Pantalla 80: "El beso de la pantera'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 80: "El beso de la pantera'

Nastassja Kinski revalidó su condición de actriz de culto a principios de los ochenta protagonizando El beso de la pantera (Cat People, 1982), nueva versión de la famosa La mujer pantera que supuso una insólita y atractiva incursión en el género fantástico del realizador Paul Schrader.

CAT PEOPLE/Universal

No era la primera vez que se proyectaba un remake del clásico de Jacques Tourneur La mujer pantera (1942), una de las mejores y más famosas películas fantásticas de la historia del cine.

Un primer intento tuvo lugar en 1963 de la mano de los productores norteamericanos Milton Subotsky y Aaron Rosenberg, propietarios de la productora británica Amicus especializada en cine fantástico.

A mediados de los setenta, Subotsky llevó a cabo una segunda tentativa al respecto que debía ser rodada en tres dimensiones (!), y en 1978 el nombre del famoso realizador francés Roger Vadim (Y Dios creó a la mujer, Barbarella) sonó como director de un tercer proyecto.

El intento definitivo tendría lugar en 1981 de la mano de la Universal, en régimen de coproducción con la RKO, productora de la primera versión y propietaria del copyright sobre el guión original, quienes ya contaban con un argumento escrito por Alan Ormsby, extraño personaje vinculado al cine de terror de bajo presupuesto en calidad de guionista y técnico de efectos especiales de maquillaje, cuyo principal crédito profesional era haber coescrito y codirigido con Jeff Gillen la cult movie Deranged (1974), interesante relato centrado en las peripecias de un asesino en serie inspirado en el mítico Ed Gein.

El origen

Uno de los aspectos más desconcertantes de esta nueva versión de La mujer pantera sería la participación del guionista y realizador Paul Schrader al frente de la misma.

Muchos se preguntaron en su momento qué hacía el perturbador guionista de Taxi Driver y Toro salvaje, el inquietante realizador de Blue Collar, Hardcore, un mundo oculto o American Gigolo y futuro firmante de Posibilidad de escape y Aflicción, dirigiendo una película inscrita en un género popular como es el de terror, en principio ajeno a sus intereses más intelectuales.

El propio Schrader explicaría que “llegué a hacer esta película porque estaba bloqueado. Había escrito cinco guiones en un año y había rodado tres de ellos, así, uno detrás de otro. Dejé de escribir porque sólo estaba dirigiendo. Hice “Toro salvaje” entre medias, como un favor. Terminé American Gigolo y decidí volver a escribir. Mi agente empezó a intuir la desesperación en la que me estaba hundiendo y en la Universal tenían este proyecto que querían hacer y que sólo veían como algo explotable comercialmente. Y me iban a pagar mucho dinero. Y mi agente me dijo: “mira, tienes que volver a trabajar”. Me pareció lógico, así que dije: “mierda, voy a aceptar el trabajo”. Algo que para mí antes habría constituido un anatema. “Voy a hacer algo que se aparte por completo de mis objetivos presentes, eso es, voy a hacer una película no-realista sobre mito y magia”. Y resultó ser el mejor antídoto. Me liberé de mi enorme bloqueo, me sentí revitalizado”.

Como en la primera versión, el principal personaje de El beso de la pantera es Irena Gallier, una joven que pertenece a una raza de seres sobrenaturales, los cat people, mitad hombres mitad animales, que tan sólo pueden procrear entre los de su propia especie, pues en el supuesto de que practicaran el sexo con seres humanos se transformarían en feroces panteras negras y tan sólo matando a alguien podrían recuperar su aspecto humano.

Encontrar a una actriz que se ajustara a este rol resultaba complicado pues, como sigue explicando Schrader, “la protagonista tenía que reunir cinco características indispensables. Uno, necesitábamos a una chica que tuviera cierto aire internacional, que no fuera “provinciana”. Que no pareciera pertenecer a ningún lugar. Que tuviera esa cualidad eterna. Dos, necesitaba a una chica que resultara creíble como virgen. Tres, necesitaba a una chica que pudiera actuar. Estas dos últimas cosas parecen contradictorias: alguien que resulte creíble como virgen es normalmente demasiado joven para actuar. Necesitaba a alguien que tuviera la belleza de las diosas del sexo. Y finalmente, necesitaba a alguien que pudiera desnudarse. Y si pones esas cinco cosas sobre la mesa, ya excluyes a un montón de gente”.

