Pantalla 80: 'Posesión infernal'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 80: 'Posesión infernal'

Actualizado: abr 29

Sam Raimi debutó como realizador con Posesión infernal (1982), un sangriento relato de terror juvenil rodado con medios precarios que se erigió en una de las piezas más reverenciadas del fantástico de la época.

POSESIÓN INFERNAL/Renaissance

Samuel L. Raimi, más conocido como Sam Raimi, había sentido el gusanillo del cine desde muy joven. Nacido en Detroit en 1959, empezó a dirigir películas de formato casero protagonizadas por Bruce Campbell, su amigo de la escuela.

“Realizaba films en súper-8 desde los 13 años. En el colegio conocí a Bruce Campbell y empezamos a trabajar juntos. En total, hicimos treinta films en súper-8 de una duración variable: al principio nos contentábamos con cinco minutos, pero al final llegamos a la misma duración que una película normal”.

El origen

Ambos colegas prosiguieron sus estudios en la Universidad de Michigan, donde conocieron al actor y luego productor Robert Tapert, con quien Raimi fundaría en octubre de 1978 su primera compañía de producción.

Ese mismo año, Raimi y su equipo rodaron un cortometraje de 32 minutos, titulado Within the Woods, que era algo así como una primera versión reducida de lo que luego sería Posesión infernal.

Su acción ya transcurría en una cabaña en medio del bosque, lugar al que acuden cuatro amigos, dos chicas, Ellen (Ellen Sandweiss) y Shelly (Mary Velenetti), y dos chicos, Bruce (Bruce Campbell) y Scott (Scott Spiegal), aunque al contrario de lo que luego se vería en Posesión infernal sería la primera chica, Ellen, la heroína del relato, enfrentándose contra Bruce, quien en esta ocasión era el poseído por los demonios del bosque que se encargaba de asesinar a sus colegas de excursión.

La finalidad de este corto no era tanto hacer una primera prueba con los efectos especiales de maquillaje confeccionados para la ocasión por Tom Sullivan, a quien también habían conocido en la universidad, como emplearlo como señuelo para captar la atención de numerosos inversores en potencia, tales como médicos, abogados y dentistas, y conseguir fondos para realizar una versión de Within the Woods en formato largometraje.

Tras haber conseguido reunir un presupuesto de 350.000 dólares (casi un millón de dólares de hoy), Raimi, Tapert y Campbell fundaron una nueva sociedad, la Renaissance Pictures, y se lanzaron con entusiasmo a la realización de Posesión infernal.

Una de las primeras decisiones de producción sería cambiar el título inicialmente previsto por el definitivo, en su versión original, de The Evil Dead.

Según Raimi, el sentido de este título es sobre todo humorístico: “cuando se está muerto (“dead”) ya no tienes la posibilidad de ser maléfico (“evil”). Al principio yo quería titularla The Book of Dead (El libro de los muertos), pero Irwin Shapiro, uno de los productores, me hizo notar que la palabra “libro” en el título de un film no era nada comercial y que corríamos el riesgo de que no le interesara a nadie. Fue él quien me sugirió The Evil Dead como título”.

El actor

Otra decisión sería la que confiarle el protagonismo absoluto a Bruce Campbell en el papel de Ash, en vez de a una mujer, por considerarlo más adecuado de cara a las exigencias físicas del personaje: “Quise centrar la película alrededor de Bruce porque yo no sé imaginarme las reacciones de un personaje femenino. También pienso que ver en la pantalla a un hombre chillando despavorido es mucho más impactante que vérselo hacer a una chica. Existe una determinada imagen del varón en la sociedad moderna que le obliga a ser el más fuerte. Me pareció que, en Posesión infernal, ver gritar a Bruce sería mucho terrible y eficaz”.

El resto del reparto lo formaron otros cuatro actores, todos ellos amigos de Raimi: Ellen Sandweiss, la que fuera protagonista de Within the Woods, como Cheryl; Betsy Baker, como Linda; Hal Delrich, como Scott; y Sarah York, como Shelly.

