Pantalla 80: 'Pesadilla en Elm Street'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 80: 'Pesadilla en Elm Street'

El realizador Wes Craven inició una pequeña revolución dentro del género de terror rodando la que sería la primera película de una saga centrada en un sobrenatural asesino psicópata, Freddy Krueger, que se aparecía a sus víctimas dentro de sus propios sueños. Nos referimos a Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, 1984), protagonizada por Robert Englund, Heather Langekamp y un debutante Johnny Depp.

PESADILLA EN EL ELM STREET/New Line Cinema

Remontémonos a principios de los años ochenta.

El realizador norteamericano Wes Craven, nacido en Cleveland (Ohio) el 2 de agosto de 1949 y que desde mediados de los setenta se había ganado una notable reputación como director de cine de terror gracias a La última casa a la izquierda (1974) y Las colinas tienen ojos (1977), atravesaba una mala racha profesional.

Su última película medianamente comercial había sido Bendición mortal (1981) –que supuso uno de los primeros papeles relevantes para la luego famosa Sharon Stone—, y sus dos siguientes films, Swamp Thing (1982) –una adaptación al cine del famoso cómic de Berni Wrightson “La cosa del pantano”— y Las colinas tienen ojos II (1983) –una secuela que había accedido a realizar a petición de diversos distribuidores británicos—, se habían saldado con rotundos fracasos en taquilla, hasta el punto de obligarle a aceptar algunos trabajos puramente alimenticios para la televisión.

Sin embargo, hacía tiempo que Craven había dado los primeros pasos de cara a la realización de la película que le haría salir de ese bache de una manera contundente: Pesadilla en Elm Street, cuyo guión tenía escrito desde 1981 y que en el invierno de ese mismo año había presentado al productor Robert Shaye, presidente de la por entonces recién creada productora New Line Cinema.

El origen

La trama, inspirada según Craven en sus propias reflexiones sobre el mundo de los sueños –se dice que una de sus mayores aficiones consistía en grabarlos en cinta magnetofónica y coleccionarlos a modo de enciclopedia sonora de su propio subconsciente—, se centraba en las sangrientas correrías de un sobrenatural asesino psicópata, Fred Krueger (el diminutivo Freddy se popularizaría a partir de la primera de las muchas secuelas que conocería el film), que en vida había sido un sádico verdugo de niños del barrio a los que mataba con un arma de su propia invención: un guante provisto de cuatro afilados cuchillos en los dedos.

Muchos años después de haber muerto a manos de los padres de las criaturas a las que mató, quienes le quemaron vivo en su propia casa, Freddy volvía del más allá para vengarse de los vecinos que le ejecutaron en las personas de sus hijos adolescentes, infiltrándose dentro de sus sueños y asesinándoles, de manera que los durmientes jamás volvían a despertar.

Sigue diciendo Craven que el personaje estaba parcialmente inspirado en un chico también llamado Freddy que se dedicaba a atormentarle en la escuela cuando era niño.

Por otro lado, el apellido Krueger puede entenderse como una extensión del de Krug, los sádicos asesinos protagonistas de La última casa a la izquierda.

En cualquier caso, el guión de Craven interesó vivamente a Robert Shaye, quien se ofreció inmediatamente a producírselo, no sin antes exigirle una serie de condiciones de producción y cambios de guión que fueron decisivos en el resultado final.

En primer lugar, rechazó la petición presupuestaria inicial de Craven, del orden de 2.5 millones de dólares (6.3 millones de hoy), y le dijo que tendría que arreglárselas con un presupuesto inferior, de 1.7 millones dólares (1.8 millones, añadiéndole finalmente gastos de publicidad: 4.6 millones de hoy).

Ello era lógico hasta cierto punto, habida cuenta que la recién creada New Line todavía no era una empresa consolidada y Pesadilla en Elm Street iba a ser su primera producción cinematográfica.

La segunda exigencia de Shaye fue la relativa a la escena final del film.

Craven había previsto una resolución más optimista, que incluiría la destrucción total y absoluta de Freddy, pero acabó cediendo a las exigencias del productor, quien le recomendó un final más ambiguo y abierto, de cara a las futuras –y rentables— continuaciones que, con toda probabilidad, el avispado Shaye ya empezaba a intuir. Craven aceptó las condiciones de la New Line, entre otras razones porque ningún otro estudio al que había ofrecido el guión parecía dispuesto a producírselo: “Este film explora el mundo de lo imaginario. Necesité tres años para vender la película porque los distribuidores no comprendían lo novedosa que era. Pero yo sabía que, si tenía éxito, gracias a ella conseguiría escapar del circuito marginal de producción y convertirme en un verdadero realizador”.