La elegida sería la alemana Nastassja Kinski, nacida el 24 de enero de 1959 en Berlín e hija del famoso actor de origen polaco Klaus Kinski (1926-1991). La actriz, que en aquella época todavía figuraba acreditada como Nastassia Kinski, era una de las nuevas figuras más prometedoras del cine europeo, sobre todo gracias a su participación en Tess (Roman Polanski, 1979), y acababa de desembarcar en el cine norteamericano incorporándose al reparto del costoso musical de Francis Ford Coppola Corazonada (1982). De hecho, el rodaje de este último se alargó tanto que Schrader empezó las dos primeras semanas de filmación de El beso de la pantera sin su principal protagonista.

Otros destacados intérpretes del film serían el británico Malcolm McDowell, inolvidable antihéroe de La naranja mecánica, en el papel de Paul Gallier, hermano de Irena y sanguinario hombre-pantera que no duda en saciar sus bajos instintos asesinando a mujeres mientras espera que Irena llegue del extranjero y acceda a aparearse con él; John Heard, actor de carácter luego visto en infinidad de títulos (El sendero de la traición, Solo en casa 1 & 2, Despertares, El informe pelícano), interpretando a Oliver Yates, el veterinario del zoo de Nueva Orleans que se enamora de Irena; Annette O’Toole (Límite: 48 horas, Superman III), que encarna a Alice, la ayudante de Oliver en el zoo; y Ed Begley Jr., quien ya había trabajado con Schrader en Blue Collar y Hardcore, un mundo oculto, interpretando a Joe, otro ayudante de Oliver que tendrá un mortal encontronazo con la pantera.

Anotemos, como curiosidad, la presencia en un papel secundario de Berry Berenson, hermana de la también actriz Marisa Berenson (Cabaret, Barry Lyndon), y famosa sobre todo por haber estado casada con Anthony Perkins –de quien enviudó en 1992— y por su fallecimiento en fatídicas circunstancias: Berry Berenson formaba parte de los pasajeros que viajaban en uno de los dos aviones que fueron estrellados contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

Antes de empezar a filmar, Schrader reescribió por completo el guión de Alan Ormsby en estrecha colaboración con este último, y aun así prefirió no ser acreditado como coguionista: “volví a estructurar la película, como hago siempre, y de las cuarenta y seis escenas principales creo que había unas quince que quería conservar. Él me entendió inmediatamente: es un excelente guionista. Estuvo trabajando, lo escribió y luego nos sentamos y lo reescribimos juntos”.

Presupuesta en 15 millones de dólares (41 millones de hoy), un costo bastante alto para la época, el grueso del rodaje de El beso de la pantera tuvo lugar en Nueva Orleans, donde transcurre la acción de la película: “es la más “no-americana” de todas las ciudades. Ha estado bajo tantas banderas que ya no sabe a qué parte del país pertenece. Tiene ese halo de ciudad en la que todo es posible, en la que todo puede suceder y existir. Es una ciudad mágica”.

El rodaje

La filmación de El beso de la pantera transcurrió, en el plano humano, sin incidentes dignos de ser reseñados, con la salvedad del affaire amoroso que vivieron Schrader y la Kinski durante la producción.

Prácticamente no se conocen declaraciones de la actriz al respecto y una mención hecha por el realizador es de lo más lacónica: “Complicó mi vida mucho más de lo que se pueden imaginar y eso es todo lo que quiero decir”.

Un aspecto particularmente interesante del film es su sofisticado diseño de producción, concebido por el propio Schrader junto con el decorador milanés Ferdinando Scarfiotti, por esos años colaborador habitual del realizador.

Por ejemplo, el zoo que aparece en la película es absolutamente ficticio, un decorado deliberadamente anticuado lleno de jaulas a la altura de los visitantes sin apenas medidas de seguridad, de ahí que los dueños del auténtico zoo de Nueva Orleans exigieran a la Universal la inserción de una nota final en los créditos donde constara que las escenas de las jaulas habían sido rodadas en estudio.

Fue Scarfiotti quien diseñó, dibujándolas previamente en un storyboard, dos llamativas secuencias oníricas rodadas con vivos colores anaranjados: la que abre el film, y en la que se describe sucintamente el origen primitivo de los cat people, y otra posterior, en la que Irena sufre una especie de ensoñación en la que su hermano Paul la conduce frente al árbol donde vivían las panteras negras.

