Orion Pictures : Constelación de estrellas | Segunda parte
  • Josep Parera

Orion Pictures : Constelación de estrellas | Segunda parte

Culminé la primera parte con una frase no muy alentadora: “En 1986, Orion anuncia unas pérdidas de 32 millones de dólares (77 millones de hoy)”. Pero 1987 sería un año especial para la compañía. Quizás el más feliz. Y, al igual que el primer capítulo de esta historia, la narración nos lleva a la noche de los Oscar, pero en este caso, la del 30 de marzo de 1987.

ROBOCOP/Orion

El escenario es el mismo: el del elegante Dorothy Chandler Pavilion, que también aloja la Ópera de Los Ángeles. Todo el mundo asiste a una noche histórica para Orion Pictures Corporation: sus películas han recibido 18 nominaciones a los Premios de la Academia, más que ninguna otra compañía o estudio.

Cuando termina la noche, Platoon se lleva cinco estatuíllas y Hannah y sus hermanas tres (Hoosiers. Más que ídolos, su otro largometraje en competición, era candidato a dos premios).

Pero si los galardones eran importantes, más lo era la taquilla. 3.500 cines en Estados Unidos estaban proyectando películas de Orion (además de los filmes antes citados, también estaba en cartel un segundo filme de Woody Allen, Días de radio, consolidando así una relación entre el cineasta neoyorquino y los ejecutivos Arthur B. Krim y Eric Pleskow que dio inicio en 1964).

Los cuatro largometrajes situaron a Orion a la cabeza del porcentaje de mercado de todos los estudios de Hollywood, por encima de Paramount Pictures. Sus ingresos fueron de alrededor 300 millones de dólares (721 millones de hoy), 77 millones más que el año anterior.

Nadie estaba más sorprendido por tales resultados que Arthur B. Krim, quien antes de dar luz verde a Platoon tuvo que ser convencido por sus socios.

De hecho, Oliver Stone trató de que Orion financiara el filme en dos ocasiones previas: primero, en 1979, pero en su lugar apostaron por La mano, que supuso su debut como realizador; y después, en 1984, de la mano de Dino De Laurentiis.

Al final, cuando Krim aceptó, solo lo hizo porque la carga financiera del filme iba estar repartida con sus socios ingleses en Hemdale Film Corporation: de hecho, Orion solo aceptó producir un tercio de su presupuesto a cambio de la distribución internacional y en Estados Unidos, es decir, todos los países menos el Reino Unido.

La película costó seis millones de dólares (14 millones de hoy) y terminó recaudando 138.5 millones (332.8 millones de hoy).

Ese mismo verano, llegaba a las pantallas Robocop, el segundo filme que el estudio le producía a Paul Verhoeven tras Los señores del acero, que había costado 16.5 millones de dólares de hoy y se tuvo que conformar con unos ingresos mundiales de… 253.000 dólares actualizados.

En esta ocasión, la experiencia fue mucho más placentera para todos los implicados.

No obstante, Verhoeven no fue el primer candidato para ocupar la silla de realizador; Alex Cox (Repo Man. El recuperador) y Kenneth Johnson (creador de la serie V) habían rechazado el proyecto, el segundo por considerarlo demasiado violento y vulgar…

Verhoeven, por su parte, lo primero que hizo tras leer el libreto fue tirarlo a la papelera de su despacho, de donde su esposa lo recuperó, le debió decir que estaba loco por ignorarlo y quién sabe si después de una pelea o discusión, el marido hizo lo que todo esposo hace: capituló.

Menos mal.

Robocop generó unos ingresos en taquilla de 53.4 millones de dólares (123.8 millones de hoy), según un costo de 13 millones de dólares (30 millones de hoy).

Y, además, se convirtió en un clásico del cine de acción alrededor de la misma época en la que las salas recibieron otros ejemplos extraordinarios del género como Depredador, Arma letal y La jungla de cristal.

Además de Robocop, 1987 contó también con otros notables éxitos de taquilla para el estudio: Los creyentes (The Believers), de John Schlesinger, No hay salida (No Way Out), con Kevin Costner, y Tira a mamá del tren (Throw Momma from the Train), el debut como director de largometrajes para cine de Danny DeVito, también su estrella (recaudó un par de millones más que Robocop y tuvo su mismo presupuesto).

