Pantalla 70: 'La matanza de Texas'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 70: 'La matanza de Texas'

Producida con un presupuesto bajísimo y realizada con un desparpajo que, todavía hoy, sigue siendo una de sus cualidades más llamativas, La matanza de Texas (1974) fue el título que lanzó a una (efímera) fama a su realizador, Tobe Hooper, y creó una tendencia dentro del cine de terror-con-psicópata, o “psycho-killer”, cuyos efectos se prolongarían durante mucho tiempo.

LA MATANZA DE TEXAS

Antes de hacer La matanza de Texas su director, Tobe Hooper, contaba en su haber con un amplio curriculum como montador y operador de cámara para la televisión, un par de documentales realizados, siendo muy joven, a mediados de los años sesenta –uno sobre la destrucción del paisaje tejano por culpa de la construcción de parkings, y otro, titulado The Heisters, sobre el grupo de música folk Peter, Paul & Mary–, y un film experimental, Eggshells (1972), construido alrededor de una larga serie de imágenes psicodélicas inspiradas en los efectos alucinógenos del LSD, que nunca llegó a exhibirse.

Tras rodar este último, el propio Hooper llegó a la conclusión que, si quería tener algún futuro dentro del mundo del cine, debía hacer películas, digamos, “con argumento”.

Su primera oportunidad al respecto le llegaría gracias a la Texas Film Commission, un organismo creado en 1971 por el gobernador del estado de Texas, Preston Smith, con la finalidad de fomentar la industria cinematográfica local.

6 SEMANAS

Hay que señalar que la iniciativa de Smith no era en absoluto altruista, puesto que era dueño de una cadena de salas de cine y estaba muy interesado en la producción de films de bajo presupuesto que pudiesen llenar las sesiones de los circuitos de exhibición no controlados por la majors de Hollywood.

Hooper presentó con éxito un guión que había escrito en seis semanas junto con su socio, Kim Henkel, a la comisión del cine texano, entre cuyos miembros figuraban Bill Parsley, futuro productor ejecutivo de La matanza de Texas, Warren Skaaren, director ejecutivo de dicha comisión y antiguo compañero de universidad de Hooper, y la que acabaría siendo la protagonista femenina de la película, la actriz de 21 años Marilyn Burns.

Hooper y Henkel nunca han negado que, a la hora de escribir el argumento de La matanza de Texas, habían tenido muy en cuenta el caso real de Ed Gein, el famoso asesino psicópata y caníbal oriundo de Wisconsin que, como es notorio, inspiraría a Robert Bloch su famosa novela Psicosis y a Alfred Hitchcock su mítica obra maestra del mismo título, realizada en 1960, amen de un reciente biopic fílmico a cargo de Chuck Parello y de una interesante película firmada por Jeff Gillen y Alam Ormsby, Deranged (1974), para algunos –entre ellos, el que suscribe– superior a la, no obstante, más mítica e influyente de Hooper.

Por cierto, Hooper y Henkel habían escrito el film con el título de Leatherface, “Cara de cuero”, el nombre con el que luego sería conocido el famoso asesino demente de la sierra eléctrica que aparece en la película, pero sería idea de Warren Skaaren cambiarlo por el definitivo de The Texas Chainsaw Massacre, es decir, La matanza de la sierra eléctrica de Texas, en España La matanza de Texas.

Reunir el dinero para hacer el film y, a continuación, filmarlo, fue una labor tan dura y demencial como acabaría siendo la propia película.

140.000 DÓLARES

Los primeros que se atrevieron a poner dinero en la misma serían Skaaren y Bill Parsley; más concretamente, este último aportó 60.000 dólares financiados por su empresa, la MAB Inc., a cambio de un 50% de los beneficios que pudiera dar el film.

A continuación, Hooper y Kim Henkel crearon una corporación, la Vortex Inc., dentro de la cual agruparían a la mayoría de intérpretes y miembros del equipo técnico, unas veinte personas (sic), tras acordar que ninguno cobraría nada por su trabajo hasta que la película hubiese sido vendida.

También aportaron su granito de arena a la producción del film personajes tan dispares como Robert Kuhn, un abogado de Austin, la hermana de Kim Henkel, Katherine, y un tal Richard Saenz, que en los créditos figura como “productor asociado”, y que contribuyó con 10.000 dólares que había ganado con su negocio privado: ¡la venta de marihuana!

Su presupuesto total sería de unos irrisorios 140.000 dólares (alrededor de unos 800.000 dólares de hoy, teniendo en cuenta la inflación).

El rodaje empezó el 15 de julio de 1973 y tuvo lugar, durante treinta y dos días, en el interior y en los alrededores de Quick Hill Road, una granja situada cerca de la localidad texana de Round Rock.

