Pantalla 70: 'Taxi Driver'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 70: 'Taxi Driver'

En 1976 se estrenaba en los Estados Unidos una película que se convertía en reflejo crítico de la mala conciencia de la no menos convulsa Norteamérica de los años setenta: Taxi Driver, escrita por Paul Schrader, dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Robert De Niro, Jodie Foster y Harvey Keitel.

TAXI DRIVER/Columbia

Corría el año 1974. Martin Scorsese acababa de realizar Alicia ya no vive aquí (1974) y preparaba la compleja preproducción de su costosa película musical New York, New York (1977), cuando conoció a Paul Schrader, guionista de Taxi Driver y, a partir de ese momento, colaborador de Scorsese en varias –y memorables— ocasiones: Toro salvaje (1980), La última tentación de Cristo (1988) y Al límite (1999). Schrader, que poco después se labraría su propio prestigio como cineasta –gracias a títulos como Hardcore, un mundo oculto (1978), American Gigoló (1979), El beso de la pantera (1980), Mishima (1985), El placer de los extraños (1990), Posibilidad de escape (1991) o Aflicción (1997)—, gozaba en aquellos momentos de cierto prestigio como guionista, habiendo escrito entre otros el guión del excelente thriller de Sydney Pollack Yakuza (1975).

“Fue Brian De Palma quien me presentó a Paul Schrader –recuerda Scorsese—. Yo quería que Paul me escribiese un guión a partir de El jugador, de Dostoievski, pero Brian me confió que Paul tenía un guión ya escrito, Taxi Driver, que en aquella época él no quería o no podía hacer. Así que lo leí. Un amigo también lo leyó y me dijo que era genial: estábamos de acuerdo en que era el tipo de film que yo debía hacer”.

El origen

El guión de Paul Schrader no había surgido como consecuencia de ningún encargo, sino a modo de espontáneo exorcismo de diversas inquietudes personales del guionista, quien durante el verano de 1972 acababa de ver frustrada la posibilidad de llevar al cine su primer guión original, titulado Pipeliner.

“Al tiempo que el proyecto de Pipeliner se venía abajo –explicaba Schrader—, recibí otros dos golpes: mi matrimonio se vino abajo, y lo que hizo que mi matrimonio se viniera abajo se vino abajo, todo ello en un intervalo de cuatro o cinco meses. Caí en un estado maníaco-depresivo. Me dio por deambular por las noches. No podía dormir de tan deprimido como estaba. Solía quedarme en la cama hasta las cuatro o las cinco de la tarde, luego solía decir: “Bueno, ahora puedo echar un trago”. Me levantaba y tomaba una copa, me llevaba la botella conmigo y empezaba a deambular por las calles en mi automóvil durante la noche. Después de que cerrasen los bares iba a ver pornografía. Solía hacerlo todas las noches, hasta el amanecer, durante unas tres o cuatro semanas; un síndrome muy destructivo: no comía nada, sólo bebía. Hasta que me salvó una úlcera. Cuando salí del hospital me di cuenta de que tenía que cambiar de vida, porque si no me moriría y todo eso. Decidí marcharme de Los Angeles. Fue entonces cuando caí en la cuenta de la metáfora para Taxi Driver, y supe que ésa era la metáfora que había estado buscando”.

Schrader ha confesado en ocasiones que el guión de Taxi Driver era la consecuencia de otras experiencias personales, como la influencia de la novela existencialista de Jean-Paul Sartre La náusea, su fascinación por las armas de fuego (que compartía con otros dos buenos amigos, los también guionistas y realizadores John Milius y James Toback), y en particular su interés por Arthur Bremer, personaje real que había intentado asesinar al gobernador norteamericano George Wallace, dejándolo paralítico, y autor de un diario íntimo sobre sus motivaciones que Schrader estudió concienzudamente.

Bremer sería la inspiración indirecta del protagonista de Taxi Driver: Travis Bickle, de 26 años, ex Marine que trabaja por las noches como taxista a causa de su insomnio.