Pero, ¿recuerdan en la primera parte cuando comentaba que una de las especialidades de la casa era dar una de cal y otra de arena?

Pues bien, el contraste de esos títulos lo dieron Fabricando al hombre perfecto (Making Mr. Righ / presupuesto actualizado: 21 millones de dólares/ recaudación actualizada: 3.7 millones), Malone, con Burt Reynolds (presupuesto actualizado: 23 millones de dólares/ recaudación actualizada: 7 millones), Best Seller, con Brian Dennehy (que sumó solo 9.7 millones de dólares de hoy, pero su financiación fue repartida una vez más con Hemdale) y el nuevo Allen, September, que solo ingresó en todo el mundo unos actualizados 1.1 millones de dólares.

Todos estos filmes fueron considerados fracasos de taquilla, al igual que el debut tras las cámaras del dramaturgo David Mamet, Casa de juegos (House of Cards), quien recuerda cómo llegó a un acuerdo con los ejecutivos de Orion para ponerse tras las cámaras a pesar de su inexperiencia (hasta ese momento solo había firmado los guiones de, cuidado, El cartero siempre llamda dos veces/The Postman Always Rings Twice, Veredicto final/The Verdict y Los intocables de Eliot Ness/The Untouchables).

“Creo que llegamos a un acuerdo en dos minutos”, recordó a New York Magazine. “Entré en la oficina de Mike Medavoy. Él me dijo: ‘Venga, fúmate un puro conmigo’. Luego me preguntó si realmente quería dirigir una película. Le dije que sí. Y me respondió: ‘¡De acuerdo!’. Esa fue la reunión”.

Cuando Mamet enseñó su (excelente) filme acabado, los ejecutivos “hablaron de él como si fuera una película, no un producto”.

A partir de ese momento, cada vez que Mamet visitó a Medavoy en su despacho, “me dio un puro al entrar y otro al salir”.

Tras el fiasco de Algo salvaje (recaudó unos tres millones de dólares menos de los que costó), uno diría que estudio y director no tendrían más interés en verse las caras.

Jonathan Demme no estuvo de acuerdo con esa teoría y rodó dos filmes más para Orion: Casada con todos (Married to the Mob) y… El silencio de los corderos (Silence of the Lambs).

“Siempre han tenido suerte con proyectos curiosos, raros. Fíjate en Buscando a Susan desdesperadamente”, comentó el hoy fallecido cineasta a New York Magazine. “¿Crees que se podría haber hecho igual en un estudio? Primero, el guion hubiera sido normalizado. Y lo mismo hubiera pasado con Algo salvaje. El resultado hubiera sido otra comedia romántica típica y tópica”.

El amor por los cineastas fue siempre obvio en los despachos de la compañía, ya fuera en Los Ángeles, donde residía Medavoy, o en Nueva York, desde donde Krim, Pleskow y William Bernstein manejaban los pormenores económicos.

Pormenores que, por cierto, en una análisis llevado a cabo por Variety años después, si bien no eran ilegales sí contenían fórmulas de manejar cifras consideradas curiosas y, al final, perjudiciales para la salud financiera del estudio.

Directores como Susan Seidelman o Oliver Stone tuvieron la última palabra en la promoción de sus películas: ella montando una nueva versión del trailer de Buscando a Susan desesperadamente después de que no le gustara la oficial, y él aprobando el póster de Platoon en el que Willem Dafoe aparecía casi crucificado como si fuera Jesucristo.