La encargada del maquillaje sería Dottie Pearl, una estudiante de antropología, autora de un documental sobre los indios navajos y que andando el tiempo acabaría trabajando en producciones de envergadura a las órdenes de Steven Spielberg (1941), Jonathan Demme (Melvin and Howard) y, de nuevo, Tobe Hooper (Poltergeist), explicaba que la filmación fue “horrible, horrible. Tuvimos entre 40 y 42º centígrados cada día, con un 98% de humedad, un sol abrasador, insectos, mosquitos, hormigas, unas condiciones de trabajo extremadamente duras, un solo lavabo para 40 personas, y en el que una docena escasa de técnicos hacían el trabajo de 50 personas. En cierta ocasión estuvimos rodando 22 horas seguidas con una pequeña pausa para comer. Fue tan agotador y físicamente tan atroz que resulta difícil de describir”.

Por su parte, el director artístico Robert A Burns, que posteriormente seguiría trabajando en otras películas de terror de bajo presupuesto como ¡Aullidos! (Joe Dante, 1980), puso tanto celo en su afán de lograr el máximo efecto macabro en la decoración de la granja donde viven los matarifes texanos que llegaría a preocupar al propio Hooper: “En el film, Leatherface se considera a sí mismo un artista. Para adornar la vivienda familiar, utiliza los materiales que tiene a su disposición: huesos y trozos de piel. Es un poco como lo que hacía el auténtico asesino, Ed Gein. Mi decorador se volvió casi tan loco como él. Se mostraba tan entusiasmado con los objetos macabros que manejaba que empezamos a dudar de si realmente se acordaba de que tan sólo estábamos haciendo una película… Utilizó para los decorados auténticos huesos humanos traídos de la India e incluso un bote lleno de dientes que le habían enviado de Los Angeles” (sic).

El trabajo de los actores fue otro de los puntos fuertes del rodaje.

Entusiasmados con lo que hacían, los intérpretes de La matanza de Texas se entregaron a su labor con una profesionalidad a prueba de balas, hasta el punto de ejecutar en persona numerosas escenas peligrosas tantas veces como fuera necesario, con resultados, en ocasiones, nocivos para su salud.

El corpulento Gunnar Hansen, que ha pasado a la historia del psycho-killer por su papel de Leatherface, se puso de acuerdo con Hooper en que, durante el rodaje, jamás dirigiría la palabra a ninguno de sus compañeros de reparto, a fin de crear un clima enrarecido.

Tobe Hooper tampoco se quedaba corto: “Me ponía a gritar como un loco en medio de las tomas, y también sacudía y rompía cosas, como si estuviese permanentemente enfurecido. Ello contribuyó a crear un ambiente de tensión que favorecía a la atmósfera del film”.

Pero la parte del león se la llevaron las sufridas actrices de la película.

Su protagonista, Marilyn Burns, realizó una de las interpretaciones más trabajosas de la historia del cine de terror, pues buena parte del metraje se lo pasa corriendo, llorando, recibiendo golpes y arañazos, rodando por los suelos y, sobre todo, gritando. “Era, sin duda, la mejor gritadora con la que he trabajado nunca”, diría Larry Carroll, un miembro del equipo.

En el rodaje de la escena final, cuando Sally, su personaje, logra escapar a duras penas de la granja de los matarifes, la actriz fue cubierta por un espeso jarabe que parecía sangre… dándole de paso un susto de muerte a su desprevenida madre, que había ido a visitarla al rodaje.

No menos ardua fue la participación de la actriz Terri McMinn, protagonista de una de las secuencias más salvajes y recordadas del film: aquélla en la que Leatherface la arrastra por sorpresa al interior de la granja, forcejea con ella y, al final, la clava por la nuca de un gancho para la carne, donde la joven agoniza y muere.

La eficacia de este momento también se debió a Dottie Pearl, quien había preparado un arnés colocado bajo la ropa de Terri McMinn que incluía una argolla, escondida por el cabello de la actriz, gracias a la cual sería “colgada”.

16 MM

Sin embargo, una vez concluida la filmación, los problemas de La matanza de Texas todavía no habían acabado.

La película había sido rodada en 16 mm., pero para poder estrenarla en salas comerciales era necesario “inflarla” al formato estándar de 35 mm.

Tobe Hooper y sus socios se habían quedado sin dinero para pagar al laboratorio que tenía que llevar a cabo el cambio de formato y, además, el film carecía de distribuidor.

Una larga serie de estudios de Hollywood –Fox, Warner, Universal– lo rechazaron, alegando que era, literalmente, “una mierda”; tan sólo la Columbia se interesó por el mismo en un primer momento e hizo una oferta de 25.000 dólares, pero se arrepintió tras un visionado en Nueva York.