La filmación

El grueso del rodaje de Posesión infernal tuvo lugar entre el 1 de noviembre y el 24 de diciembre de 1980 en una auténtica cabaña abandonada situada en medio de los bosques de Morristown (Tennessee).

La casa, que carecía de agua corriente, electricidad y calefacción, pocos años después quedaría arrasada por completo como consecuencia de un incendio cuyas causas nunca han sido aclaradas, alimentando así la “leyenda” en torno al film.

El ritmo de trabajo, impuesto por la premura de producción, fue tan infernal como el título español de la película: se filmó todos los días de la semana en jornadas de 14 horas como media, y con frecuencia de noche.

Aunque los actores se llevaron la peor parte, interpretando sin la ayuda de dobles numerosas escenas de riesgo, en ocasiones empapados de sangre artificial de los pies a la cabeza, cubiertos con un espeso maquillaje de “poseídos” que constantemente tenía que ser retocado o, sobre todo, llevando unas incomodísimas lentillas con las que prácticamente no veían nada (sic), lo cierto es que ningún miembro del equipo se libró de tener algún que otro percance.

A la ración cotidiana de técnicos que se herían con los martillos o se golpeaban con los muebles hubo que añadir algunos accidentes fuera de lo común, como aquella ocasión en la que Raimi tuvo que saltar por encima de una valla electrificada para huir de la embestida de un toro que le atacó porque el director se había acercado demasiado a un rebaño de vacas mientras buscaba localizaciones cerca de la carretera.

Después de varias semanas trabajando en semejantes condiciones, el desaliento empezó a cundir entre el equipo y todos intentaban animarse como podían, en ocasiones con la ayuda del Tennessee Moonshine, un licor de contrabando que por lo visto corrió abundantemente durante la filmación.

Concluída la fotografía principal en la cabaña, el film se completó rodando las escenas que, según el guión, transcurren en el sótano de aquélla.

La auténtica cabaña carecía de sótano, de ahí que dichas escenas fueran en realidad filmadas nada menos que en el garaje de la casa de Raimi (!), para lo cual fue necesario redecorar el espacio por completo y, además, abrirle un agujero en el techo y colocarle una escalera para dar la sensación de bajada.

No obstante, la postproducción de la película fue bastante lenta, principalmente por dos razones.

La primera se debía al hecho de que los actores Ellen Sandweiss, Betsy Baker, Hal Delrich y Sarah York no podían dedicarle más tiempo al film, por lo que para completar algunas escenas en las que Bruce Campbell combate con sus amigos poseídos se requirió la labor “espontánea” de una larga serie de personas que hicieron de “dobles de cuerpo”, entre ellos Ted Raimi, otro hermano del realizador.

La postproducción

Por otro lado, la elaboración y el montaje de algunas secuencias llenas de efectos especiales invirtió buena parte de los esfuerzos de Raimi y sus socios, en particular la de la destrucción final de los poseídos, que requirió en su conjunto unos tres meses de trabajo.

Sería precisamente en esta fase del proyecto cuando Raimi tuvo un encuentro decisivo de cara a su futuro profesional.

El director fue a Nueva York con las bobinas de su película metidas en el maletero de su coche para terminar de montarlas con un ayudante de montaje al que aún no conocía; mientras aparcaba, vio que un hombre alto, delgado, de ojos oscuros, cabello hasta los hombros y que, en sus propias palabras, “parecía un drogadicto”, se acercaba a su coche y tocaba el cristal de la ventanilla; cuando, tímidamente, Raimi bajó un poco el cristal, el desconocido dijo: “¡Hola! Me llamo Joel Coen. Soy el ayudante de montaje de su film”.

Sería el inicio de la amistad que, desde entonces, ha unido a Raimi con los artífices de El hombre que nunca estuvo allí.

Una vez acabada, Posesión infernal no se estrenó en los Estados Unidos hasta 1982, dos años después del inicio de su rodaje, porque al principio ningún distribuidor norteamericano estaba interesado en ella: el film logró ser exhibido en América gracias al éxito conseguido en el Mercado del Film del Festival de Cannes y su paso triunfal por diversos certámenes especializados, entre ellos el de Sitges, donde se alzó con el galardón a la mejor película.

