Pantalla 50: Bette Davis, puro terror
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Pantalla 50: Bette Davis, puro terror

Como recuerda, entre otros biógrafos de Bette Davis, Charles Highman, autor de Bette: Bette Davis al desnudo, la filmación de Donde el círculo termina (1959) fue una tortura. Dirigida por Robert Hamer, era una producción británica de misterio, basada en una obra de Daphne Du Maurier y protagonizada por Alec Guinness, en la que todo lo que podía salir mal salió mal.

Para empezar, su realizador arrastraba graves problemas de salud por culpa de su alcoholismo, pero Guinness, gran amigo suyo desde que le dirigiera en su más famosa película juntos, la comedia Ocho sentencias de muerte (1949), insistió en que fuera él y no otro quien se hiciera cargo del film.

or su parte, Davis decidió que saldría en la película luciendo un maquillaje «japonés» parecido al que había llevado en La loba (William Wyler, 1941) y un traje que también había usado allí.

La actriz, haciendo gala de su irreprimible divismo, no le puso las cosas fáciles a Hamer, y no tenía paciencia cuando a él le entraban temblores como consecuencia de su alcoholismo, a pesar de que este le había prometido al productor, Michael Balcon, que no bebería durante el rodaje.

Lo cierto es que Hamer estaba tan mal que, cuando terminó Donde el círculo termina, tan solo hizo a continuación otra película, la comedia School for Scoundrels (1960), que tuvieron que terminar, de manera no acreditada, Cyril Frankel y Hal E. Chester, muriendo poco después.

Volviendo a Donde el círculo termina, Guinness explicaba que Davis temía que él intentara acaparar la atención en la película: "no sé si pensaba que trataría de robarle escenas, cosa que no habría sido posible en cualquiera de los casos, pero lo cierto es que yo estaba dispuesto y contento de estar sentado a sus pies, y eso es lo que hice. Me sentía orgulloso de haber trabajado con ella y triste de que a ella no le gustara trabajar conmigo". Guinness estuvo años alabando la profesionalidad de Davis en el plató, aunque años después se retractó, afirmando que esa profesionalidad "era en gran medida un mito" (sic).

La cosa no acabó ahí. Davis no solo trató a patadas a Hamer: hizo lo mismo con el director de fotografía, Paul Benson, y no quiso hablar con el también realizador Anthony Asquith, que visitó un día el plató para conocerla, porque, siguiendo su costumbre, iba vestido con un mono de trabajo, y la actriz ordenó que le echaran, diciendo: "No quiero armar un alboroto, pero, por favor, ¿quiere decir a ese operario del mono que se vaya?".

Para colmo de males, la hija de 12 años de la actriz, B.D., la visitaba cada día en el plató y no hacía más que entretenerla, provocando que se ausentara con frecuencia del mismo, obligando a un cada vez más .

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