975) o Carrie (Brian De Palma, 1976) cuyos autores renagaban en ocasiones que les etiquetaran como directores propios del cine de terror (como ocurría con De Palma), mientras por parte de la crítica se evitaba calificar como películas de terror a estos grandes éxitos comerciales, como es, sobre todo, el caso de Tiburón, que para muchos, como Roger Ebert, era una "película de aventuras".

Curiosamente Kubrick, a la hora de anunciar su nuevo proyecto después de Barry Lyndon dejó muy claro que quería hacer la película de horror definitiva, arriesgándose a entrar en ese terreno poco confortable abonado por la proliferación de películas algo clónicas de terror que seguían a modelos exitosos, sobre todo entre el público más adolescente, como la vigencia del slasher a consecuencia del éxito de La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978) o la (injustificada) mala fama que ciertas películas molestas habían dado al género a causa de impactos negativos en las mentes bienpensantes de títulos como La última casa a la izquierda (Last House on the Left, Wes Craven, 1972), La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hooper, 1974) o Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, Wes Craven, 1976).

Por otra parte, Stephen King era considerado un exitoso pero no excesivamente prestigioso escritor de novelas de terror, alejado del culteranismo de otros textos base que Kubrick había elegido en películas anteriores como Nabokov, Arthur C. Clarke, Burguess o Tackeray, lo que puso un muro frontal entre la película y cierta crítica altiva y clasista.

Lo que resultó curioso fue que, pese al éxito comercial de El resplandor, los públicos de la época estuvieron muy alejeados del entusiasmo en torno a la película.

Por una parte, el público más de nicho, propio a ver todo el cine de terror de la cartelera, consideró a la película de Kubrick excesivamente larga (la versión estrenada en USA duraba 142 minutos y 114 la distribuida en el resto del mundo) y con un ritmo muy lento, además de no tener excesivos sobresaltos (el jumping scare se había ya impuesto en el terror de la época) ni mucha sangre o asesinatos, salvo la famosa inundación de hemoglobina del ascensor.

En aquellos momentos triunfaban películas muy directas como la citada La noche de Halloween, con adolescentes acosados por un psicópata enmascarado, Terror en Amityville (The Amityville Horror, Stuart Rosemberg, 1979), curiosamente con paralelismos temáticos con la película de Kubrick, pero más claramente un filme de casa encantada y demonios malignos o ¡Aullidos! (The Howling, Joe Dante, 1980), revisión de un tema clásico como la licantropia.

Además, la moda slasher derivaría ese año en un modelo que se clonaría sin fin durante gran parte de los años 80 a consecuencia del éxito de Viernes, 13 (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980).

Otro dato en los espectadores más proclives al género es que dado el éxito de la novela de King, ya en la época muchos consideraron que Kubrick había traicionado el espíritu del escritor de Maine, considerando a la película una fallida adaptación del libro.

Por su parte. los que iban buscando una "película de Kubrick", tras títulos como La naranja mecánica o Barry Lyndon, no acabaron de entrar en una historia para muchos de ellos truculenta y poco creible.

Pese a todo, hubo espectadores y críticos que, ya en 1980, apreciaron las bondades de El resplandor y compararon a la película con 2001: Una odisea del espacio (que en 1978 había recibido una reposición de gran éxito) en el sentido de su importancia para el género de terror, en un sentido parecido al que la odisea espacial de Kubrick lo había tenido para la ciencia-ficción.

Por ejemplo, Michael Ciment, crítico de Cahiers du Cinema y estudioso de la obra de Kubrick, siempre ha afirmado que ambas películas están íntimimamente conectadas tanto en estructura como formalmente.

Es curioso que El resplandor también ha seguido esa progresión en su consideración de obra mayor del cineasta, sobre todo conforme avanzaba el cambio de cierta crítica hacia el género de terror en su conjunto y, especialmente, tras la muerte de Kubrick.

Un primer cambio se produjo ante la difusión gracias al DVD y después a algunos festivales de cine y filmotecas de la versión estrenada en Estados Unidos de la película de 142 minutos que fue percibida como más completa y que daba más claves a la hora de interpretar el imaginario de Kubrick aislado de la propia consideración de la novela de King.

Y es que ese enfrantamiento entre las visiones del realizador del escritor, lastró durante muchos años la propia consideración del filme, algo que quizá empezó a cambiar tras el estreno de la miniserie televisiva basada en la novela que Mick Garris dirigió en 1997, muchísimo más fiel al texto de King.

Sin desmercer el esfuerzo de Garris, amigo personal del novelista y un eficiente realizador de este tipo de productos, las comparaciones entre ambas versiones dieron a la larga como clara vencedora a la obra de Kubrick que, también, se vió beneficada por la sofisticación del género a partir de los años 2000, además de una mitificación de Kubrick tras su muerte, a través de estudios, retrospectivas, exposiciones y una labor de difusión perfectamente orquestada por su cuñado y productor ejecutivo Jan Harlan, así como por su hijastra Katharina Kubrick.