Aunque su recaudación fue muy modesta, supuso un beneficio del 150% en proporción a lo que había costado.

Pero, por encima de cualquier otra consideración, marcó un hito dentro del cine de terror norteamericano de bajo presupuesto, lanzando a la fama a su realizador.

La película

Posesión infernal pone de relieve –junto con Darkman (1990) y Premonición (2000)— que, a pesar de su irregularidad y a, por qué no decirlo, sus ocasionales tonterías, el cine fantástico de Sam Raimi tiene muy claras una de las principales directrices del género: que lo fantástico se desprende, en cine, de la mirada del director sobre personajes, situaciones y escenarios, es decir, de la labor de puesta en escena.

Posesión infernal arranca con una primera situación tensa: un montaje paralelo que interrelaciona una invisible fuerza maligna (mostrada en cámara subjetiva a lo largo de todo el film), el desplazamiento en coche de los protagonistas y el avance amenazador de un camión (¿un guiño a El diablo sobre ruedas, 1972, Steven Spielberg?).

La secuencia, tan toscamente rodada como eficazmente montada, predispone al espectador para que asista a un relato de horror cuya tónica es básicamente la misma en todo momento: el acoso al cual van a ser sometidos los personajes por esa fuerza invisible, esa cámara subjetiva, a lo largo de una interminable noche infernal.

Por encima de su pobreza de producción, con todos sus defectos formales, y a pesar incluso de un guión chapucero y reducido a la mínima expresión, Posesión infernal es una excelente muestra del talento de Raimi a la hora de crear una atmósfera opresiva con escasos elementos.

Así lo atestiguan momentos como la inquietante llegada del grupo a la cabaña, llena de malos augurios; la escena en la que Cheryl, a solas en su habitación, ve detenerse el reloj de la pared (detalle nada gratuito en una película que juega a placer con la dilatación de tiempo y espacio); el descenso al sótano, filmado con un virtuoso plano circular de 360º, donde se halla una cinta magnetofónica y un Libro de los Muertos que, según informa la voz de la grabación, está encuadernado con piel humana y escrito con sangre; la secuencia, ingeniosamente planificada, del ataque a Cheryl por las ramas de los árboles; una idea visual magnífica, consistente en usar la propia cámara como un ariete que atraviesa la ventana de la habitación de Shelly para apoderarse de ella; y la onírica secuencia en la que Ash, tras haber destruido a dos de los poseídos, aguarda el ataque de los dos restantes mientras, a su alrededor, la cabaña se transforma en un espacio para la pesadilla y la locura (el tocadiscos y el proyector que se ponen en marcha solos, el efecto alucinatorio de unos movimientos de cámara “imposibles”, el espejo cuya superficie se convierte en agua al tacto).

Pero sin duda alguna lo más llamativo siguen siendo sus escenas puramente gore, sorprendentes incluso vistas hoy en día, y que en su momento constituyeron el gancho de atención popular de la película.

No falta, realmente, de nada: un lápiz hundido en un tobillo, la poseída Shelly arrancándose a mordiscos una mano y siendo, a continuación, hecha literalmente pedazos por Scott, la decapitación de Linda con el filo de una pala o la celebrada destrucción final de los dos últimos poseídos: un auténtico festival de mutilaciones, sangre a borbotones, cuerpos desgarrados y descomposiciones aceleradas.

Sin embargo, es en estos aparentemente vacuos excesos donde se encuentra otra de las claves de Posesión infernal: si sus personajes son absolutamente pobres, carentes de relieve alguno, en la peor tradición del cine de terror para adolescentes, ¿acaso lo mejor que se puede hacer con ellos no es despedazarlos?

El brillante plano final resulta muy revelador al respecto: el travelling que baja la colina, atraviesa la cabaña de lado a lado y se abalanza sobre el superviviente Ash vuelve a indicarnos que, dentro de este tipo de relato, ningún mozalbete merece escapar a su destino.

Una idea irónica que, por desgracia, las secuelas que conoció el film, firmadas por el propio Raimi, desvirtuarían por completo.