Finalmente, la salvación de la película vino de la mano de Louis Peraino, un sujeto poco recomendable que era famoso por sus contactos con la Mafia y que había conseguido un notable éxito de taquilla como productor del famoso film pornográfico de Gerard Damiano Garganta profunda (1972).

Peraino compró los derechos de exhibición de La matanza de Texas por 225.000 dólares y lo estrenó, ya en 35 mm., el 28 de agosto de 1974.

Su éxito, teniendo en cuenta lo poco que había costado hacerla, fue brutal: recaudó 602.000 dólares en sus cuatro primeros días de exhibición (3.5 millones de dólares de hoy) y, al cabo de un par de años, su recaudación mundial alcanzaba la respetable cifra de 20 millones de dólares (105.1 millones de dólares de hoy).

Es posible que una serie de factores hayan mermado, en todo o en parte, los elementos que en su momento hicieron que La matanza de Texas fuera considerada un clásico del fantástico y un título renovador dentro del género.

En primer lugar, la evolución posterior de la carrera de Tobe Hooper vino marcada por una progresiva mediocridad, hasta el punto de que, a pesar de algunos títulos más o menos logrados –La casa de los horrores (1981), Poltergeist (1982)– o, como mínimo, curiosos –Lifeforce, fuerza vital (1985), Invasores de Marte (1986)–, el director jamás logró otro triunfo comparable. Por otro lado la película, en sí misma considerada, arrastra consigo el estigma de la humildad bajo la cual fue concebida, lo cual se refleja en algunas irregularidades que terminan lastrando el conjunto: la simplicidad de su guión, la por lo general mediocre labor de sus intérpretes y, a ratos, la fealdad visual de su puesta en escena (que, paradójicamente, en ocasiones también la favorece), son un saldo que pesa en su contra y la ha hecho envejecer, como cualquier otra película coyuntural, antes de tiempo.

Todo ello no obsta para que La matanza de Texas atesore buenos momentos y, sobre todo, una particular atmósfera enfermiza que sigue siendo su principal virtud y justifica, en gran medida, su condición de pieza fundamental para entender el género: su valor como eslabón básico en la ya larga y lustrosa cadena de films dedicados a explorar el lado más oscuro del ser humano, la cual arranca con Psicosis y se prolonga, posteriormente, en La noche de Halloween (John Carpenter, 1978), El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1990) y Seven (David Fincher, 1995).

Secuencias como la del principio, esa inquietante revelación de despojos humanos misteriosamente iluminados por la luz de un flash y rematada por la imagen de un cadáver putrefacto colocado sobre un poste en la carretera; las escenas de los ataques de Leatherface, en particular sus memorables y muy analizadas apariciones tras una puerta metálica corrediza (que se abre y se cierra para sugerir al espectador la presencia de un auténtico infierno de horror y muerte); la secuencia en la que Sally debe huir de Leatherface y su sierra eléctrica, yendo a parar a la granja de los matarifes texanos; o la no menos famosa en la que, atada a una silla, la protagonista, se ve obligada a asistir a una macabra cena, un festín de interminables horrores, justifican, más allá de sus defectos, el prestigio de una película cuya valoración siempre ha estado muy marcada por el momento en que se produjo su estreno: la América violenta y desencantada de mediados de los setenta.

A pesar de la popularidad y el prestigio cosechado por La matanza de Texas, Tobe Hooper no se planteó la posibilidad de rodar una secuela de la misma hasta doce años después.

Ello se debió en gran medida a un problema de derechos de explotación del film original que había arrancado en 1976, cuando Louis Peraino vendió aquéllos a una serie de distribuidores desconocidos sin consultar nada a los legítimos propietarios de la película, Tobe Hooper, Warren Skaaren y el también productor Ron Bozman, desencadenándose así una batalla legal para recuperarlos que no se solucionaría hasta 1981.

Sólo a partir de ese momento, La matanza de Texas proporcionaría a sus dueños legales los beneficios que les correspondían legítimamente. De hecho, una reposición en copia nueva llevada a cabo en 1982 por la distribuidora New Line ingresaría en los Estados Unidos unos 6 millones de dólares adicionales.

200.000 DÓLARES

Ese mismo año, Charles Band, presidente de la Wizard Video y futuro creador de la productora Empire, pagaba 200.000 dólares por la explotación de La matanza de Texas, la mayor cifra nunca desembolsada por los derechos videográficos de una película independiente.

Ninguna de las secuelas de La matanza de Texas producidas en los años 80 y 90 ha conocido estreno comercial en cines españoles, pero todas han aparecido en vídeo y alguna de ellas ha sido emitida por televisión.

