Pantalla 70: 'Operación Dragón'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 70: 'Operación Dragón'

Qué duda cabe que Bruce Lee fue y sigue siendo la figura más mítica que haya dado el cine de artes marciales. Paradójicamente, su película más popular, rodada con medios de Hollywood y que iba a suponer su confirmación internacional como estrella, acabaría siendo su último gran éxito a título póstumo. Nos referimos a Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973), dirigida por Robert Clouse.

OPERACIÓN DRAGÓN/Warner Home Video

Bruce Lee, actor de origen chino pero nacido en los Estados Unidos, más concretamente en San Francisco el 27 de noviembre de 1940, se vio mezclado en el proyecto de Operación Dragón a principios de 1972.

En ese momento Lee se encontraba trabajando en el cine de artes marciales de Hong Kong, donde ya había escrito, dirigido y protagonizado El furor del dragón (1972), film mítico por una antológica escena en la que Lee se enfrenta a muerte contra un por aquel entonces desconocido Chuck Norris en el Coliseo de Roma, y ahora trataba de poner en marcha otro ambicioso proyecto de artes marciales titulado Juego con la muerte, para el cual ya había llegado a rodar unos veinte minutos de escenas de lucha, y que no se concluiría hasta 1978, cinco años después de su fallecimiento.

Pero no avancemos acontecimientos...

La primera oferta en firme de cara a la realización de Operación Dragón provino de Richard Ma, jefe del departamento de distribución de la Warner Bros. en Asia, quien conocía la enorme popularidad cosechada por Lee en el continente asiático gracias a títulos como Karate a muerte en Bangkok (1971), Furia oriental (1972) –estos dos dirigidos por Lo Wei—, o la ya citada El furor del dragón, y le parecía el candidato idóneo para protagonizar la primera gran producción norteamericana de artes marciales.

Por otro lado, Lee tenía experiencia como actor en lengua inglesa gracias a trabajos como la serie de televisión The Green Hornet (1966) o a su participación como actor secundario en films como Marlowe, detective muy privado (Paul Bogart, 1969), por no hablar de su amistad personal con figuras de Hollywood como Steve McQueen o James Coburn, a los que había instruido en las artes marciales.

El origen

La idea básica para Operación Dragón consistía en convertir a Lee en una especie de James Bond oriental que respondería al nombre de Mr. Lee, un instructor de artes marciales en un templo de Shaolin situado en la zona rural de Hong Kong que es requerido por el Servicio Secreto británico para que se introduzca en la isla que gobierna Mr. Han (Kien Shih), criminal sospechoso de organizar una importante red de tráfico de drogas, aprovechando un espectacular torneo de artes marciales organizado por este último.

Por si fuera poco, Han es uno de los responsables de la muerte de su hermana Su-Lin (Angela Mao), la cual fue brutalmente atacada por Oharra (Bob Wall), uno de los guardaespaldas de Han, y la joven prefirió suicidarse antes de que la violaran.

En su aventura, Lee contará con el apoyo de dos norteamericanos también expertos en la lucha cuerpo a cuerpo: Roper (John Saxon), un jugador que ha tenido que huir de los Estados Unidos por haber acumulado una deuda excesiva con la mafia, y Williams (Jim Kelly), un negro fugitivo por haber golpeado a dos policías racistas.

El guionista Michael Allin elaboró un primer tratamiento con el título provisional de Blood and Steel. A través del productor Fred Weintraub, la Warner llegó a un acuerdo económico con Raymond Chow, productor de los primeros éxitos asiáticos de Lee a través de su productora Golden Harvest, con sede en Hong Kong, a fin de que se convirtiera en coproductor de Operación Dragón.

Era la primera vez que dos majors cinematográficas del Este y el Oeste colaboraban en un mismo film.

El director elegido para llevar a cabo el proyecto sería el norteamericano Robert Clouse, conocido sobre todo por su película policiaca Más oscuro que el ámbar (1970) y por haber escrito el guión del telefilm de Steven Spielberg Something Evil (1972).