Los primeros postores del guión fueron el matrimonio de productores formado por Michael y Julia Phillips, quienes compraron una opción sobre el mismo en 1973.

En un primer momento se mencionó a Robert Mulligan como director del film y a Jeff Bridges como posible protagonista, decisión que desagradaba enormemente a Schrader, sobre todo después de haber visto la película de Scorsese Malas calles (1972), protagonizada por Harvey Keitel y Robert De Niro.

Sería una mediación directa de De Palma la que colocaría a Scorsese y De Niro como realizador y protagonista ideales, respectivamente, para el proyecto.

“Ese año –explica Scorsese— De Niro había ganado un Oscar por El padrino, 2ª parte (1974), Ellen Burstyn tenía el suyo por Alicia ya no vive aquí y Paul acababa de vender Yakuza a la Warner. Todo iba bien. Michael y Julia Phillips, que habían comprado el guión, acababan de ganar otro Oscar con El golpe (George Roy Hill, 1973) y estaban convencidos de que tenían el suficiente poder para producir el film, aunque finalmente sólo lograron reunir 1.300.000 dólares (6.4 millones de hoy), lo cual no es mucho. En realidad, llegamos a pensar en realizarla en vídeo y blanco y negro. Evidentemente, hacíamos esto por amor al arte, sin pensar en un gran éxito comercial”.

El hecho de que en Taxi Driver participaran personalidades que acababan de conseguir por separado éxitos como El golpe, El padrino, 2ª parte, Alicia ya no vive aquí y Yakuza fue suficiente para convencer a Columbia Pictures para que financiara y distribuyera un proyecto que, por si fuera poco, resultaba enormemente barato: al final costó menos de dos millones de dólares.

Ello se debió en gran medida a la labor desinteresada de la mayor parte del equipo técnico y artístico: De Niro protagonizó la película por tan sólo 35.000 dólares, 171.000 dólares de hoy (el actor, entusiasmado con este proyecto, había rechazado previamente una oferta de medio millón para hacer otro film).

La filmación

Taxi Driver se rodó en Nueva York durante los meses de julio y agosto de 1975, aunque la postproducción se llevaría a cabo en Los Angeles.

El trabajo con los actores resultó particularmente gratificante, confiriéndole al film la condición de “película de amigos”, en el mejor sentido de la expresión.

Al principio estaba previsto que Keitel encarnara a Tom, que trabaja en la campaña electoral del senador Charles Palantine junto a Betsy (Cybill Shepherd), la chica que se convierte en objeto del deseo amoroso de Travis, pero finalmente Keitel interpretó a Sport, el proxeneta que chulea a la adolescente prostituta Iris (Jodie Foster), y el papel de Tom fue a parar a manos de Albert Brooks.

Por su parte, Jodie Foster ya había trabajado con Scorsese en Alicia ya no vive aquí. Diahnne Abbot, que interpreta a la dependienta del cine porno, era por aquel entonces la esposa de De Niro, y Steven Prince, intérprete del vendedor de armas, era un amigo de Scorsese que luego sería el centro de atención de su mediometraje American Boy: A Profile of Steven Prince (1978), actor en New York, New York y ayudante de dirección en El último vals (1978).

La improvisación fue una constante a lo largo del rodaje.

La más famosa secuencia espontánea del film sería aquélla en la que De Niro improvisó sus líneas de diálogo cuando Travis se mira al espejo y practica con sus pistolas mientras exclama “¿Estás hablando conmigo? ¿Estás hablando conmigo?”, momento imitado y parodiado hasta la saciedad, incluso por el propio De Niro en Las aventuras de Rocky y Bullwinkle.

Otra secuencia improvisada, en este caso, por Keitel sería aquélla en la que Sport conversa con Iris en su habitación y ambos se ponen a bailar abrazados.

