Pantalla 70: 'Harry el sucio'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 70: 'Harry el sucio'

Actualizado: may 30

Clint Eastwood interpretó por primera vez a uno de los más famosos personajes de su carrera, el detective de homicidios de la policía de San Francisco Harry Callahan, en Harry el sucio (Dirty Harry, 1971), que dirigió uno de los (confesados) maestros de Eastwood: Don Siegel.

HARRY EL SUCIO/Warner Bros.

Cuarta película del realizador Don Siegel con Clint Eastwood tras La jungla humana (Coogan's Bluff, 1968), Dos mulas y una mujer (Two Mules for Sister Sara, 1969) y El seductor (The Beguiled, (1971), Harry el sucio era un proyecto que había estado inicialmente en manos de la Universal y que estaba preparando la Warner, que se centraba en las aventuras de Harry Callahan, un inspector del departamento de policía de Nueva York a quien apodan “el sucio” por sus métodos expeditivos en la lucha contra el crimen, y que sigue la pista de un asesino en serie, apodado Escorpión, que le gusta acabar con sus víctimas disparándoles con un rifle de mirilla telescópica.

El rodaje

Inicialmente conocida con el título de Dead Right, la película tenía que ser dirigida por Irvin Kershner y la protagonizaría Frank Sinatra.

El guión había conocido hasta cuatro versiones, siendo objeto de otras tres reescrituras a fin de adecuarlo a las exigencias de Sinatra.

Una inoportuna lesión del actor en una mano le impidió seguir adelante con el proyecto, de ahí que la Warner tanteara a otras estrellas, entre ellas Steve McQueen, John Wayne –que rechazó el film por considerarlo negativo para su imagen (sic)— y Paul Newman, quien premonitoriamente afirmó tras haberse leído el guión: ¿Por qué no se lo dais a Clint Eastwood para que la protagonice?”.

Siegel aceptó la oferta de Eastwood para coproducir y dirigir la película para la Warner, si bien puso como condición que la acción del relato no transcurriera en Nueva York, sino en San Francisco.

La filmación de Harry el sucio tuvo lugar en parte en exteriores reales de la ciudad de San Francisco.

La azotea del edificio del San Francisco’s Bank of America, situado en California Street, la piscina que hay en lo más alto del hotel Holiday Inn (donde es asesinada de un disparo la primera víctima de Escorpión), Mount Davidson Park, Washington Park, el estadio deportivo Kezar y el célebre Golden Bridge prestaron su fisonomía a la película.

La excepción la constituyó la famosa secuencia en la que Harry interrumpe la huida de unos atracadores de bancos, filmada en una falsa calle de estudio en Universal City para mayor seguridad, dada la cantidad de efectos especiales que requería.

Por cierto, en un par de planos de esta secuencia puede verse la fachada de un cine donde se proyecta Escalofrío en la noche (Play Misty For Me,1971), primera película de Eastwood como director en la que Siegel tenía un pequeño papel como actor.

Una de las ideas más atractivas que tuvo Siegel de cara al reparto sería la de confiarle el papel del asesino Escorpión a Audie Murphy, actor famoso por su historial como héroe durante la Segunda Guerra Mundial e intérprete, entre otros, de films como The Red Badge of Courage (John Huston, 1951) o To Hell and Back (Jesse Hibbs, 1955), en el que se interpretaba a sí mismo.

Sin embargo, la inesperada muerte de Murphy el 28 de mayo de 1971 en un accidente aéreo dio al traste con los planes de Siegel, quien inmediatamente buscó a otro actor.

El elegido sería Andy Robinson, joven intérprete teatral de 29 años que nunca había trabajado en el cine y que, a raíz de Harry el sucio, luego intervendría en películas como La gran estafa (Charley Varrick, 1973), de nuevo a las órdenes de Siegel, Con el agua al cuello (The Drowning Pool, Stuart Rosenberg, 1975), Máscara (Mask, Peter Bogdanovich, 1985), Hellraiser (Clive Barker, 1987) o Dispara a matar (Shoot to Kill, Roger Spottiswoode, 1988), siendo acreditado en estos últimos años como Andrew Robinson.

Este último fue quien proporcionó los momentos más divertidos del rodaje.

