Pantalla 70: 'La aventura del Poseidón'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 70: 'La aventura del Poseidón'

“En la medianoche del día de Nochevieja, el SS Poseidón, en ruta de Atenas a Nueva York, sufrió un terrible desastre. Tan sólo hubo un puñado de supervivientes. Esta es su historia…”. Con este rótulo daba comienzo La aventura del Poseidón (1972), una de las más populares e influyentes películas de catástrofes de la historia del cine.

LA AVENTURA DEL POSEIDÓN/Fox

El origen de La aventura del Poseidón se encuentra, curiosamente, en un hecho real. Corría el año 1937 cuando Paul Gallico, un joven escritor norteamericano, viajaba a bordo del famoso transatlántico Queen Mary y se vio sorprendido por una terrible tormenta en alta mar que hizo bambolear el enorme navío con tanta violencia que, en más de un momento, Gallico creyó que iba a naufragar (lo cierto es que, tras esta dura experiencia, la compañía propietaria del Queen Mary hizo instalar unos estabilizadores especiales para evitar que aquello pudiera repetirse).

Por fortuna no ocurrió nada, pero Gallico jamás olvidó el terror vivido durante aquellos angustiosos momentos y, muchos años después, plasmó ese miedo en su novela La aventura del Poseidón, publicada por primera vez en los Estados Unidos en 1968 y que narraba las aventuras de un grupo de personas que luchan por salir del interior de un imaginario transatlántico de características similares a las del Queen Mary, el Poseidón, el cual ha quedado flotando boca abajo como consecuencia del golpe de una ola gigante causada por un maremoto.

Al año siguiente de su publicación, el libro captaba la atención de Irwin Allen (1916-1991), un productor y director de la Fox ganador de un Oscar por el documental submarino The Sea Around Us (1953) y firmante de títulos adscritos a géneros como el fantástico, las catástrofes y el de aventuras como El mundo perdido (1960) –según la novela de Arthur Conan Doyle–, Viaje al fondo del mar (1961) –que dio pie a la famosa serie de televisión del mismo título, también producida por Allen– o La ciudad bajo el agua (1970) –un telefilm que se exhibió en cines en el resto del mundo–, quien adquiría los derechos de La aventura del Poseidón por 225.000 dólares (1.7 millones de hoy).

A continuación, Allen encargó a Wendell Mayes un guión, mientras que su amigo Paul Zastupnevich se ocuparía del diseño de vestuario.

El primer director previsto para La aventura del Poseidón sería Gordon Douglas, firmante de algunos clásicos del fantástico y el western como La humanidad en peligro (1954) o Chuka (1967), pero en el último momento Douglas y Mayes abandonaron el proyecto.

Desesperados, Allen y Gordon Stulberg, por aquel entonces presidente de la Fox, telefonearon al poco conocido realizador británico Ronald Neame –El genio anda suelto (1958), Los mejores años de Miss Brodie (1969) – para que se hiciera cargo de la película, la cual en esos momentos estaba presupuestada en 5 millones de dólares (38 millones de hoy), una cifra alta para la época, 2 y medio de los cuales habían salido del bolsillo de Allen.

Por otro lado, Stirling Silliphant se encargaría de escribir el guión definitivo a partir del material previamente elaborado por Mayes.

Conscientes de que la trama, psicológicamente hablando, era superficial, Allen y Neame –quienes compartirían las tareas de realización, aunque sólo fuese acreditado como director el segundo— tuvieron muy claro desde el principio que el reparto debía estar principalmente compuesto por figuras conocidas y buenos actores de carácter capaces de suplir con su labor las deficiencias de sus personajes, creando así un patrón que sería aplicado en todos los films de catástrofes posteriores.

El elenco sería de lujo: Gene Hackman, que acababa de ganar el Oscar por Contra el imperio de la droga, como el reverendo que conduce al grupo de supervivientes; Ernest Borgnine, como el duro policía, y Stella Stevens, la exprostituta que es su esposa; Jack Albertson, el viejo caballero judío y su oronda mujer, encarnada por Shelley Winters; Roddy McDowall, como un camarero del barco; Carol Lynley, la joven cantante que no sabe nadar; Red Buttons, el tímido vendedor de ropa; Leslie Nielsen, como el capitán del Poseidón; y los debutantes Pamela Sue Martin, de 19 años, y Eric Shea, de 12, como los hermanos que viajan en el transatlántico para reunirse con sus padres.