Esa pasión por el talento siguió en colaboraciones con Dennis Hopper, quien dirigió Colores de guerra (Colors) y Labios ardientes (The Hot Spot) para Orion, así como con Sean Penn, estrella de aquella y quien recomendó a Hopper para el filme; de hecho, Penn iba a protagonizar La fuerza de un ser menor (Dominick and Eugene), pero al leer el libreto de Colors se decantó por esta, dejando a Tom Hulce el papel en el drama con el más que curioso título español…

Colores de guerra sería un éxito (recaudó en todo el mundo 107 millones de dólares de hoy), al igual que Los búfalos de Durham (Bull Durham / presupuesto actualizado: 16 millones de dólares/ recaudación actualizada: 118 millones), Arde Mississippi (Mississippi Burning / presupuesto actualizado: 33 millones de dólares/ recaudación actualizada: 77.1 millones) y Un par de seductores (Dirty Rotten Scoundrels / presupuesto actualizado: 25 millones de dólares/ recaudación actualizada: 94 millones).

Pero La fuerza de un ser menor, Los pacientes de un psiquiatra en apuros (The Couch Trip), Cherry 2000, La insoportable levedad del ser (The Unbearable Lightness of Being), Metidos en el rollo (The In-Crowd), La casa de Caroll Street (The House on Carroll Street), Johnny Superstar (Johnny Be Good), Casada con todos, Ocho hombres (Eight Men Out), Atracción diabólica (Monkey Shines) y Otra mujer (Another woman), todas quedaron archivadas en la carpeta de decepciones comerciales.

Así, los aires de entusiasmo y felicidad de 1987 quedaron enturbiados por un 1988 en el que cabe destacar el fiasco de la citada Cherry 2000, protagonizada por Melanie Griffith: costó 10 millones de dólares (22 millones de hoy) y recaudó... 14.000 dólares (31.100 dólares).

1988 también queda definido por la acumulación de poder dentro de la compañía por parte de John W. Kluge, el propietario de Metromedia, quien se hace con el 67% de Orion tras pagar a otros socios 78 millones de dólares (174 millones de hoy), una cantidad que muchos analistas calificaron de ridícula… por ser excesiva.

Pero en la inversión existía la esperanza de que los nuevos filmes previstos para el último año de la década resultaran exitosos.

No fue así.

Sin entrar en cifras concretas, los 17 títulos que estrenó en 1989 recaudaron solo 60 millones de dólares (134 millones de hoy), situando a Orion en la última posición en cuanto a ingresos de entre todos los estudios, con solo un 5% de la cuota del mercado.

La lista de fiascos financieros fue considerable: Adiós al rey (Farewell to the King), de John Milius (recaudó unos actualizados 30 millones de dólares menos de los que costó), Los locos de Cannonball 3 (Speed Zone), Nuevos rebeldes (Lost Angels), de Hugh Hudson, Gran bola de fuego (Great Balls of Fire!), con Dennis Quaid, A la caza del lobo rojo (The Package), con Gene Hackman, otro de esos títulos en español que aprovecharon el éxito de otro filme patra venderse en nuestras carteleras (la cinta recaudó unos actualizados 13 millones de dólares menos que su presupuesto), Vida y amores de una diablesa (She Devil), con Meryl Streep, y, especialmente, Valmont, que costó 33 millones de dólares (70 millones de hoy) y, al llegar después de la muy exitosa Las amistades peligrosas (ambas estaban basadas en la novela de Choderlos de Laclos), solo logró sumar 1.1 millones (2.3 millones de hoy).

A principios de 1990, la situación es desesperada. La única salida para Orion es aceptar pagos por ingresos futuros y, la única forma de hacer eso, es regresar al plan que sus ejecutivos tanto habían odiado con Warner Bros. a finales de los años 70: asociarse con un estudio.

A cambio de 175 millones de dólares, Columbia Pictures acuerda distribuir sus películas en el mercado internacional, los 50 próximos títulos en VHS y varias de sus propiedades televisivas.

Es un pago previo por un futuro incierto, pero permite a Orion reducir sus operaciones, equipos… y aspiraciones.

Mike Medavoy se marcha y es elegido por Columbia Pictures para hacerse cargo de su filial TriStar.

Cuando llega diciembre de ese año, los números no mejoran: la productora ha perdido durante los últimos meses 15.6 millones de dólares (31.4 millones de hoy).

Los únicos filmes de ese año que reciben un cierto cariño por parte de las audiencias son Qué suerte... llegaron los parientes (Mad House), con Kristie Alley, Cadillac Man, con Robin Williams, y Sirenas (Mermaids), con Winona Ryder y Cher.