El presupuesto de Operación Dragón, inicialmente estimado en unos más bien modestos 500.000 dólares, acabó ascendiendo hasta los 800.000 (4.2 millones de hoy) como consecuencia de una enorme serie de problemas durante la producción y el rodaje, que tuvo lugar en Hong Kong desde el 25 de enero de 1972 hasta el 2 de abril a lo largo de diez semanas, seis más de las inicialmente previstas.

En primer lugar, a Lee no le satisfacía el guión de Michael Allin y lo retocó, introduciendo una serie de elementos característicos del pensamiento oriental que no resultaron del agrado de Weintraub, quien llegó a exclamar que “Este guión es un pedazo de mierda. Todo es filosofía y no hay acción”.

Pese a todo, las escenas adicionales escritas por Lee llegaron a ser filmadas, aunque se eliminarían del montaje final estrenado en cines (las mismas fueron recuperadas en la edición especial del film editada en VHS por Warner en 1998).

Por otro lado, Lee sentía cierta antipatía personal hacia Allin, y dicho sentimiento era recíproco.

Según algunos el guionista había introducido en los diálogos del actor numerosas palabras con la letra “r” para agravar los problemas de Lee cuando hablaba en inglés, hasta el punto de que muchas de sus frases se las aprendía fonéticamente.

Ello provocó tal disputa que el actor, furioso, amenazó con abandonar el rodaje, siendo necesaria la intervención directa de Raymond Chow para calmar los ánimos de su estrella.

El rodaje

La filmación de Operación Dragón no fue un lecho de rosas para ninguna de las personas involucradas en la misma. Al principio del rodaje, el cambio de clima y de hábitos culinarios mermó la salud del equipo norteamericano, que sufrió diarreas y fiebres.

Las elevadas temperaturas provocaron cortocircuitos en los generadores y explosiones de los focos.

Resultaba muy dificultoso coordinar un equipo técnico compuesto a partes iguales por norteamericanos y chinos, y más teniendo en cuenta la escasez de traductores y las diferencias de nivel de producción de las cinematografías implicadas.

Todo ello en un plató lleno de cientos de extras orientales pertenecientes a diferentes “tríadas” o clanes de las mafias locales que, a la primera de cambio, aprovechaban las escenas en que fingían luchar para atacarse de verdad.

Como recuerda Weintraub, “si teníamos que rodar un primer plano de un actor, debíamos apartar constantemente a 200 personas porque se amontonaban sobre la cámara. Explicábamos a los traductores las indicaciones diariamente, ellos nos decían que lo habían entendido todo correctamente, se lo explicaban a los actores y todos sonrientes nos decían que lo habían comprendido y que no había ningún problema. Empezábamos a rodar y lo que hacían no se parecía en nada a lo que nosotros pretendíamos conseguir. Incluso hubo veces que tuvimos que explicarnos por medio de mímica. Con todo esto no queremos decir que los traductores no supieran hacer su trabajo, sino que hay expresiones que no tienen traducción en inglés y viceversa”.

A todo ello habría que añadir las propias peripecias físicas de los actores. Peter Archer, actor australiano al que en una escena Lee echa al mar dentro de un bote, no sabía nadar y casi muere ahogado cuando la embarcación se hundió, siendo rescatado in extremis por miembros del equipo técnico.

El propio Lee no salió indemne de la quema.

El actor, que además de preparar las coreografías de artes marciales que aparecen en la película llevó a cabo todas sus escenas de lucha (si bien en los créditos figura Biao Yuen como doble personal suyo), padeció numerosos percances.

Rodando una escena en la que manipulaba una cobra, el reptil le propinó un mordisco. Por suerte el veneno de la serpiente había sido previamente extraído, pero el incidente alarmó al actor, quien para asegurarse paralizó el rodaje durante una semana.

Peor fue, no obstante, lo que ocurrió filmando una espectacular pelea con Bob Wall, norteamericano que por aquel entonces ostentaba un título mundial de campeón de artes marciales.

En dicha escena Lee y Wall se enfrentan violentamente y este último blande contra el protagonista unas botellas rotas. Lee insistió en rodar con botellas de verdad y no con unas de cristal de caramelo, como suele ser lo usual, y el resultado fue que Wall le hirió accidentalmente en una mano, necesitando doce puntos de sutura.