Los secretos

Posesión infernal sigue siendo hoy en día una de las películas más reputadas de Sam Raimi y uno de los clásicos de culto pertenecientes al, por así decirlo, “cine de terror casposo”, en la línea de films como La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) o La noche de Halloween (John Carpenter, 1978).

Repasemos algunas de sus particularidades.

  • Anecdotario del rodaje: El grado de colaboración de Raimi y su equipo fue tan elevado que, por ejemplo, algunos planos fueron rodados con la ayuda directa de los actores. Es el caso del plano en cámara móvil sobre un estanque con que se abre la película: fue filmado por Bruce Campbell en persona, deslizándose sobre el agua en una colchoneta y sosteniendo él mismo la cámara. Para rodar algunos planos de efectos especiales, todo el mundo aportó su granito de arena. Incluso Robert Tapert, productor del film, se implicó personalmente en el asunto, prestando sus propias manos, convenientemente maquilladas, para rodar algunos planos de detalle de las garras monstruosas de los poseídos.

  • El 'steady-cam': La filmación de los famosos planos en cámara móvil, tan característicos de la película, fue de lo más peregrina. Dado que Raimi y su equipo no tenían dinero para costearse una “Steady-cam”, que es lo habitual en estos casos, improvisaron algo parecido, jocosamente bautizado como “Shaky-cam” (“cámara temblorosa”), consistente según Raimi “en atar la cámara en medio de una vigueta metálica de cinco metros de largo, que dos tíos debían coger por cada lado antes de echar a correr con ella como locos”. El “travelling” que cierra el film fue filmado por el propio Raimi en persona, subido a una motocicleta y lanzándose en picado sobre Bruce Campbell… al que atropelló.

  • Los efectos: Los efectos especiales fueron una creación conjunta del maquillador Tom Sullivan y del técnico en trucajes Bart Pierce, quienes emplearon una amplia gama de técnicas, tan sencillas como eficaces: desde muñecos articulados en forma de cabezas, cuerpos, brazos o manos, hasta prótesis que desprendían sangre y sustancias purulentas elaboradas a partir de la mezcla de vísceras de animales y sangre artificial que, por cierto, con frecuencia estropeaba las cámaras o los generadores cuando los manchaba, obligando a detener la filmación.

Las secuelas
  • Evil Dead II (1987), titulada en España Terroríficamente muertos, es de hecho un virtual remake del primer título. Producido por Dino de Laurentiis con un presupuesto de 3 millones de dólares (7 millones de hoy), la película pone el acento más en el humor que en el terror, duplicando el frenesí narrativo del primer título, pero con resultados mucho menos interesantes y sí, por el contrario, excesivamente autocomplacientes. Señalar que el film empieza con una serie de imágenes retrospectivas de Posesión infernal que tuvieron que ser rodadas de nuevo, dada la dificultad para conseguir los fragmentos originales de los nada menos que ¡dieciséis! propietarios de los mismos.

  • El ejército de las tinieblas (1993), la más cara de las tres, es asimismo la más insubstancial, a pesar de que el radical cambio de escenario que propone (la Edad Media, época a la cual Ash se ha trasladado al final de Terroríficamente muertos) tiene su atractivo. El guiño a Ray Harryhausen, bajo la forma de un ejército de esqueletos animados con técnicas de “stop-motion” y a los sones de un tema musical expresamente compuesto para la ocasión por Danny Elfman, es lo más vistoso del conjunto. Señalemos, asimismo, la breve aparición amistosa de Bridget Fonda en las primeras imágenes, como novia de Ash, y sobre todo que se rodaron dos finales: uno, el visto en los cines de todo el mundo, en el cual Ash regresa a nuestra época y tiene una pelea con una poseída en un supermercado, y otro, mucho mejor, visto en el Festival de Sitges y recogido en posteriores ediciones en formato doméstico, en el cual Ash despierta de su letargo de siglos en un futuro arrasado por la guerra nuclear.

El relanzamiento

Posesión infernal (Evil Dead, 2013), de Fede Álvarez, producida por Sam Raimi, Bruce Campbell y Rob Tapert.

Ash vs Evil Dead (2015-2018), con Bruce Campbell y producida por Sam Raimi, Bruce Campbell y Rob Tapert.

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