Dicho y hecho, se puso manos a la obra.

Tras haber considerado toda suerte de candidatos para el papel de Freddy Krueger, desde anónimos stuntmen hasta un actor de prestigio como el británico David Warner, Craven se inclinaría por el californiano Robert Englund (Glendale, 6 de junio de 1949), que por aquel entonces había intervenido en una veintena de largometrajes y series de televisión, entre los más famosos los films fantásticos Trampa mortal (Tobe Hooper, 1976), Muertos y enterrados (Gary Sherman, 1981) o La galaxia del terror (Bruce Clark, 1981), y sobre todo la popular serie de ciencia ficción V (1983), donde interpretaba al bondadoso alienígena Willie.

Para encarnar a Nancy Thompson, la sufrida quinceañera que hace frente a Freddy, la elegida sería Heather Langekamp, cuya experiencia ante las cámaras se limitaba a algunos pequeños papeles para la televisión y dos apariciones en sendos films de Francis Ford Coppola, Rebeldes (1983) y La ley de la calle (1983)…, ambas eliminadas en los montajes definitivos.

El resto del reparto se completaría, entre otros, con los nombres del veterano John Saxon, como el teniente Donald Thompson, padre de Nancy; Ronee Blakley, como Margaret, la alcoholizada madre de la protagonista; Amanda Wyss, como Tina, la primera víctima mortal de Freddy; o Nick Corri, como Rod, el novio de esta última, a quien acusan de su asesinato. Johnny Depp debutaría en el cine interpretando a Glen, el novio de Nancy, papel que, según parece, consiguió por pura casualidad: acompañando a su amigo, el actor Jackie Earle Haley, a una audición para ese mismo rol –andando el tiempo, Earle Haley acabaría interpretando a… Freddy Krueger (ver Preguntas y respuestas)–, Craven se fijó en Depp y le hizo una prueba, aceptándole de inmediato.

La filmación

El rodaje de Pesadilla en Elm Street se inició en mayo de 1984, prolongándose durante treinta días.

El grueso del mismo tuvo lugar en estudio, si bien se utilizaron algunos exteriores reales de Los Angeles y sus alrededores, como North California o Venice Beach.

La escasez presupuestaria y las prisas por acabar dentro del calendario previsto, de cara al estreno de la película en Halloween, marcaron el desarrollo del trabajo.

Robert Englund tenía que someterse a no menos de cuatro horas diarias de maquillaje para convertirse en Freddy Krueger. Su caracterización, obra de David Miller (quien había trabajado para el grupo de rock Kiss y en el famoso vídeoclip de John Landis Michael Jackson’s Thriller), fue resultado de la insistencia de Shaye y la coproductora Sara Risher, quienes en una nueva injerencia en la labor de Craven preferían que Freddy tuviese todo el rostro desfigurado por el fuego y no sólo media cara, tal y como en un principio lo había imaginado el realizador.

Salvo en una única escena, aquélla en la que Freddy atraviesa las rejas de una celda para asesinar a Rod, todos los efectos especiales del film eran mecánicos y ejecutados en el plató.

Eso significó para el diseñador de producción Gregg Fonseca un esfuerzo especial, pues algunas de las secuencias más impactantes dependían de la calidad de sus decorados. Por ejemplo, aquélla en la que Freddy asesina a Tina delante de Rod, una de las más crueles y sanguinarias de la película, se rodó en un plató dotado de un enorme sistema hidráulico que permitía girar 360º el decorado del dormitorio, de manera que pareciera que Tina –en un momento que recuerda a otro muy parecido de Poltergeist (Tobe Hooper, 1982)— es arrastrada por la pared y el techo por un invisible Freddy.

También hubo que construir un sistema especial para rodar la escena de la muerte de Glen a manos del asesino del guante: el chico es literalmente tragado por su propia cama, y del boquete que ha quedado abierto en medio brota un espectacular géiser de sangre. Algunas fuentes afirman que durante el rodaje del film se llegaron a gastar nada menos que 2.250 litros de sangre artificial.

