Pantalla 80: 'Tron'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 80: 'Tron'

Los efectos especiales generados por ordenador se han convertido en algo tan habitual que casi no producen ya sorpresa alguna. Pero, en 1982, una producción de los estudios Disney, titulada Tron y dirigida por Steven Lisberger, inauguraba una tendencia que iba a suponer toda una revolución técnica dentro de la historia del cine.

TRON/Disney

Tron surgió como proyecto cinematográfico en 1977, año en el que el realizador Steven Lisberger y el productor David Kushner decidían unir sus fuerzas para llevar a cabo un film de ciencia ficción basado en una idea del primero que giraba alrededor de un personaje que vivía increíbles aventuras dentro de un juego electrónico.

Dos años después, Lisberger conocía a la guionista Bonnie MacBird, junto a la cual perfilaría el guión definitivo.

El origen

En los primeros borradores de libreto la trama era todavía más sencilla, dado que, como explica la propia MacBird, “mi primera idea era la de imaginarme, por ejemplo, a Robin Williams interpretando a un recadero que viene a traer una pizza a un laboratorio informático, se pone a tocar botones y acaba yendo a parar dentro del ordenador”.

Prevaleció, finalmente, la idea de convertir a los protagonistas del relato en programadores de ordenador, y que los programas de su creación tuvieran la misma apariencia humana que sus creadores una vez dentro del universo del cerebro electrónico.

En esta primera fase del proyecto, Tron iba a ser una modesta producción de seis millones de dólares (19 millones de hoy), de cara a la financiación de la cual Lisberger había realizado una pequeña escena de prueba en dibujos animados.

Más adelante, Lisberger y Kushner conocieron a Richard Taylor, antiguo empleado de la compañía de efectos especiales Abel Associates y que en aquellos momentos era presidente de Triple I (Information International, Inc.), empresa especializada en animación por ordenador con sede en Los Ángeles, y gracias a su colaboración lograron confeccionar un completo (y complejo) storyboard de la futura película que mezclaba actores reales, animación por ordenador y dibujos animados tradicionales.

Dicho storyboard sería el que captaría la atención de Tom Wilhite, un joven vicepresidente del departamento de cine y producciones televisivas de los estudios Disney, quien compraría los derechos sobre Tron, poniendo así la primera piedra de una producción cinematográfica que, dado su carácter innovador, iba a estar preñada de todo tipo de dificultades.

Para comprender cómo pudo un estudio como Disney implicarse en la producción de un título de las características de Tron hay que ser consciente que, a principios de los años 1980, momento en el cual dio comienzo la preproducción del film, el cine significaba tan sólo un 17% de las inversiones de la compañía y le reportaba únicamente un 13% de sus beneficios, consagrándose la mayor parte de sus esfuerzos en la creación y gestión de sus parques de atracciones y en la difusión de artículos de merchandising.

Eso significa que la política cinematográfica de la Disney era de lo más abierta y flexible, dejando en manos de productores independientes la producción de nuevas películas realizadas bajo una única consigna: que fueran productos capaces de captar la atención del público juvenil y adulto, rompiendo así la sólida tradición de cine familiar conseguida gracias a sus obras maestras en el terreno del dibujo animado.

La producción

La utilización en el cine de CGI, o imágenes generadas por ordenador, no era algo tan nuevo: algunos planos de La guerra de las galaxias (1977) fueron hechos con CGI (los gráficos de ordenador que explicaban cómo podía destruirse la Estrella de la Muerte), y el mismo año del estreno de Tron ya se habían visto al menos un par de films que contaban con imágenes generadas por ordenador: Looker (1981), de Michael Crichton, y Star Trek II: la ira de Khan (1982), de Nicholas Meyer.

No obstante, la película de Steven Lisberger iba a suponer una novedad absoluta en cuanto al empleo de dichas técnicas dado que, de sus 96 minutos de metraje, 53 transcurrirían en el escenario del interior de un ordenador cuyas formas y colores iban a ser el resultado de un arduo proceso de postproducción, y más concretamente unos 15 minutos del film serían imágenes no existentes en la realidad “física”, sino creadas directamente por un ordenador, algo que ahora es muy habitual pero que en aquel instante representaba un avance completamente insólito.

Tras estimarse que iba a ser necesaria la elaboración de unos 286 dibujos como base para los 350 realizados posteriormente con el ordenador, y que ello iba a incrementar notablemente el presupuesto de la película, Disney exigió a Lisberger y Kushner la contratación de un actor famoso para que encarnara al personaje protagonista, el Dr. Kevin Flynn, el programador que acaba yendo a parar dentro del mundo del ordenador.