Por otro lado, según Michel Cieutat, la caracterización física de Iris también se improvisó durante la filmación: “Schrader, una noche, en un bar, a las tres de la madrugada, se fijó en una chica. Estaba completamente borracho, por lo que se atrevió a pedirle que le acompañara a su hotel, donde descubrió que se trataba de una prostituta, menor de edad y drogadicta. Al día siguiente, por la mañana, invitó a Scorsese a desayunar y le presentó a la muchacha que le permitiría rescribir el papel de Iris”.

Esta joven, llamada Garth Avery, aparece brevemente en el film paseando junto a Jodie Foster.

Hay que mencionar que entre los principales méritos del film se encuentra la fotografía de Michael Chapman, en su primera colaboración con Scorsese, y la banda sonora compuesta por el veterano Bernard Herrmann, bien conocido por sus trabajos con Alfred Hitchcock (entre ellas, Vértigo, Con la muerte en los talones o Psicosis) y que firmaría aquí su último trabajo: como recuerda Michael Phillips, “tuvimos dos días para grabar la música. Terminamos el grueso del trabajo en un día y medio, y pensamos en dejar para el día siguiente la regrabación del tema de amor, pues en atención a la salud de Benny –se encontraba muy mal y estaba muy débil— estábamos dispuestos a posponer la sesión para el día siguiente. Sin embargo, él dijo: “No, hagámoslo hoy”. Lo solucionamos todo en una hora y media y terminamos a las cinco de la tarde. Murió aquella misma noche [el 24 de diciembre de 1975] mientras dormía”.

Taxi Driver recaudaría 21 millones de dólares sólo en los Estados Unidos (103 millones de hoy).

Además, ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1976 y fue candidata a los Oscar de mejor película, actor (Robert De Niro), actriz secundaria (Jodie Foster) y banda sonora (Bernard Herrmann), pero no consiguió menciones ni para Scorsese ni Schrader y, al final, tampoco ganó ninguno: la triunfadora de aquel año sería la mucho más optimista Rocky (John G. Avildsen, 1976).

La película

Uno de los grandes aciertos de Taxi Driver sigue siendo la idea, a mi entender genial, de que el protagonista de la película sea, precisamente, un taxista de Nueva York: cualquier persona que haya visitado la Gran Manzana y, sobre todo, que haya tenido la (desagradable) necesidad de coger un taxi y tener que vérselas con un taxista neoyorquino, entenderá perfectamente que un personaje como Travis Bickle tan sólo puede ser alguien que ejerza esa profesión en esa ciudad.

En lo único que el film acusa, relativamente, el paso de los años es en la manera como está retratada Nueva York, oscura y sórdida, muy diferente a como es ahora: conscientes de ello, cuando Scorsese y Schrader volvieron a colaborar juntos en esa tan interesante como extrañamente subvalorada película que es Al límite (en la que todo el mundo se empeñó en ver una mera puesta al día de Taxi Driver), tuvieron mucho cuidado de ubicar temporalmente la acción a finales de la década de los ochenta, justo antes de la gran rehabilitación que experimentó la ciudad de los rascacielos durante los noventa.

Taxi Driver es un film de Scorsese, pero también un film de Schrader.

Como recordaba este último, “Scorsese fue quien dijo que Taxi Driver es mi película, Toro salvaje es de De Niro y La última tentación de Cristo es la suya”.

Afirmación probablemente exagerada, pero representativa del grado de complicidad existente entre ambos cineastas.

En este sentido, Taxi Driver está construida a modo de espeluznante odisea psicológica de un personaje perturbado ante la visión de un mundo sucio y degradado, física y moralmente, en el que los criminales parecen campar a sus anchas y contra el que el protagonista se rebela adoptando una postura radical.

Naturalmente que hubo quienes vieron en el film una mera apología de la venganza, como si Travis Bickle fuera, simplemente, una versión demente de los justicieros urbanos puestos de moda por el cine norteamericano de los años setenta.