El actor se enfureció tanto con Wall, convencido de que le había herido a propósito, que juró que le mataría. Poco después, ya calmado, incluso le pidió disculpas, aunque hay quien dice que en las siguientes escenas de lucha que rodaron el protagonista golpeaba a Wall más fuerte de lo necesario.

También se produjeron otras vicisitudes más divertidas y pintorescas.

Para rodar la secuencia de la lujosa fiesta de Han a los huéspedes de su isla, fue necesario contratar como extras a auténticas prostitutas de Hong Kong porque las actrices locales, ya de por sí consideradas “mujeres de vida alegre” según la rígida mentalidad oriental, se negaban a hacer de rameras.

La entrega y dedicación de Lee a su papel dio como resultado algunas increíbles proezas físicas, como la patada que propina a Bob Wall saltando hacia atrás con una voltereta completa en el aire, o un puñetazo dado a tanta velocidad que fue necesario ralentizar la velocidad de proyección de la imagen para que fuera visible al ojo humano.

Asimismo, la famosa pelea final de Lee y Han en la sala de los espejos, que no estaba prevista en el guión, fue una idea de Clouse y su esposa y ayudante Ann.

Clouse declararía que “tiempo después de que la escena de los espejos tuviese éxito fui acusado de robar la idea de la película La dama de Shanghai, de Orson Welles, una película que no había visto y que nunca veré (sic)".

Operación Dragón fue un enorme éxito comercial en todo el mundo, estimándose que su recaudación total fue de 90 millones de dólares (481 millones de hoy).

Hay que destacar a título anecdótico el fracaso que cosechó en el sudeste asiático, donde fue considerada excesivamente “occidental”: por ejemplo, recaudó 3.307.526 dólares en Hong Kong, por debajo de los 4.431.423 y de los 5.307.350 conseguidos respectivamente por las mucho más modestas Furia oriental y El furor del dragón.

En cualquier caso, Bruce Lee no vivió para saborear semejante triunfo: el actor había fallecido el 20 de julio de 1973, a los 32 años, semanas antes del estreno en los Estados Unidos.

Años después sería el mismo Robert Clouse, que se había ganado la amistad y la confianza de Lee durante tan dificultoso rodaje, quien se encargaría de completar Juego con la muerte a partir de aquellos veinte minutos filmados por Lee. Pero esa ya es otra historia...

La película

Operación Dragón es un combinado de tendencias, modas y géneros característicos del momento en que fue realizada, primera mitad de la década de los setenta.

El argumento incluye elementos extraídos del cine de artes marciales de Hong Kong, como una típica trama de venganza (Lee lleva a cabo la misión tanto para detener a Han como para vengar la muerte de su hermana) o las peleas cuerpo a cuerpo y sin armas de fuego, a fin de facilitar la introducción del mayor número posible de escenas de lucha (en la isla de Han están expresamente prohibidas), insertados en un patrón narrativo calcado de cualquier película de la serie James Bond: desde la presencia del Servicio Secreto británico (piénsese que Hong Kong todavía era colonia inglesa) hasta el decorado del refugio subterráneo de Han, por no hablar del aspecto físico de este último y su habilidad para reemplazar su mano amputada (y que, detalle avieso, conserva descarnada en su museo particular) por una mano de hierro, una zarpa o una garra de cuatro cuchillos, que recuerda al famoso villano de Agente 007 contra el Dr. No.

Otros elementos característicos del cine de la época los encontramos, por ejemplo, en el actor Jim Kelly, aquí en su debut en el cine, cuya presencia en el reparto parece una concesión a la moda del blaxplotation, o cine “de” y “para” negros, puesta en boga a raíz del éxito de Las noches rojas de Harlem (Gordon Parks, 1971), primera aventura cinematográfica del detective Shaft; en la estética pop de algunos momentos, como la escena en la que Han golpea brutalmente a Williams en una habitación iluminada como si fuera una discoteca y llena de chicas “colocadas”; o la partitura musical del argentino Lalo Schifrin, cuyo sonido remite al de muchas producciones del momento.

No menos colorista resulta la labor de puesta en escena de Robert Clouse, cineasta modesto que, con todo, cuenta en su haber con una pequeña pero agradable película de ciencia ficción futurista, Nueva York, año 2012 (1975), reivindicada en algunos sectores.