El elegido sería Jeff Bridges, siendo secundado por intérpretes menos conocidos, como Bruce Boxleitner, actor de trayectoria profesional básicamente enfocada a la televisión que interpreta a Tron, el héroe electrónico que da título al film, David Warner como el villano Sark, Cindy Morgan como Yori y Barnard Hughes como Dumont.

El presupuesto final de Tron ascendería a 18 millones de dólares (58 millones de hoy), una cifra muy alta para una época en la que, por lo general, a partir de 20 millones de dólares se consideraba cualquier película una superproducción.

El rodaje de Tron tuvo lugar en el verano de 1981 y se repartió entre escenarios reales de Los Angeles y del Laboratorio de Investigación Lawrence Livermore del gobierno de los Estados Unidos en Oakland (California), y escenas rodadas en estudio que se centraban en la parte del film que transcurre dentro del ordenador.

Los actores rodaron la mayoría de estas escenas frente a enormes pantallas negras –precedentes de las pantallas azules que se utilizan hoy en día— en las que, posteriormente, serían añadidos los escenarios futuristas que habían sido previamente diseñados por personalidades como Syd Mead (quien acababa de salir de la producción de Blade Runner) y el prestigioso dibujante de cómics Jean Giraud, alias Moebius (que había participado en Alien, el octavo pasajero).

Rodar ante fondos vacíos era otra absoluta novedad técnica, de ahí que la mayoría de las veces los actores interpretaran sus escenas sin tener plena conciencia de qué iba la cosa. Como recordaba al respecto David Warner: “Estuve solo en el plató la mayor parte del tiempo. En el montaje final, una vez terminada la película, puede verse mi cabeza hablando con personajes que se encuentran a cierta distancia de mí, pero lo cierto es que nos filmaron a todos por separado y nos volvieron a colocar juntos en la mesa de montaje. ¡Hice la mayoría de mis escenas hablando hacia el vacío! Pero, a pesar de todo, me lo pasé bastante bien”.

Todas las escenas que transcurren dentro del mundo del ordenador fueron deliberadamente filmadas en blanco y negro, para que luego pudieran ser manipuladas y “coloreadas” por los ordenadores de las cuatro firmas que intervinieron en esta fase de la película: la Triple I, ya mencionada; la MAGI (Mathematical Applications Group, Inc.), con sede en Nueva York, que realizó los efectos de las carreras de motos y las persecuciones de los tanques; la Digital Effects, también neoyorquina; y la también citada Abel Associates, responsable de la escena en la que Flynn es desintegrado por una especie de rayo láser e introducido así dentro del ordenador.

Sin duda alguna el logro más llamativo sería la técnica del backlighting (literalmente, “iluminación por detrás”), gracias a la cual los trajes y algunos decorados del mundo cibernético brillan con distintas luces de colores, conseguidos mediante un arduo proceso casi artesanal que requirió la elaboración de 75.000 imágenes, realizadas por un equipo de 500 personas con sede en Taiwán (sic) trabajando durante meses en turnos de 24 horas todos los días de la semana.

El estreno

Tron se estrenó en los Estados Unidos el 9 de julio de 1982, y a pesar de que todo el mundo reconoció unánimemente que la película significaba un gran avance técnico, fue recibida con frialdad por el gran público, cosechando una floja recaudación de 33 millones de dólares (105 millones de hoy).

No obstante, Tron no supuso ninguna ruina para la Disney, dado que el film generó indirectamente una ganancia considerable gracias a las óptimas ventas del videojuego inspirado en él.

Paradójicamente, y a pesar de que su innovación en materia de efectos especiales era su indiscutible punto fuerte, Tron no consiguió ninguna candidatura al Oscar en este apartado, contentándose con un par de menciones en los de vestuario (Elois Jenssen y Rosanna Norton) y sonido (Michael Minkler, Bob Minkler, Lee Minkler y Jim La Rue).

Por increíble que parezca, Disney presentó oficialmente Tron a la candidatura de efectos especiales y la misma fue rechazada porque, en cumplimiento estricto de las normas de la Academia de Hollywood, la película no podía competir en este apartado al estar hecha por ordenador (sic).