Títulos como Robocop 2 y Navy Seals: Comando especial (Navy SEALs) cuestan demasiado para rendir beneficios.

Y otros como Todo el mundo gana (Everybody Wins), con Nick Nolte, Miami Blues, con Alec Baldwin, El clan de los irlandeses (State of Grace), con Sean Penn, y Labios ardientes, con Don Johnson, sangran dólares de pérdidas.

Eso sí, hay un título que cierra 1990 e inaugura 1991 con ilusión, dinero y premios: Bailando con lobos (Dances with Wolves), dirigido y protagonizado por Kevin Costner.

¿Vuelven a estar de gala? Porque nos toca regresar a los Oscar.

Esta vez se trata de la 63 edición de los Premios de la Academia celebrada el 25 de marzo de 1991, pero en el Shrine Auditorium de Los Ángeles, un pelín más betusto que el Dorothy Chandler.

La gala empieza con mal pie para Orion. El maestro de ceremonias Billy Crystal suelta esta broma comparando tres de las cintas nominadas: “Despertares es acerca de pacientes que se recuperan del coma, El misterio von Bulow es sobre alguien que está en coma y Bailando con lobos ha sido hecha por un estudio en coma”.

Cruel, pero acertado e hilarante, como debería ser todo humorista.

La noche termina con el filme de Costner llevándose siete Oscar.

El año continúa con Orion cerrando su división televisiva, una deuda a largo plazo de 509 millones de dólares (984 millones de hoy) e intereses sobre ella tan elevados que ahogan cualquier opción de inversión.

Orion Pictures Corporation está ciertamente en coma.

Tal es la situación límite, que el estudio se ve forzado a vender proyectos a precio de ganga: por ejemplo, cede los derechos de La familia Addams (The Addams Family) a Columbia Pictures a precio de saldo.

Kluge está harto y sustituye a Arthur B. Krim y Eric Pleskow.

Un tiempo después, Mike Medavoy considera que sus dos jefes de toda la vida, desde la distante Nueva York, no estaban involucrados en el día a día de las operaciones del mismo modo que él, en las trincheras de la producción cinematográfica en Los Ángeles.

“Lo cierto es que en 1989 los cuatro ya estábamos hartos los unos de los otros”, recordó el ejecutivo. “La compañía no estaba funcionando, así que todo eran problemas y las líneas de comunicación siguieron deteriorándose”.

Cuatro décadas atrás, Krim y Pleskow, con escasamente 40 años cada uno, habían revolucionado el mundo del cine y, de paso, rescatado United Artists, el refugio de artistas unidos.

Su era en el cine y a bordo de Orion llegaba al final.

Una nueva generación entró en la corporación, pero el daño ya estaba hecho.

Las prácticas contables que se habían mantenido durante años ocultaron las deudas reales de la empresa, lo que provocó el enfado (y las demandas) de accionistas y talento.

Algunos actores y directores llevaban años esperando cobrar por sus filmes. A Alec Baldwin le debían 878.000 dólares, a Jonathan Demme 703.000 dólares, a Kevin Costner seis millones de dólares y al productor Ismael Merchant, 7.5 millones de dólares (todas estas cifras han sido actualizadas teniendo en cuenta la inflación desde 1991).

Noviembre de 1991. La deuda a largo plazo ha aumentado a 690 millones de dólares (1.334 millones de hoy).

El 11 de diciembre de 1991 Orion se declara en bancarrota.

New Line Cinema, que había triunfado gracias al cine de terror y urbano negocia con los accionistas de Orion su adquisición.

Casi llegan a un acuerdo. Pero al final este se desmorona al discutir sobre el valor real de la empresa.

Durante estas semanas, El silencio de los corderos gana cinco Oscars y se convierte en un extraordinario éxito de taquilla, además de un referente histórico, social y cultural.

Tras New Line hay negociaciones con Sony, propietaria de Columbia, Marvin Davis, antaño dueño de 20th Century Fox, Savoy Pictures, Republic Pictures… pero no van a ninguna parte.