El actor, vegetariano y pacifista en la vida real, sentía un auténtico terror hacia las armas de fuego, de ahí que cada vez que empuñaba las que utiliza Escorpión y tenía que disparar cerraba los ojos y hacía muecas acompañando cada detonación.

Siegel solucionó el problema contratando a un especialista con el que Robinson hizo prácticas de tiro hasta acostumbrarse.

Por otro lado, el actor supo ganarse la confianza del realizador y, a medida que la filmación fue avanzando, Siegel le fue dando margen de maniobra para que hiciera sugerencias e improvisara.

Como cuenta Robinson, “al rodar la escena en el Mount Davidson Park, en este punto del rodaje Siegel me dio carta blanca para añadir diálogo si me surgía espontáneamente, cosa que hice. Y en el momento en que el asesino persigue a Harry y finalmente le alcanza, le dice: “Saca tu arma muy despacio”. Clint saca ese gigantesco revólver. Y yo solté esa frase: “Vaya, qué grande es”. Todos se partieron de risa y la toma se perdió. Tuvieron que repetir, pero la frase gustó y la conservaron”.

Menos divertido y bastante más arriesgado fue el rodaje de algunas escenas peligrosas.

Por ejemplo, filmando la secuencia nocturna en la que Harry y su compañero Chico González (Reni Santoni) tienen una escaramuza con Escorpión, ambos estuvieron a punto de salir heridos por culpa de una explosión del cartel luminoso que tenían sobre sus cabezas, que arrojó una auténtica lluvia de cristales y chispas eléctricas sobre ambos actores.

Pero sin duda alguna el momento de mayor riesgo lo vivió el propio Eastwood durante el rodaje de la no menos célebre secuencia del autobús escolar lleno de niños que es secuestrado por Escorpión.

La misma se filmó en el Sir Francis Drake Boulevard de San Francisco.

Eastwood, que rodó en persona absolutamente todas las escenas de riesgo de Harry el sucio, se empeñó en hacer también unos peligrosos planos en los que se ve al protagonista saltando desde un puente sobre el techo del autobús en marcha y sosteniéndose a gatas encima del vehículo a una notable velocidad.

Siegel trató de disuadirle, en vano, aunque logró convencerle para que accediera a que el salto desde el puente lo hiciera en primer lugar su doble, Buddy Van Horn, personaje muy vinculado a la posterior carrera de Eastwood.

Una famosa anécdota frecuentemente mencionada cuando se habla del rodaje de Harry el sucio, es la que afirma que Eastwood sustituyó a Siegel al frente del rodaje durante unos días en que este último estuvo enfermo.

Quienes así lo aseguran dicen que serían obra de Eastwood dos momentos muy concretos: la escena en la que el protagonista tiene un encuentro con un chapero llamado “Alice” en el Mount Davidson Park, que se produce dentro de la secuencia nocturna en la que Escorpión obliga a Harry a correr por toda la ciudad por medio de diversas llamadas telefónicas; y sobre todo, la crucial secuencia en la que el inspector salva la vida a un suicida que amenaza con arrojarse desde lo alto de un edificio.

Eastwood detalló cómo fue la experiencia en el número de la revista Life dedicado al rodaje y que se publicó en 1971: el estudio pensó que necesitaría seis noches para filmar la secuencia y, al final, lo hizo en un par de horas.

Aquí tienes el reportaje al respecto:

Los 18 millones de dólares recaudados por Harry el sucio en el momento de su estreno sólo en los Estados Unidos (117 millones de hoy), y que la erigieron en la quinta película norteamericana más taquillera de 1972, siendo superada por El padrino (The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972), El violinista en el tejado (Fiddler's on the Roof, Norman Jewison, 1971), Diamantes para la eternidad (Diamonds Are Forever, Guy Hamilton, 1971) y ¿Qué me pasa, doctor? (What's Up Doc?, Peter Bogdanovich, 1972), no contribuyeron a paliar la controversia ideológica que desde entonces ha acompañado al film, convirtiéndose en uno de los caballos de batalla habituales a la hora de aproximarse al mismo, sobre todo entre la crítica española.