En este sentido, resulta curioso comprobar cómo resolvió el encargo de hacer Operación Dragón, confeccionando un film de acción rodado con medios de Hollywood pero que, en determinados instantes, respeta algunos de los rasgos de estilo característicos del cine de artes marciales de Hong Kong.

Es sumamente chocante ver cómo Clouse hace gala de una planificación clásica, “americana”, a base de abundantes planos generales realzados por el vistoso formato Panavisión, y cómo a continuación, sobre todo en las escenas de lucha, rompe dicha planificación introduciendo, vengan o no a cuento, descarados zooms en primer plano a los ojos de los combatientes, como se hacía habitualmente en muchas producciones de artes marciales de Hong Kong de la década.

Todo lo cual erige a Operación Dragón en un producto marcado a fuego por el momento en el que fue realizado, lo cual constituye su principal, aunque rudimentario, encanto.

Anécdotas y curiosidades

Operación Dragón se ha ganado un destacado lugar en el podio de los films de culto por ser la última película que llegó a completar Bruce Lee antes de su prematuro fallecimiento, hasta el punto de que todavía hoy es el film de artes marciales por antonomasia, si bien es verdad que sobre todo a los ojos del espectador occidental.

  • La película es una auténtica fiesta para los amantes del cine de artes marciales, dado que en su reparto se encuentran otras famosas estrellas del género: Bolo Yeung, como el musculoso secuaz de Han (el nombre real del actor es Yeung Sze, apelativo que se cambió a raíz de su participación en este film, donde su personaje se llamaba Bolo); Angela Mao Ying, más conocida como Angela Mao, que en la película es Su-Lin, la hermana asesinada de Lee; Shih Kien, veterano actor chino que encarna al malvado Han, cuya voz fue doblada al inglés por Keye Luke (actor chino-americano visto, entre otras, en Gremlins) porque ni hablaba ni entendía dicho idioma; y Jackie Chan, visto fugazmente en la secuencia de la pelea en la cueva: es el esbirro de Han al que Lee coge por el cabello y golpea en el cuello.

  • El póster original norteamericano, en el que se ve a Lee sosteniendo con los brazos en alto unos “nunchakus”, arma oriental consistente en dos palos unidos por una cadena, fue censurado en Inglaterra, donde los “nunchakus” estaban prohibidos. El póster modificado, en el que se ve a Lee sosteniendo algo parecido a un bastón, fue el mismo que se empleó en España con motivo del estreno del film.

  • Bruce Lee falleció en Hong Kong, víctima de un edema cerebral. El actor se encontraba en su apartamento en compañía de su amante, Betty Ting Pei, y se había citado con el productor Raymond Chow para concretar detalles de su nueva película, Juego con la muerte. Alrededor de las siete de la tarde, alegando un dolor de cabeza, Lee se retiró a su habitación a descansar. Dos horas después, Chow recibía una desesperada llamada telefónica de Ting Pei informándole que Lee no se había despertado. El productor tardó treinta minutos en llegar al apartamento por culpa de la densidad del tráfico. Una vez allí, un médico diagnosticó que Lee debía ser ingresado inmediatamente en el hospital Queen Elizabeth, donde todos los esfuerzos por reanimarle resultaron inútiles.

  • Las extrañas circunstancias del fallecimiento de Lee crearon una especie de leyenda negra que todavía hoy divide a sus fans. La autopsia confirmó que el edema cerebral que acabó con su vida fue consecuencia de una reacción hipersensible a un calmante de uso legal, aunque hay quien afirma que esa reacción tan aguda pudo deberse al cannabis, que el actor fumaba por prescripción facultativa. Chow se vio sospechosamente involucrado en la muerte del actor porque en un primer momento afirmó a la prensa que Lee había muerto en su propio hogar, a fin de no manchar la reputación del actor ni la de su esposa, Linda Lee, por el “affaire” con Betty Ting Pei. Por otro lado, el detalle del cannabis sirvió para relacionar a Lee con la mafia de Hong Kong y contribuyó a erigir el famoso rumor de que el actor había sido asesinado por haber revelado a Occidente los secretos de las artes marciales.

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