Para ver por dónde iban los tiros, anotemos a título de curiosidad que el film ganador del Oscar a los mejores efectos especiales de ese año fue E.T., el extraterrestre, siendo nominados Blade Runner y Poltergeist, fenómenos extraños.

No obstante, el paso del tiempo ha acabado convirtiendo a Tron en un ineludible punto de referencia dentro del avance tecnológico del cine, y su explotación en televisión, vídeo y DVD ha acabado generando un considerable volumen de negocio.

Disney y Steven Lisberger estuvieron planeando una secuela, titulada Tron 2.0, cuyo estreno estaba previsto para 2004.

““Tron” ofreció al público algo que nunca había visto –concluye Lisberger—. Fue una gran experiencia para mí, por eso ahora estoy tan interesado en llevar a cabo “Tron 2.0”. No se trata de volver a hacer algo que ya hiciste hace veinte años, sino de retomar tus viejas ideas y darles un enfoque nuevo con la perspectiva del tiempo que ha transcurrido. Espero conseguir con el siguiente “Tron” la misma sensación de novedad y frescura del original”.

Pero, como es bien sabido, este proyecto finalmente no llegó a ver la luz, y, andando el tiempo, la secuela de Tron, Tron: Legacy (Joseph Kosinski), no llegaría hasta 2010.

La película

Dejando a un lado su indiscutible valor histórico como título pionero en la utilización de las posibilidades técnicas de los ordenadores aplicadas al cine, lo cierto es que el tiempo no ha tratado demasiado bien a Tron, película coyuntural y prematuramente envejecida si tenemos en cuenta, sin salirnos del cine fantástico, que está realizada el mismo año que obras de referencia como Blade Runner, E.T., el extraterrestre o La cosa.

Sin embargo, también sería injusto cargar excesivamente las tintas sobre los defectos del film, habida cuenta que en todo momento no pretende ser otra cosa que lo que es: un campo de pruebas para una nueva tecnología.

Quizás consciente de que lo que se le pedía no era más que un soporte para probar una nueva técnica, el guionista y realizador Steven Lisberger, cuya carrera sólo puede calificarse, siendo amables, como discreta –ahí están para corroborarlo títulos como la comedia juvenil Persecución muy, muy caliente (1987), protagonizada por John Cusack, y el film de ciencia ficción Slipstream (1989), con Mark Hamill, Bob Peck y Bill Paxton—, se limitó a pergeñar un clásico relato de buenos y malos cuyo aspecto más logrado reside en su punto de partida: la posibilidad de que exista una dimensión paralela a la nuestra en el interior de nuestros ordenadores, habitada por personas que son réplicas exactas de nosotros mismos.

Lo más sugestivo de Tron reside en esos apuntes, más de guión que de puesta en escena, en los que se describe ese universo alternativo contrastándolo con el nuestro.

Al inicio del film, la imagen cibernética en la que se descompone el título de la película se transforma en una panorámica nocturna sobre Los Ángeles.

La cámara desciende para mostrarnos una concurrida calle donde destaca en una esquina el local recreativo propiedad de Kevin Flynn, donde los chicos juegan con videojuegos.

La cámara realiza un nuevo descenso, en esta ocasión al interior de uno de esos juegos electrónicos, donde dos personajes participan en una mortal carrera de motos en la que tienen que intentar destruirse el uno al otro cerrándose el camino con la sólida barrera que van dejando detrás suyo.

A solas en su habitación, Flynn trata de introducirse en el ordenador central de la empresa que, como luego sabremos, le ha robado la patente de un videojuego de gran éxito: el programa introducido por Flynn, llamado Clu, tiene sus mismas facciones (y, en consecuencia, también lo interpreta Jeff Bridges), produciéndose una identificación absoluta entre el programador y su invención.

Más adelante comprobaremos que Tron, el guerrero que lucha contra la tiranía del ordenador central dentro del universo informático, es una réplica de Alan Bradley, su programador (de ahí que ambos personajes corran a cargo del actor Bruce Boxleitner), y otro tanto ocurre con los personajes de Sark y Dillinger (David Warner), Lora y Yori (Cindy Morgan) y Gibbs y Dumont (Barnard Hughes).

Lo mejor de Tron empieza y termina ahí.

El otro aspecto de interés del film, estrechamente vinculado a sus aspectos técnicos más innovadores, reside en la singular estética de las secuencias que transcurren en el universo cibernético y que ocupan la mayor parte del metraje.