Ahora bien, probablemente el decorado más sofisticado era el del cuarto de baño, donde tiene lugar la secuencia en la que Nancy se queda dormida en la bañera y, cuando lo hace, Freddy aparece en su sueño e intenta ahogarla arrastrándola al fondo de la bañera, convertida ahora en una enorme y oscuro pozo.

El decorado entero fue construido sobre una piscina y Heather Langekamp todavía recuerda cómo llegó a estar hasta doce horas seguidas metida en la bañera para rodar esas escenas, si bien no fueron ella ni Robert Englund quienes intervinieron en los planos submarinos: el especialista Jim Doyle, con una bombona de oxígeno, era quien desde debajo de la espuma alargaba la mano armada de Freddy entre las piernas de la chica; asimismo, fueron Doyle y su esposa, la también especialista Cristina Johnson, quienes forcejeaban bajo el agua.

Estrenada, tal y como estaba previsto, a principios de noviembre de 1984 en los Estados Unidos, Pesadilla en Elm Street recaudó, en su primer fin de semana de exhibición, una cifra notable: 1.271.000 dólares, amasados en tan sólo 165 pantallas. Su recaudación final sería de unos 25.504.500 dólares, excelentes teniendo en cuenta sus escasas ambiciones de producción (64.7 millones de hoy).

Se iniciaba de este modo una de las sagas más rentables del cine de terror y, además, la creación de un mito cinematográfico que ha perdurado hasta la actualidad.

Craven, que no volvería a cosechar otro éxito semejante hasta los años noventa, momento en que realiza la trilogía slasher Scream (1996-1999), conseguía aquí el que, junto con la interesante y algo olvidada La serpiente y el arco iris (1988), me parece su mejor trabajo.

La película

Pesadilla en Elm Street atesora las principales virtudes del cine de su director (no muy abundantes, todo hay que decirlo) y muy pocos de sus defectos (estos sí más cuantiosos).

Lo más endeble del film, tanto ahora como en el momento de su estreno, sigue siendo su supeditación al gusto adolescente más blando y estereotipado, cosa que se traduce en unos personajes bastante simplones cuya eliminación a manos de Freddy Krueger, o del psicópata de turno, es más que nada un alivio para el sufrido espectador.

Sin embargo, la baza fuerte de la película, y lo que la distingue particularmente dentro del marasmo del género del cine de terror para jovencitos, sigue siendo su original ubicación de las andanzas del asesino Freddy Krueger en el mundo de los sueños de sus futuras víctimas, lo cual le posibilita una libertad de actuación total cuyo único límite es la imaginación.

De ahí que sean todas las secuencias protagonizadas por el asesino del guante las que continúen haciendo gala de un notable atractivo.

Craven juega con habilidad entre el sueño y la vigilia, de tal manera que en ocasiones las víctimas de Freddy (y junto con ellas, el espectador) no se dan cuenta de que están soñando hasta que ya es demasiado tarde: sus pesadillas se convierten, de este modo, en una antesala de la muerte, un paso intermedio entre el sueño cotidiano y el sueño eterno.

Coherente con este planteamiento, las apariciones de Freddy tienen un componente onírico nada despreciable: el asesino puede aparecerse ante sus futuras víctimas exhibiendo unos brazos anormalmente largos, o infligiéndose terribles heridas, y convirtiendo una bañera o una cama en trampas mortales.

Siguen siendo notables, en este sentido, tanto las secuencias en las que Freddy juega a placer con sus víctimas, no sin cierto humor negro –que sería excesivamente explotado y desnaturalizado en las secuelas a las que dio pie—, como aquéllas en las que su presencia está tan sólo sugerida: la espléndida e impactante en la que Freddy destroza a Tina ante la mirada de terror de su novio, convirtiendo el dormitorio en el que han estado copulando en el escenario de un horror indescriptible; o el momento en que Nancy se somete a un electroencefalograma y consigue arrebatar, en sueños, el sombrero del asesino y llevárselo consigo cuando despierta al mundo real.

Preguntas y respuestas

A pesar de tratarse de una película enormemente popular, más que nada por la fama que llegaría a cosechar el personaje de Freddy Krueger, siempre interpretado por Robert Englund, en las numerosas continuaciones de la obra de Craven, lo cierto es que hay algunos puntos oscuros sobre esta última que conviene despejar. Veamos algunos.