Esta es una nueva década, donde Miramax Films agarra el trono del cine independiente, eso sí, de la mano de The Walt Disney Co., New Line se transforma en una poderosa filial de Turner Broadcasting Corporation y Dreamworks SKG está a punto de convertirse en el nuevo United Artists, o eso es su intención.

El hecho de que Orion esté en bancarrota no es un obstáculo que impida estrenar películas. Pero no sirve de nada, porque incluso estas hunden a la corporación aún más en la miseria: tal es el caso de Por encima de todo (Love Field), con Michelle Pfeiffer, La mitad oscura (The Dark Half), de George A. Romero, Paro clínico (Article 99), con Ray Liotta, y Casada con esto (Married to It), con Beau Bridges, que pasan completamente desapercibidas.

Por si eso no fuera poco, Woody Allen se gasta 22 millones de dólares (43 millones de hoy) en Sombras y nieblas (Shadows and Fog), un filme en blanco y negro que inyecta muchas sombras y aún más niebla en los número rojos del estudio: recauda 2.7 millones (5.2 millones); y Las cosas que nunca mueren (Blue Sky) le brinda un segundo Oscar a Jessica Lange, aunque probablemente los únicos que la vieron fueron los miembros de la Academia.

Eso no es todo: Robocop 3 cuesta 22 millones de dólares (40 de hoy) pero recauda solo 10 millones (18 de hoy); Coche 54, ¿dónde estás? (Car 54, ¿Where Are You?) cuenta con un presupuesto de 10.7 millones (19.5 millones de hoy) pero ingresa solo 1.2 millones (2.2 millones de hoy); y así podríamos seguir con Luna de porcelana (China Moon), El favor (The Favor), Ahí va mi chica (There Goes My Baby)…

Estrellas que durante los años 80 habían formado parte de la familia Orion ahora estaban haciendo negocio con Miramax o, por ejemplo, TriStar Pictures, a donde Mike Medavoy (¡qué pequeñó es el mundo!) se lleva a Woody Allen y Robert Redford.

John W. Kluge desenchufa el cable que mantiene con vida a Orion, y la corporación, tal y como relató Variety en una editorial del momento, “colapsa, porque Kluge básicamente dice que cierra el grifo del dinero”.

La biblioteca de filmes y series, valorada en alrededor de 600 millones de dólares (1.094 millones de hoy) se vende por la mitad de precio a distintas empresas, entre ellas Metro-Goldwyn-Mayer, Warner Bros., Lionsgate, Columbia Pictures, los canales ABC y Lifetime…

En 1997, MGM adquiere Orion. De 221 empleados, 196 son despedidos.

El 24 de septiembre de 1999 se estrena en Estados Unidos Héroes sin patria (One Man’s Hero), con Tom Berenger.

Es la última producción de Orion Pictures.

El sello y logo que con tanto cariño había sido recibido durante años dejó de brillar… hasta que en 2017 MGM le dio nueva vida, tras un primer intento televisivo en 2013.

Pero desde el anuncio del regreso de Orion, su desarrollo ha sido complicado, ya fuera por acuerdos esporádicos con compañías como… United Artists Releasing (¡ironías de la vida!) o por la labor provisional de ejecutivos como John Hegeman, contratado tras su paso por Blumhouse Productions.

Quizás sea exagerado comparar el universo estelar que daba paso al logo de Orion Pictures Corporation al de los focos de 20th Century Fox con su fanfarria, la montaña de Paramount Pictures, el castillo de Walt Disney Pictures, la mujer de la antorcha de Columbia Pictures o el globo terráqueo de Universal Pictures.

Pero hay algo de lo que no cabe la menor duda: adentrarse en la constelación cinematográfica de Orion fue una experiencia que muchos de nosotros recordamos con un cariño y una apreciación a un legado que aún hoy brilla como las siete y no cinco estrellas de Orión.

©Josep Parera Jorba

Orion Pictures : Constelación de estrellas | Primera parte

Artículo dedicado a Antonio Llorens Olivé (1940-2017), quien a través de su distribuidora Lauren Films estrenó casi todo el catálogo de Orion en España, y muchas otras películas, con un carino y entusiasmo incomparables.

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