La primera, y la mejor, sería la realizada por el propio Tobe Hooper en 1986, The Texas Chainsaw Massacre II, editada en vídeo como Masacre en Texas 2.

Producida por la productora Cannon, tan sólo el actor Jim Siedow, en el papel de Cook, el hermano mayor, repetiría su papel de miembro de la familia de matarifes; Leatherface correría a cargo del actor Bill Johnson, incorporándose al reparto nada menos que Dennis Hopper, en el papel de un furioso padre dispuesto a vengar la muerte de su hija a manos de los carniceros texanos. Barroca y delirante hasta el ahogo, tiene algunos apuntes interesantes, sobre todo lo relativo a la morbosa atracción sexual-sanguinaria de Leatherface hacia la joven encarnada por Caroline Williams.

La tercera y cuarta entregas, Leatherface: The Texas Chainsaw Massacre III (1989), de Jeff Burr, con Ken Foree como Leatherface, y Return of the Texas Chainsaw Massacre (1996), estrenadas en vídeo como La matanza de Texas 3 y La matanza de Texas: la nueva generación, respectivamente, ya no son más que vulgares explotaciones del film de Hooper, dejando al margen algunos detalles sádicos de la versión de Burr y, de cara a los mitómanos, la participación, en la cuarta, de dos famosos astros de hoy en día: Renée Zellweger y Matthew McConaughey, la primera en el papel de sufrida víctima del acoso de los sangrientos texanos, y el segundo encarnando a un joven y entusiasta miembro de la familia más tristemente célebre de la historia del “psycho-killer”.

9.5 MILLONES DE DÓLARES

En 2003 New Line Cinema estrenó un remake oficial, La matanza de Texas, que dirigió Marcus Nispel y protagonizaron Jessica Biel, Jonathan Tucker y, en el papel de Leatherface, Andrew Bryniarski, en un papel inicialmente ofrecido a... ¡Dolph Lundgren!

Entre sus productores, que no fueron pocos, citar al mismo Tobe Hooper y Michael Bay, quien produjo la cinta a través de su compañía Platinum Dunes.

Como detalles curiosos, citar que el actor cómico John Larroquette, el narrador en la producción de 1974, repitió su papel en esta versión, al igual que el director de fotografía Daniel Pearl (la primera Matanza de Texas representó su debut profesional en tal faceta).

El filme fue un éxito comercial, recaudando 107.3 millones de dólares en todo el mundo, según un presupuesto de 9.5 millones de dólares, por lo que generó una secuela, La matanza de Texas: El origen (2006), realizada por Jonathan Liebesman. En su reparto, Jordana Brewster, Matt Bomer y, una vez más, Andrew Bryniarski.

Su costo fue de 16 millones de dólares (20 veces más que la película de Hooper), pero sus ingresos fueron de 51.7 millones de dólares en todo el mundo.

Una de las razones del incremento del presupuesto fue porque los productores se vieron forzados a pagar 3 millones de dólares más a los propietarios de los derechos, Tobe Hooper, Kim Henkel y Robert Kuhn, ya que Dimension Films, la división de Miramax Films de la época y productora de la saga Scream, ofreció una suma algo inferior para hacerse con los mismos.

Después de que Platinum Dunes decidiera no producir más secuelas, la compañía Twisted Pictures adquirió los derechos a Bob Kuhn y Kim Henkel. El resultado fue La matanza de Texas 3D y Leatherface (2017).

La primera fue dirigida por John Luessenhop y de su reparto destacan los nombres de Alexandra Daddario y Scott Eastwood, además de Dan Yeager, el Leatherface más alto de todos los actores que lo han encarnado (mide 1.98 metros de altura).

En La matanza de Texas 3D intervienen Marilyn Burns, en uno de los dos filmes que ha actuado en casi tres decadas, y Gunnar Hansen, el Leatherface original, así como John Dugan, quien dio vida al abuelo en dicho largometraje, y Bill Moseley, Chop Top en Masacre en Texas 2.

Leatherface fue el último filme como productor de Tobe Hooper quien falleció en agosto de 2017. Su rodaje tuvo lugar en Bulgaria, el primer título de la franquicia que no se ha filmado en suelo estodunidense.

Sus directores fueron Alexandre Bustillo y Julien Maury, y de su reparto citar a Stephen Dorff y Lili Taylor.

El pasado mes de febrero, Variety anunció que el cineasta uruguayo Fede Álvarez (No respires, Posesión infernal) será el productor de un nuevo remake que dirigirán los hermanos Ryan y Andy Tohill (The Dig).

Álvarez comentó que "la visión de los Tohill es exactamente lo que quieren los fans de la película: es violenta, emocionante y depravada. No la olvidarán nunca".

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