  • ¿A qué hace referencia el título del film? Elm Street, la Calle del Olmo, se encuentra prácticamente en todas las ciudades norteamericanas y es una especie de icono de la cultura local. Por cierto, la calle de Dallas donde fue asesinado Kennedy era… Elm Street.

  • ¿Existen precedentes de Pesadilla en Elm Street? Películas sobre el mundo de los sueños hay muchas, pero una en concreto guarda un parecido más que razonable: una producción canadiense estrenada ese mismo año y titulada La gran huida (Joseph Ruben, 1984), con Dennis Quaid, Max Von Sydow, Kate Capshaw y Christopher Plummer, que especulaba con la posibilidad de un experimento científico que permitiera a un asesino infiltrarse en los sueños de otra persona y así poder matarla con absoluta impunidad. Por si fuera poco, contenía una escena en la que el asesino convertía sus dedos en afilados cuchillos, muy parecidos a los del guante de Freddy. Se dice que, cuando la vio, Craven estuvo a punto de tirar la toalla y abandonar su proyecto.

  • ¿Cuántas secuelas tuvo el film? Seis: Pesadilla en Elm Street 2 (1985), de Jack Sholder; Pesadilla en Elm Street 3 (1987), de Chuck Russell; Pesadilla en Elm Street 4 (1988), de Renny Harlin; Pesadilla en Elm Street 5 (1989), de Stephen Hopkins; Pesadilla final: la muerte de Freddy (1991), de Rachel Talalay; y La nueva pesadilla de Wes Craven (1994), de Wes Craven. Ahora bien, podrían ser siete si computamos como tal Freddy Vs. Jason (2003), de Ronny Yu, en realidad un cruce entre la serie Elm Street y la de Viernes 13. Además, la saga de Craven dio pie a una serie de televisión: Freddy’s Nightmares (1988), y a una nueva versión, Pesadilla en Elm Street (El origen) (2010), de Samuel Bayer, con Jackie Earle Haley como Krueger.

  • ¿Cuántos años tenía Heather Langekamp cuando lo rodó? Rondaba los 20 años de edad (había nacido en Tulsa, Oklahoma, el 17 de julio de 1964), por más que en la película encarna a una chica de 15. Uno de los momentos más divertidos del film es aquel en que Nancy se mira en un espejo de mano y, cuando comprueba los estragos de la falta de sueño en su rostro, exclama: “¡Oh, Dios mío, parece que tengo 20 años!”..., que era justo su edad real.

  • ¿Y qué fue posteriormente de ella? Su carrera en cine y televisión fue más bien anodina, hasta el punto de que sigue siendo recordada por su papel en Pesadilla en Elm Street y por sus apariciones en dos de las secuelas de esta última: Pesadilla en Elm Street 3 y La nueva pesadilla de Wes Craven, donde se interpretaba a sí misma. Además, su labor en el film provocó que, durante una temporada, fuera molestada por algunos acosadores. También hizo un pequeño papel, a modo de guiño, en otra película de Craven: Shocker: 100.000 voltios de terror (1989). Casada desde 1990 con el técnico en efectos especiales de maquillaje David Anderson (Hombres de negro), es madre de dos hijos y se gana la vida como fotógrafa de viajes.

  • ¿Los actores rodaron personalmente todas sus escenas? Ya hemos mencionado que Englund y Heathercamp fueron doblados en la secuencia del cuarto de baño por Jim Doyle y Cristina Johnson. Doyle también fue requerido para la escena en la que Freddy se asoma detrás de una pared, deformándola, sobre Nancy dormida, y en la secuencia de los títulos de crédito: son sus manos las que aparecen confeccionando el guante mortal de Freddy. Por su parte, Johnson prestó sus pies para aquellos planos en los que Nancy sube por una escalera, perseguida por Freddy, y se hunde en los escalones.

  • Hay “colaboraciones especiales” en esta película? Figuran agradecimientos para Sam Raimi (por el fragmento de Posesión infernal, film que Nancy mira por televisión); para Sean S. Cunningham, famoso director del primer Viernes 13 (1980), según algunas fuentes realizador no acreditado de una escena de persecución; y, curiosamente, para Jack Sholder, futuro director de Pesadilla en Elm Street 2, por razones que no han trascendido. También puede verse en un pequeño papel como enfermera a Mimi Craven, por aquel entonces casada con el realizador.

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