El film empezó a rodarse el 4 de abril de 1972 y el grueso del rodaje tuvo lugar en el enorme plató n.º 6 de la Twentieth Century Fox, si bien algunas escenas adicionales, concretamente las que transcurren en la cubierta del Poseidón antes de que naufrague, fueron filmadas en el auténtico transatlántico que le servía de modelo, el Queen Mary, aprovechando que estaba atracado en Long Beach, California.

William Creber, diseñador de producción de la película, llevó a cabo una auténtica obra maestra de la ambientación, luego imitada hasta la saciedad, diseñando una minuciosa reconstrucción de los interiores del Queen Mary y concibiendo unos decorados que, durante la mayor parte del metraje, tendrían que verse… al revés.

Una de sus mayores logros sería el decorado del Gran Salón del transatlántico que acaba dando un giro de 180º cuando el barco se pone cabeza abajo: retomando una idea ya explotada por Stanley Donen en el musical Royal Wedding (1951), donde se veía a Fred Astaire bailando por las paredes y el techo de su habitación en plano fijo, Creber diseñó el Gran Salón de manera que fuese completamente giratorio, merced una complicada serie de mecanismos reforzada por fuertes medidas de seguridad para los actores, los stunts y el equipo técnico. Otro decorado del que Creber se sentía muy orgulloso es el que se muestra hacia el final de la película: la sala de máquinas, presentada como una verdadera antesala del infierno.

La labor con los actores fue, posiblemente, lo más interesante de este rodaje, dado que su implicación en el mismo les supuso un enorme esfuerzo físico. Convencidos de que con ello se iba a conseguir un mayor efecto dramático, Neame y Allen motivaron a los miembros del reparto de dos maneras.

En primer lugar, la filmación de La aventura del Poseidón se hizo “por secuencia”, es decir, siguiendo en la medida de lo posible el orden cronológico del guión, algo realmente poco frecuente en un film y menos en una superproducción de Hollywood, a fin de imbuir psicológicamente a los intérpretes.

En segundo lugar, los actores llevaron a cabo ellos mismos la mayoría de las escenas peligrosas, de cara a provocar un mayor “efecto realidad” en el espectador, siendo tan sólo doblados en aquellos momentos excesivamente arriesgados… o cuando les fallaban las fuerzas.

Así, por ejemplo, Red Buttons y Carol Lynley, que sufrían una tremenda fobia a las alturas, no pudieron rodar la secuencia en la que el grupo de supervivientes sube por el interior de la chimenea del barco en una escalerilla, usándose en su lugar unos dobles.

Asimismo, la caída mortal de Roddy McDowall en ese mismo decorado fue ejecutada por un especialista.

Los actores también rodaron, sin la ayuda de dobles, la célebre secuencia en la que el grupo debe atravesar buceando un pasillo inundado, aunque fue en este instante cuando se produjo la anécdota más sonada del rodaje.

En un primer momento el guión preveía que el personaje interpretado por Shelley Winters, una antigua campeona de natación, fuera la primera que intentara atravesar el pasillo y tuviera que ser rescatada por Gene Hackman.

Este último le dijo a Neame: “Ronnie, esto es estúpido. Mi personaje nunca permitiría que esa mujer atravesase el pasillo ella sola para luego tener que ir a rescatarla. ¿Por qué no hacemos que sea yo quien pase primero y, al revés, sea ella la que me rescate?”.

Al director la idea le pareció brillante y se dispuso a llevarla a cabo, pero entonces fue Winters la que, montando en cólera, se negó en redondo a filmarla. Como recuerda Neame: “Le dije: “Shelley, no serás la primera en bucear, lo hará Gene y luego tú le rescatas”. Y me respondió: “¡Oh, no! La única razón por la cual he aceptado hacer esta película era porque podría hacer esa secuencia y ahora me vienes con que no puedo hacerla. ¡Quieres darle los mejores momentos a Gene Hackman!””.