La película

El hecho de que la película muestre a un policía tomándose literalmente la justicia por su mano, llegando al extremo de ejecutar al criminal al que ha estado dando caza durante todo el relato –y luego arrojando su placa de policía, en un gesto que Siegel concibió a modo de homenaje a Solo ante el peligro (High Noon, Fred Zinnemann, 1952)—, levantó y sigue levantando ampollas.

Más allá de estériles polémicas de tipo ideológico, Harry el sucio es un film cuya agudeza a la hora de describir la psicología de su personaje protagonista resulta bastante superior a lo que se ha dicho en ocasiones.

Harry Callahan está inicialmente presentado como un inspector de policía individualista, cínico, cruel y violento. No le gusta que le asignen nuevos compañeros de patrulla, como Chico González, porque conoce bien la dureza del trabajo policial y teme que la inexperiencia de su novato colega pueda tener fatales consecuencias.

Ello no es óbice para que el personaje atesore un sentido particular de lo que es justo: sin ir más lejos, y a pesar de haber recibido una injusta paliza a manos de unos vecinos que le toman por un mirón, Harry se niega a que Chico les detenga, pues es consciente que todo ha sido un simple malentendido. Incluso echa una mano a los bomberos, a riesgo de su propia vida, para ayudarles a bajar a un suicida de lo alto de un edificio.

Este último episodio resulta fundamental para entender el carácter del personaje: Harry accede a salvar al suicida ante las evidentes reticencias de los bomberos, subiendo a lo más alto del edificio con una grúa hidráulica; una vez allí, el protagonista conversa con el suicida diciéndole que no piensa hacer nada para ayudarle, pues está harto de ver a compañeros suyos que han muerto en situaciones parecidas porque se han visto arrastrados por la persona a la que intentaban ayudar; sin embargo, contrariamente a lo que pueda parecer, Harry intenta evitar que el hombre se mate, si bien a su manera: lo que hace es preguntarle su nombre para facilitar la identificación de su cadáver aplastado contra la acera, describiéndole a continuación cómo suelen quedar los cuerpos que caen desde semejante altura, precisamente para que desista de su actitud; el suicida, enfurecido por la cínica actitud del policía, se abalanza sobre él, y ello obliga a Harry a sujetarle, no sin antes propinarle un puñetazo para dejarlo sin sentido mientras los bomberos les bajan con la grúa.

La secuencia resume muy bien el carácter ambivalente del protagonista como alguien que reúne una generosa voluntad de ayudar pero que encauza esa actitud tras una barrera de dureza y escepticismo, a su modo de ver necesaria para sobrevivir en las calles.

Es muy significativo que, cuando descienda a la acera, Harry por fin le aclare a Chico el sentido de su apodo: “Por eso me llaman Harry el sucio: el trabajo más sucio siempre es para mí”.

Esos rasgos humanos del personaje contrastan con la dureza de su conducta a la hora de tratar a los criminales o de enfrentarse a sus superiores jerárquicos cuando cree que no reaccionan como es debido.

Abate a tiros a los atracadores de un banco y llega al extremo de practicar una especie de juego sádico con uno de ellos, al que encañona con su Mágnum 44 (“el revólver más potente del mundo”) cuando ve que intenta empuñar de nuevo su escopeta y le conmina a adivinar si todavía le queda una bala en el tambor.

Cegado por la ira, es capaz de pisar el tobillo herido de Escorpión e infligirle tal dolor que el asesino no tiene más remedio que confesar sus delitos. A Harry le gusta hacer las cosas a su manera, sin pensar en las consecuencias.

Pero probablemente lo más relevante del personaje en este mismo sentido sea la constante sensación de frustración que parece acompañarle hasta en sus momentos más heroicos. Durante su escaramuza con los asaltantes del banco no puede evitar que una bala perdida le hiera levemente en la pierna.

Sus superiores desoyen sus consejos a la hora de atrapar al asesino. Escorpión se le escapa una y otra vez, bien sea porque el asesino hace gala de una astucia superior a la esperada (Escorpión se deja pegar una paliza para luego denunciar a Harry por “brutalidad policial”), o bien porque el propio sistema legal le impide castigar al criminal (las pruebas contra Escorpión se consideran “obtenidas ilegalmente”).