No fue ajeno a ello el estreno en la Quincena de Realizadores de Cannes 2012 del documental Room 237 de Rodney Ascher, no del todo aceptado por la familia del realizador, pero que disparó la fascinación por una película que, poco a poco, además de prestigio general y de los fans (desde ese momento aparece siempre entre las mejores películas de terror de la historia, cuando no como la mejor) disparó sus efectos pop con creación incluso de merchandising (la famosa alfombra del hotel), y referencias en toda clase de programas, series o shows (sobre todo en Los Simpsons), algo que explotó en 2018 con el estreno de Ready Player One de Steven Spielberg y su recreación de una escena completa en clave de juego virtual en el Overlook Hotel.

Spielberg, admirador y amigo personal de Kubrick y su familia, ya ha había realizado un guiño a El resplandor en su exitosa Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993) en el momento en el que los niños se escondían de un velociraptor en la cocina de la misma manera que lo hacia Danny Torrance de su padre en el clímax final de la película de Kubrick.

Todo este reconocimiento a la película coincide con la propia consideración de la misma como la obra más referencial de Kubrick, con guiños a Sjöström (la famosa escena de la puerta y el hacha de La carreta fantasma/Körkalen, 1921), Bergman (especialmente El silencio/Tystnaden, 1963) o Clouzot (esas bañeras de Las diabólicas/Diabolique, 1955), asi como a las geografias visuales laberínticas de Resnais en El año pasado en Marienbad (L'annèe dernière a Marienbad, 1961) o a la obra fotográfica de Diane Arbus y muchas más referencias recogidas en estupendos estudios en torno a la película de Kubrick.

Incluso una de esas películas de horror de los 70 poco apreciadas (pero notables) como La centinela (The Sentinel, Michael Winner,1977) se podría considerar que precedía a El resplandor en ciertas imágenes de apariciones que sufre la protagonista, algunas incluso en situaciones algo perversas como las que percibe Wendy Torrance en ciertas habitaciones del Overlook.

Al mismo tiempo la sinfonia de horror de Kubrick se ha convertido en una de las obras de horror más influyentes y citadas de la historia del género, sobre todo ciertas secuencias como la de la puerta destrozada a hachazos, reproducida en multitud de filmes posteriores como Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, Zack Snyder, 2003) o A l'intèrieur (Alexander Bustillo y Julien Maury, 2007), el citado guiño de Spielberg en Parque Jurásico, las imágenes de cadáveres surgiendo de bañeras desbordadas en Next of Kin (Tony Williams, 1982), una notable película de horror australiana hoy de culto, o la idea laberíntica y de deriva a la locura adaptada a una nave espacial en Horizonte final (Event Horizon, Paul W. Anderson, 1997).

También su gestación del horror en espacios con luz (aunque sea artificial) ha influido en la tendencia de cierto nuevo cine de terror de huir de las tópicas sombras, como es el caso de la polémica Midsommer (Ari Aster, 2019).

Otro elemento esencial fue la publicación en 2013 de Doctor Sueño, una novela de Stephen King que seguía el universo de El resplandor a través del personaje de Danny Torrance.

Aunque Warner Bros. se hizo con los derechos de adaptación, siempre se encontró con el problema del rechazo del escritor sobre la película de Kubrick, por lo que una versión cinematográfica de la novela debería evitar referencias a la misma, algo complicado para la major pues ya en esta última década El resplandor, versión Kubrick, era una película de gran fama y prestigio, con trascendencia pop, y que podría ayudar a que una continuación de la misma funcionara en taquilla, más aún en plena moda de las secuelas nostálgicas a grandes éxitos de los años 80.

Por ello, Warner encomendó a Mike Flanagan, un entusiasta tanto de King como de Kubrick, la labor de llevar a la pantalla Doctor Sueño (Doctor Sleep, 2019) conciliando las posturas del propio King y de la familia Kubrick, ya que la parte de la novela que se desarrolla en el Hotel Overlook debería de tener el look visual visto en la versión de Kubrick.

Asi, Flanagan consiguió el beneplácito de la familia Kubrick para reproducir visualmente el look del Overlook del filme de 1980, asi como reproducir sonidos y música incluida en aquella producción.

El resultado es brillante, posiblemente la mejor película de terror de 2019, aunque una campaña algo balbuceante, una excesiva duración y unas tibias críticas no ayudaron al éxito comercial de la empresa.

De todos modos, Doctor Sueño (sobre todo en su versión íntegra) seguro tendrá, como su predecesora, una urgente reivindicación que alargará la vigencia del mito de la novela de King y la película de Kubrick en sociedad de mutuo interés.

#stanleykubrick #elresplandor #stephenking #zonasinlimites

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