La discusión fue terrible, pero, finalmente, la actriz accedió a hacer la nueva escena cuyo rodaje, por cierto, resultó muy duro tanto para ella como para Hackman: al final de la misma, cuando ambos emergen del agua, jadeantes, no fingían. Su asfixia era real.

La aventura del Poseidón se estrenó en los Estados Unidos el 12 de diciembre de 1972 y acabó convirtiéndose en el film más taquillero de 1973, con una recaudación de 40 millones de dólares (303 millones de hoy), seguida a distancia por Deliverance (John Boorman, 1973), que recaudó 18 millones (136 millones de hoy).

Además de ser un título enormemente popular e influyente, obtuvo ocho candidaturas al Oscar –actriz secundaria (Shelley Winters), fotografía, dirección artística, vestuario, montaje, banda sonora en film dramático (John Williams), canción y sonido–, ganando el de mejor canción (“The Morning After”, de Al Kasha y Joel Hirschhorn) y un Oscar especial por sus efectos visuales (L.B. Abbott y A.D. Flowers).

Por más que no fuera la primera película “de catástrofes” que se hacía –piénsese que tan sólo dos años antes George Seaton había firmado la primera entrega de la serie Aeropuerto (1970)–, La aventura del Poseidón consolidó el patrón visual y narrativo por el cual se regirían todos los siguientes films de este subgénero.

Tómese un grupo de personajes variados, representativos a ser posible de diferentes razas, ideologías y condiciones sociales, y pónganse juntos formando un grupo heterodoxo que debe enfrentarse, unido, a una situación límite de peligro, en el curso de la cual aflorarán los sentimientos, buenos o malos, generosos o egoístas, de cada miembro del grupo: el más valiente se acobardará, el más cobarde se redimirá mediante un acto heroico, los más fuertes quizás caerán y, por el contrario, los más débiles probablemente sobrevivirán, nacerán historias de amor y otras, en cambio, se romperán para siempre…

Naturalmente que, tanto antes como ahora, el modelo instituido a raíz de La aventura del Poseidón ha sido y es susceptible de interpretaciones de toda índole. Piénsese que, en el momento de su estreno, el crítico Barry Keith Grant llegó a decir que el grupo humano protagonista de la película formaba “una dantesca visión de la sociedad contemporánea entendida como un auténtico infierno”.

Puede que no hubiera para tanto, pero, con independencia de lo que cada cual pueda pensar sobre el film, no es menos cierto que, contemplado con la perspectiva actual, La aventura del Poseidón resulta un espectáculo sobrio y, a la vista de lo que se hace hoy en día, casi intimista, bien sostenido por un estupendo elenco de actores y apoyado en una escenografía sórdida y bien trabajada, que Neame y Allen saben filmar con corrección.

Tampoco se trataba de conseguir nada más y, en este sentido, La aventura del Poseidón cumple con sus expectativas de una manera sensiblemente superior a la retahíla de imitaciones que le siguieron.

Como es fácil de imaginar, el rodaje de una película de las características de La aventura del Poseidón fue un rosario de anécdotas que, por sí solas, darían pie a un libro entero. Dado que aquí no disponemos de tanto espacio, señalaremos a continuación los aspectos técnicos y humanos más divertidos en torno al film, apuntando brevemente algunos títulos influenciados en todo o en parte por la película de Neame y Allen.

Así se hizo

  • A pesar de la complicación que suponía rodar en los decorados diseñados por William Creber, el film se rodó en 68 días, dos menos respecto al calendario previsto.

  • El Poseidón que navega al principio de la película y vuelca por el impacto de la ola gigantes era, en realidad, una maqueta de más de 7 metros de largo que reproducía la imagen del Queen Mary. La maqueta fue filmada dentro de un tanque de agua situado en los platós de la Fox, y actualmente se conserva en el Museo Marítimo de Long Beach.