Con la perspectiva que dan los años, los efectos visuales por ordenador de la película resultan sumamente sencillos e, incluso, deliciosamente anticuados, proporcionando al film un rudimentario encanto, acentuado si cabe por la concepción tradicional de algunas escenas (por ejemplo, aquella en la que Flynn, Tron y Ram, interpretado por Dan Shor, reponen sus fuerzas bebiendo en un estanque de… energía líquida).

También resulta notable, en otro sentido, la presencia de numerosos efectos ópticos conseguidos a base de técnicas muy cercanas a las del dibujo animado, lo cual tratándose de una producción de la Disney sugiere un curioso y, si se quiere, entrañable equilibrio entre tradición e innovación, entre las técnicas de animación tradicionales y la tecnología digital que iba a cambiar para siempre la fisonomía de la imagen cinematográfica.

Curiosidades y anécdotas

Por más que películas posteriores como Terminator 2. El juicio final, Parque Jurásico, Toy Story o Final Fantasy hayan superado con creces sus efectos generados por ordenador, probablemente ninguna de ellas habría visto la luz sin la experiencia piloto que supuso Tron.

Repasemos algunas de las curiosidades que rodean al film de Steven Lisberger.

  • Bonnie MacBird, coguionista de la película, sería quien aportaría a la trama todas las especificaciones técnicas relativas al complejo mundo de la informática gracias al asesoramiento de Alan Kay, mundialmente considerado el padre de los ordenadores personales por haber diseñado en el seno de la empresa Xerox los gráficos que ahora vemos habitualmente en los programas de Windows y Mac. Poco después del rodaje del film, MacBird y Kay… se casaron.

  • Peter O’Toole fue el primer candidato al papel de Sark/ Dillinger, pero a última hora el famoso actor irlandés se negó a trabajar en una película rodada mayoritariamente frente a pantallas negras. David Warner, el actor encargado de sustituirle, declararía por aquel entonces: “Trabajar en Tron y aparecer vestido con esa ropa futurista tan extraña no supuso para mí ningún problema. Jamás pensé que quedaría raro vestido así. Por el contrario, decidí que cualquier cosa que me pusieran tan sólo tendría una consecuencia en mí: ¡mejorarme!”.

  • Durante el rodaje de las escenas filmadas en el Laboratorio de Investigación Lawrence Livermore, la actriz Cindy Morgan caminó por una zona en la que se había producido una pequeña e inocua fuga radiactiva, lo cual la obligó a descontaminar sus zapatos.

  • La postproducción del film se alargó durante diez meses, una cantidad de tiempo exorbitante hoy en día, habida cuenta que los 15 minutos de imágenes generadas por ordenador de Tron actualmente podrían elaborarse en dos o tres días.

  • Convertida en cotizada pieza de culto por los aficionados al cine de ciencia ficción, Tron conoció recientemente una lujosa edición en formato DVD llena de interesantes contenidos adicionales, entre ellos un making of de casi 90 minutos, dibujos preparatorios para Tron 2.0, momentos del rodaje, fragmentos inéditos y ahora recuperados de la interesante banda sonora compuesta por Wendy Carlos, 200 dibujos del storyboard, otros 300 de diseños gráficos, y un par de escenas inéditas: una nueva versión del prólogo y, sobre todo, una escena romántica entre Tron y Yori, que según parece fue cortada porque sus responsables consideraron que entorpecía el ritmo del film.

La secuela

Tron: Legacy se estrenó en 2010. Fue dirigida por el debutante Joseph Kosinski, de quien este año se estrena Top Gun: Maverick, y la protagonizaron Garrett Hedlund, Olivia Wilde, James Frain, Beau Garrett y Michael Sheen. Su presupuesto fue de 170 millones de dólares (205 millones de hoy) y recaudó 400 millones de dólares (483 millones de hoy). A pesar de su (ajustado) éxito financiero, se planeó una continuación aunque, no obstante, esta aún no se ha materizalizado. Lo que sí existe es la atracción Tron Lightcycle Power Run en Shanghai Disneyland Park que pronto contará con su versión idéntica en Walt Disney World en Orlando.

#tron #disney #pantalla #pantalla80


  • White Facebook Icon
  • Blanco Icono de Instagram

Aviso legal                    |                    Política de cookies

© 2020 por Imágenes de Actualidad. Proudly created with Wix.com

ImagenesOnline forma parte de varios programas de afiliados de marketing
y recibe comisiones de las compras hechas a través de los enlaces a sitios de los vendedores.