Apuntemos que en esta última aparecía Ruth Brigitte Toecki, madre de Nastassja Kinski en la vida real, haciendo de madre-pantera de la protagonista, pero Schrader acabó eliminando su escena del montaje definitivo, luego recuperada en una edición especial en DVD editada en los Estados Unidos (ver Curiosidades y anécdotas).

La película

El beso de la pantera es la demostración de cómo puede hacerse una nueva versión de un clásico del cine que no se limite a plagiar desvergonzadamente las ideas del original y sepa conferirle un aire distinto.

Por más que el remake de Schrader también incurra en la copia descarada de un par de famosos momentos de La mujer pantera –la escena en la que una desconocida de rasgos felinos se acerca a Irena y le dice: “Ma soeur” (“mi hermana”), y sobre todo la secuencia en la que Alice es acosada por la Irena-pantera mientras nada, indefensa y a oscuras, en una piscina—, y que algunos aspectos aparentemente innovadores cuando se estrenó hayan envejecido antes de tiempo –las famosas escenas oníricas diseñadas por Scarfiotti, que vistas ahora son puro kitsch, o la banda sonora de Giorgio Moroder, adecuada al espíritu iconoclasta de la película pero cuya sonoridad ha quedado muy desfasada—, lo cierto es que El beso de la pantera resulta harto interesante en sí misma considerada.

Fueron muchos quienes reprocharon a Schrader el haberse limitado a ir un poco más allá de lo que Tourneur no pudo enseñar, sino tan sólo sugerir, cuando rodó su versión a principios de los años cuarenta.

Schrader, dijeron, se aprovechó descaradamente del cambio de mentalidad y el mayor nivel de permisividad producido cuatro décadas después para hacer explícito lo que en Tourneur estaba implícito: una visualización más gráfica y directa de la violencia, haciendo alarde de unos efectos especiales de maquillaje –creados por Thomas R. Burman— que permitían enseñar las transformaciones de los protagonistas Paul e Irena en panteras (sumándose así a una corriente puesta de moda por títulos como Aullidos, Un hombre lobo americano en Londres y La cosa); y una concreción del indudable elemento sexual que ya se encontraba presente en el film de Tourneur, pero mostrándolo de una forma más evidente: en La mujer pantera, Simone Simon se transformaba en felino tras recibir un beso en los labios; en El beso de la pantera, Nastassja Kinski da rienda suelta a su bestia interior después de un acto sexual completo.

Los árboles no dejaron ver el bosque. Porque detrás de toda esa visualización explícita del sexo y la violencia se escondía, además, un singular estudio de personajes.

Irena confiesa a Alice que todavía es virgen porque aún no ha encontrado al hombre apropiado, mientras que por el contrario su hermano Paul da rienda suelta a su sexualidad acostándose con prostitutas o amantes ocasionales a las que luego, convertido en pantera, destroza.

Oliver parece sentirse más a gusto con los animales que con las personas, y eso a pesar de tener una atractiva compañera de trabajo, Alice, que no le mira con malos ojos, y acaba enamorándose de Irena intuyendo, sin saberlo, el componente animal de la chica (según Schrader, “prefiere a los animales y no se encuentra a gusto en la vida social, lleva una vida profesional apartada de todo y ha estado siempre buscando a una mujer digna de ser colocada en un pedestal, y finalmente la encuentra. Por supuesto, la ironía reside en el hecho de que él desea secretamente que ella sea una diosa, un ser inmortal, y lo es. Él ve su sueño realizado, y éste corre paralelo con el miedo de ella de que si jode se convierte en un animal. De forma que su miedo y las fantasías de él se entremezclan”).

Todo ello está narrado de manera sugestiva, con enorme precisión y elegancia, y sobre todo de una forma muy distinta a la empleada por Tourneur: allí donde este último recreó un espléndido universo onírico en un blanco y negro fuertemente contrastado, en el que la oscuridad y la luz casi tenían vida propia, Schrader contrapone una atmósfera formada por los pálidos colores y el singular ambiente de Nueva Orleans.