  • La canción “The Morning After”, ganadora del Oscar, fue grabada por Carol Lynley, la actriz que interpreta a la cantante pop en el film, pero la versión que se oye en el mismo es, en realidad, una combinación de las voces de Lynley y de la cantante francesa Renée Armand.

  • A pesar de que por esa época ya empezaba a sufrir problemas de sobrepeso, la actriz Shelley Winters engordó unos 20 kilos para encarnar a su obeso personaje.

  • Todos los actores, sin excepción, se dieron algún golpe o se arañaron de un modo u otro durante el rodaje, aunque la peor parte se la llevaron Gene Hackman, que se lesionó los ligamentos de un tobillo, Stella Stevens, que sufrió una quemadura al apoyarse en una caldera caliente, y Red Buttons, que se golpeó la rodilla el día que se filmaba la última secuencia, la del rescate, teniendo que ser hospitalizado y debiendo posponerse el rodaje de este final para el día siguiente, en el cual Buttons participó con la pierna vendada.

  • Para filmar la escena en la que Gene Hackman sacrifica su vida cayendo en una zona en llamas, el director no accedió a que su estrella se matase ejecutando ese salto tan peligroso. El especialista Paul Stader fue quien lo realizó. pero, a pesar de todo, se hizo una toma adicional, con Hackman saltando a una piscina, y el montador combinó ambas imágenes de tal manera que, viendo la película, realmente parece que es el famoso actor quien cae a las llamas.

Errores de “raccord”

  • En un plano de la escena en la que el Gran Salón gira sobre sí mismo, puede verse la mano de alguien –¿la de Irwin Allen?– dando indicaciones.

  • Una dama rubia con traje de noche de color negro se estrella sobre el piano del Gran Salón. En la escena siguiente, puede a aparecer vivita y coleando.

  • Antes de trepar por el árbol navideño, puede verse a Shelley Winters tendiendo dos veces seguidas una cadena a su marido, Jack Albertson.

  • En las copias en formato panorámico, puede advertirse en lo alto de la pantalla la presencia de algunos submarinistas controlando el buceo de Gene Hackman por el pasillo inundado. En otros planos de esta misma secuencia se ve en el suelo la ropa que disimula los raíles por los que la cámara hace travelling.

  • Cuando, tras la muerte de Shelley Winters en la sala de máquinas, Jack Albertson se vuelve para mirarla por última vez, puede verse al fondo a un figurante, que hace de muerto, apartando la mano de un fuego para no quemarse.

Más allá de 'La aventura del Poseidón'

El coloso en llamas (1974). Irwin Allen, repitiendo exactamente el mismo esquema, pero sustituyendo el barco naufragado por un rascacielos en llamas. Otro realizador inglés, John Guillermin, codirigió el film, protagonizado por Steve McQueen, Paul Newman, Faye Dunaway y William Holden.

Más allá del Poseidón (1979). Una desastrosa secuela del propio Allen, sobre un grupo de cazadores de fortunas que exploran el recientemente naufragado transatlántico. Con Michael Caine, Sally Field, Karl Malden y Telly Savalas, entre otros.

Daylight. Pánico en el túnel (1996). Un “remake” virtual de la película de Neame, convertido por el director Rob Cohen en un vehículo estelar para Sylvester Stallone, con escenas –como la de la hélice o el pasillo inundado– literalmente copiadas.

Alien. Resurrección (1997). Quién lo diría: Jean-Pierre Jeunet, retomando en la cuarta entrega de la serie Alien toda la secuencia submarina en ¡otro! pasillo inundado… a bordo de una nave en el espacio.

Titanic (1997). Obviamente, la célebre superproducción de James Cameron acusa influencias de la película de Neame: las escenas del naufragio y, sobre todo, las de los pasillos del barco inundándose poco a poco, son una clara referencia.

Poseidón (2006). Una nueva versión (otra, si contamos una adaptación televisiva de 2005), puesta en manos del eficaz Wolfgang Petersen, pero acaso más influida por Titanic que por el film original de Ronald Neame, protagonizada por Kurt Russell, Josh Lucas, Emmy Rossum y Richard Dreyfuss, entre otros.

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