Tiene que ver cómo Chico decide abandonar la policía tras su última y violenta escaramuza contra Escorpión. Y su única satisfacción, eliminar al asesino, tendrá como consecuencia inmediata su renuncia a continuar en el cuerpo de policía. En el fondo, Harry el sucio es la crónica de una frustración, o si se prefiere, el retrato de un hombre frustrado.

La saga

Siguiendo la habitual política de mercado del cine estadounidense, “Harry el sucio” generó además de imitaciones hasta cuatro secuelas, todas producidas y protagonizadas por Clint Eastwood: Harry el fuerte (Magnum Force), realizada por Ted Post en 1973; Harry el ejecutor (The Enforcer), firmada en 1976 por James Fargo; Impacto súbito (Sudden Impact), de 1983 y del propio Eastwood; y La lista negra (The Dead Pool), que dirigió Buddy Van Horn en 1988.

  • Harry el fuerte es, posiblemente, el título más violento de la serie –nada raro contando con un guión escrito por John Milius y Michael Cimino— y atesora buenas ideas combinadas con un trabajo de realización en ocasiones tosco y desaliñado, que malogra un tanto sus posibilidades. El grueso del relato se centra en las pesquisas llevadas a cabo por Harry para detener una serie de asesinatos cometidos contra las personas de diversos miembros del crimen organizado. Avanzada la proyección, se descubre que los asesinos son auténticos policías de tráfico, y no criminales disfrazados como tales, y que incluso cuentan con la complicidad de un oficial, el teniente Briggs (Hal Holbrook), quien ha decidido por su cuenta y riesgo limpiar la ciudad de delincuentes

  • Menos interesante resulta Harry el ejecutor, cuya principal novedad consiste en el emparejamiento del protagonista con Kate Moore (una excelente Tyne Daly), agente de policía femenino recientemente ascendida a inspectora de homicidios que es designada como compañera de patrulla de Harry. Como en Harry el fuerte, ello encubre una coartada moral de doble filo: Harry aprenderá a respetar a Kate como agente de policía, pero esta última tendrá que ganarse ese respeto por medio del sacrificio, muriendo en acto de servicio durante el tiroteo final contra los villanos de la función que tiene lugar en la isla de Alcatraz

  • Bastante mejor resulta Impacto súbito. La trama, en sí misma considerada, tiene escaso interés, siendo sus principales novedades la presentación de otro personaje femenino (Jennie: Sondra Locke, por aquel entonces pareja del actor en la vida real) que viene a ser un complemento perfecto del de Harry (una pintora que busca venganza contra aquellos que participaron en su violación y la de su hermana pequeña, y a los que ejecuta disparándoles, por este orden, un tiro en los genitales y otro en la cabeza); y el sacar a Harry de su ambiente natural, la ciudad de San Francisco, para trasladarle a la localidad costera de San Paulo, donde debe investigar los asesinatos cometidos por Jennie. Sin embargo, por donde Impacto súbito sí que sale ganando es cuando Eastwood, al frente de la realización, sabe sacar un peculiar partido de semejante material, brillando con luz propia secuencias como el acoso de Harry a un gánster en la boda de su hija; la del atraco a la cafetería, virtuosamente construida; el intento de asesinato de Harry a manos de unos matones con ametralladoras; y el clímax del relato, en el cual se ven involucrados Harry, Jennie, tres asesinos y el tiovivo de un solitario parque de atracciones.

  • La última aventura cinematográfica de Harry Callahan, La lista negra, es sin duda alguna la peor de todas. Un avejentado Eastwood de 58 años protagoniza una función que, por un lado, se mantiene fiel a los esquemas de la serie, y por otro, trata de “ponerse al día” ubicando el intríngulis criminal alrededor del rodaje de una película de terror de bajo presupuesto realizada por Peter Swan (Liam Neeson), un exigente director de basura fílmica firmante de una lista negra en la que figura el propio Harry. Dato para la historia: el cantante de rock protagonista del nuevo bodrio de Swan y asesinado al principio del film está interpretado por... ¡Jim Carrey! Queda para el recuerdo una divertida secuencia: el intento de asesinato con un coche de juguete cargado de explosivos y dirigido a control remoto.

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