Y si bien es verdad que la película contiene momentos extremadamente desagradables –como la sanguinaria secuencia en la que Paul-pantera mata a Joe arrancándole un brazo a la altura del hombro, o la posterior en la que Oliver lleva a cabo una autopsia de la misma pantera—, no lo es menos que muchos de sus mejores fragmentos se apoyan sobre una puesta en escena sinuosa y sofisticada: la llegada de Irena a la ciudad, donde es recibida por Paul, y las primeras escenas en casa de este último, en las que ya se percibe un determinado ambiente marcado por el peso de lo ancestral (Paul rezando antes de cenar, los primeros indicios de la atracción incestuosa del primero hacia su hermana); la secuencia en la que Paul se despierta en el dormitorio de un hotel… y la cámara nos descubre poco a poco que la habitación está manchada con la sangre y los restos de la última víctima del hombre-pantera; la secuencia en la que, sintiendo sus primeros indicios de atracción sexual hacia Oliver, Irena pasea de noche por la marisma y, en cámara subjetiva, “caza” un conejo; la primera noche de amor de Irena y Oliver, precedida de un striptease de la muchacha que tiene más de inquietante que de erótico, o el último coito de ambos, con Oliver atando previamente a Irena en la cama, lleno de indudables connotaciones masoquistas; y ese extraño final abierto, con Oliver acariciando a la Irena-pantera en su jaula del zoo, convertida quizás para siempre en su fetiche erótico.

Curiosidades y anécdotas

El beso de la pantera es una pieza insólita dentro de cine fantástico de los ochenta y una de las obras más extrañas de su ya de por sí atípico realizador.

A pesar de su escasa repercusión comercial y crítica en el momento de su estreno, hoy es recordada como una de las mejores películas fantásticas de su época, que precisamente dada su condición de “rara avis” no dio pie a la preceptiva secuela. Apuntemos algunas de las curiosidades que la rodean.

  • La primera versión. La mujer pantera (Cat People, 1942), de Jacques Tourneur, una de las obras maestras del fantástico de todos los tiempos, producida por el mítico productor de la RKO Val Lewton y protagonizada por una inolvidable Simone Simon, actriz francesa de exótico semblante en el papel de Irena Dubrovna, una joven serbia que emigra a Nueva York y allí descubre la maldición que pesa sobre ella. Este film extraordinario generó una interesantísima secuela, The Curse of the Cat People (1944), de Gunther von Fritsch y Robert Wise, en la que el fantasma de Irena (de nuevo Simone Simon) acosa a una niña.

  • El montaje para televisión. Un montaje de El beso de la pantera emitido en algunas cadenas de televisión estadounidenses alteraba substancialmente el final de la película. En el mismo, la acción se cortaba justo después de que Oliver disparara en el puente un dardo tranquilizante a Irena convertida en pantera y pasaba a mostrar a esta última ya encerrada en su jaula del zoo, desapareciendo por tanto toda la secuencia intermedia en la que Irena recobraba su forma humana tras asesinar a un amigo de Oliver y cómo el veterinario la ataba a la cama y copulaba con ella. Una interesante escena incorporada a este montaje televisivo, y ausente de la versión cinematográfica, era aquélla en la que Irena se acercaba a la jaula de un pájaro y el ave, alterada por la presencia de la muchacha, acababa muriendo de miedo.

  • La edición especial en DVD. Con motivo del 20 aniversario de la realización del film, apareció en los Estados Unidos una edición especial del mismo en DVD. Además de incluir las prestaciones y extras habituales, como tráiler cinematográfico, comentario en audio del director, folleto con notas de producción, galería fotográfica y subtítulos (en francés y, atención, en español), este DVD aporta como extras específicos: Cat People: An Intimate Portrait by Paul Schrader, un documental de 20 minutos en el que el realizador comenta aspectos del rodaje e incluye las imágenes inéditas de la aparición de la madre de Irena en la secuencia del sueño; On the Set with the Director, otro reportaje, éste de 11 minutos, en el que Schrader aparece entrevistado en 1981 en el decorado del zoo durante la filmación; Special Make-Up Effects by Tom Burman, corto de cinco minutos sobre los efectos especiales de maquillaje; Matte Paintings, de tres minutos, sobre los (numerosos) planos trucados mediante telones pintados superpuestos, elaborados por el veterano Albert Whitlock; y una entrevista de cuatro minutos con Robert Wise, codirector de The Curse of the Cat People, comentando la personalidad del productor Val Lewton.

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