Pero no fueron pocos quienes percibieron que en el fondo de Taxi Driver se ocultaba una verdad mucho más profunda: la de una visión paranoica de la Norteamérica de la época, obsesionada por la derrota en Vietnam, por las armas de fuego, por el aumento de los índices de criminalidad y, en resumidas cuentas, por el fin del sueño americano.

Todo ello narrado a través de un incómodo personaje que, simbólicamente, no puede dormir por las noches (víctima de una mala conciencia cuyas causas es incapaz de precisar), incapaz de superar un conato de relación amorosa hacia una mujer demasiado sofisticada para él (Betsy: representante de la liberación sexual femenina surgida en la década de los sesenta) y que decide convertirse en “el defensor” de una niña prostituta a la que también tiene idealizada (Iris: otra consecuencia directa de esa liberación sexual de los sesenta), acabando con aquellos que, a su entender, la tienen esclavizada, en una matanza sanguinaria convertida en metafórico acto purificador (lo más llamativo y, curiosamente, también lo menos consistente de la función).

Si hay películas que saben conectar como pocas con el espíritu del momento social en que fueron realizadas, sin duda Taxi Driver es una de ellas.

Curiosidades y anécdotas

La película de Martin Scorsese sigue siendo todavía hoy una de sus obras más veneradas y objeto de estudio para las nuevas generaciones de cinéfilos por su condición de “cult movie” para los admiradores de su director, de Robert De Niro o de Jodie Foster.

Recordemos algunas curiosidades al respecto:

  • Varios estudios consideraron la posibilidad de hacer la película. Uno de ellos propuso nada menos que al cantante Neil Diamond para que fuera su protagonista.

  • Robert De Niro preparó su papel trabajando doce horas diarias como taxista durante un mes y estudiando informes sobre enfermedades mentales. Por su parte, Harvey Keitel se informó para su personaje de proxeneta conversando con auténticos chulos.

  • Rock Hudson fue considerado para interpretar al senador Palantine, pero el actor se encontraba ocupado rodando la popular serie de televisión El comisario McMillan y su esposa desde 1971.

  • Jodie Foster tenía tan sólo 12 años cuando rodó el film. Para evitar cualquier problema de censura por emplear a una actriz menor de edad en un papel lleno de connotaciones sexuales, Scorsese utilizó a Connie, una hermana de Jodie ocho años mayor que ella, como doble de cuerpo.

  • La película porno que Travis y Betsy ven en la sala X es real: se titula Kärlekens sprak (1969), es de nacionalidad sueca, y sus protagonistas son Inge y Sten Hegeler.

  • Scorsese aparece en el film interpretando a un nervioso pasajero de Travis que quiere matar a su esposa porque le es infiel. El director decidió hacer el papel a última hora porque el actor previsto, George Memmoli, acababa de sufrir un accidente rodando otra película.

  • El corte de pelo a lo mohawk que luce De Niro en las escenas finales no es real, sino una peluca preparada por el maquillador Dick Smith, responsable de los efectos especiales de maquillaje de Taxi Driver y autor de los célebres trucajes de El exorcista.

  • Mientras montaba el film, Scorsese mantuvo largas conversaciones con el comité de calificación moral de la Motion Picture Association of America (MPAA) a fin de evitar que la violencia de la película provocara su calificación con la por entonces vigente “X” que señalaba los films exclusivamente para público adulto. El director aceptó una sugerencia de la MPAA consistente en mostrar la matanza final con un ligero virado en sepia, a fin de amortiguar el impacto del momento, y luego comprobó, estupefacto, que de esa manera la secuencia resultaba más cruda.

  • En 1981, el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, sufrió un atentado con arma de fuego cometido por John Hinkley. Durante el juicio contra este último, su defensa alegó que Hinkley había visto quince veces Taxi Driver y, además, el propio Hinkley llegó a afirmar que había cometido el atentado como muestra de su amor por Jodie Foster, a la que idolatraba desde que la viera en el film de Scorsese.

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