'La línea invisible': ETA, el origen
  • Tonio L. Alarcón

'La línea invisible': ETA, el origen

Actualizado: mar 26

La apuesta de Movistar+ por la producción autóctona da como fruto un nuevo trabajo de Mariano Barroso, La línea invisible, que ahonda en los orígenes de la organización ETA antes de entregarse al asesinato. Su reparto conjuga nombres ascendentes como Àlex Monner, Enric Auquer o Anna Castillo con veteranos como Antonio de la Torre o Ramón Barea.

LA LÍNEA INVISIBLE/Movistar

Hace un par de años, el historiador Santiago de Pablo lanzó un ensayo, Creadores de sombras. ETA y el nacionalismo a través del cine, en el que sacaba a la luz que, a pesar de que a nivel popular suele pensarse lo contrario, el cine español le ha dedicado más atención a la banda terrorista… Eso sí, en su mayor parte, desde el documental. Aun así, películas más o menos contemporáneas como Negociador, Fuego, Lejos del mar o Cuando dejes de quererme han ido abriendo camino, desvelando cierto interés por parte de los cineastas patrios –no tanto por parte del público, quizás todavía algo reacio– a explorar una parte de la historia del país que explica mucho de nuestra realidad actual.

Quizás por eso a Abel García Roure le ha costado casi un lustro que cuajara, pese al apoyo del productor Domingo Corral, su idea de describir los orígenes de ETA, y su salto a la lucha armada, que desarrolló como La línea invisible mano a mano junto al guionista Michel Gaztambide. Fue la llegada de Mariano Barroso como director la que logró desbloquear el proyecto, pues junto a su coguionista habitual, Alejandro Hernández, lo que intentó "fue darle unidad al proyecto, buscar el hilo conductor de las historias que allí se contaban".

Si a Barroso le atrajo la posibilidad de abordar una historia ajena fue, sobre todo, porque se encontró con "una historia fascinante, llena de posibilidades y de caminos que transitar para indagar qué fue lo que ocurrió".

La investigación previa llevada a cabo por García Roure y Gaztambide le reveló "una parte de nuestra historia reciente que no está contada" y que le pareció "muy rica a nivel histórico y humano, muy tremenda, muy cargada de acontecimientos y con un gran impacto emocional, que además se amplificó por todo lo que ocurrió después". Como él mismo explica, "tenemos mucha información sobre la espiral que desplegó ETA a partir de los años 70 y hasta su desaparición", pero en cambio "apenas se conocen datos sobre su origen", de ahí que La línea invisible le haya dado la posibilidad de contar "toda la historia humana de los personajes que protagonizaron aquella época en Euskadi. Sus relaciones, sus conflictos y sus afectos. En ellos radica el origen de los silencios, de los odios y de las zonas de sombra que marcaron a todos los habitantes del País Vasco y del resto de España".

Pueblo liberado

En La línea invisible, vemos cómo el científico y poeta Txabi Etxebarrieta (Àlex Monner), atraído por las actividades clandestinas de su hermano José Antonio (Enric Auquer) dentro de la organización ETA, va abriéndose camino en ella. Frente a la preferencia por la lucha sindical de una parte de sus miembros, Txabi, apoyado, entre otros, por Txiki (Ana Castillo), Txema (Patrick Criado) y Maxi (Joan Amargós), empezará a buscar el reflejo en el Frente de Liberación Nacional de Argelia, y a intentar llamar la atención del pueblo vasco atacando con explosivos símbolos franquistas.

Lo que hace que tanto el jefe de la Brigada Político-Social de Gipuzkoa, Melitón Manzanas (Antonio de la Torre) como su ayudante Chamorro (Pablo Derqui) se interesen por las actividades de ETA y empiecen a intentar averiguar quién es su líder. Con el apoyo de uno de los fundadores de la organización, El Inglés (Asier Etxeandia), Txabi irá abriéndose camino hacia la cúpula de ETA, donde la frustración por la falta de calado de su mensaje les llevará a plantearse la posibilidad de apostar por el asesinato de un cargo franquista importante. El elegido será el propio Manzanas, pero los planes no irán como estaban previstos…

Para Barroso, lo más difícil del proyecto fue «contar esta historia haciendo abstracción de lo que pasó después», pues en el momento en el que se sitúa la historia, "ETA era un grupúsculo muy, muy reducido, realmente no había nada de lo que conocimos, era un embrión de lo que luego ocurrió".

En busca de la mayor dosis de realismo posible, La línea invisible se ha rodado en localizaciones de Irún, San Sebastián, Bilbao, Artikutza y el sur de Francia, y escogiendo, siempre que ha sido posible, los escenarios donde ocurrieron los hechos reales. Lo que supuso una presión adicional, pues, explica el director, la historia "afectaba a todos los que participaron en el rodaje, porque cada vasco tiene su versión de los hechos, su visión de lo que ocurrió. Así que el reto principal era sumarlas todas y, en cierta manera, hacerlas nuestras. Es un tema que impacta y que afecta a todo el mundo, así que se convierte, a la hora de llevar la historia en una pantalla, en un auténtico polvorín".

El tema abordado aquí es, desde luego, delicado, y más en el contexto político actual que se vive en nuestro país. Así que, aunque es cierto que Barroso hace el esfuerzo de no juzgar moralmente a sus personajes –todos ellos tienen luces y sombras, e incluso cuando creen estar haciendo lo correcto le provocan daño a los demás–, es prácticamente imposible no ver reflejado el conflicto político catalán en el choque frontal que aquí se produce entre el sentimiento identitario de los miembros de ETA y el unionismo a ultranza del régimen franquista… De aquellos polvos vienen estos lodos.

No obstante, el director no se enfanga en lo político, sino que se aproxima a la historia mediante los estilemas del thriller, desplegando, episodio a episodio, las hebras de una tragedia personal que se va entretejiendo a través de los choques de sus protagonistas, a los cuales humaniza, junto a su coguionista Hernández, a través de unas (insatisfactorias) relaciones personales que, de forma inevitable, quedan afectadas por los acontecimientos narrados. El mejor ejemplo de ello es, sin duda, el quinto episodio de la serie, casi una entidad autónoma dentro de la misma –si no fuera porque las decisiones de los personajes no se entienden sin el contexto de los cuatro anteriores–, que nos presenta al guardia civil Toño Pardines (Xoan Forneas), primera víctima mortal de ETA, convirtiendo el metraje en el proceso contrarreloj que nos arrastra a su (inevitable) destino… Triste metáfora de un conflicto que, como hoy en día, debería haberse resuelto a través de la política.


Artículo escrito y editado antes de la solicitud de ERTE de la compañía

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