Pantalla 90: 'Sospechosos habituales'
  • Tomás Fernández Valentí

Pantalla 90: 'Sospechosos habituales'

El realizador Bryan Singer se dio a conocer en todo el mundo a mediados de los noventa con un inquietante relato policiaco que se permitía jugar con la capacidad de percepción del espectador hasta límites realmente atrevidos. Estamos hablando de Sospechosos habituales (The Usual Suspects, 1995), protagonizada por unos inolvidables Kevin Spacey, Gabriel Byrne, Chazz Palminteri, Stephen Baldwin, Kevin Pollak y Benicio Del Toro.


SOSPECHOSOS HABITUALES7Blue Parrott, Bad Hat Harry

Antes de abordar la realización de Sospechosos habituales, su director, Bryan Singer (Princeton Junction, New Jersey, 1966), había realizado, siendo un adolescente, cortos amateurs en 8 mm., uno de los cuales le sirvió para ser admitido en la prestigiosa The School of Visual Arts de Nueva York, aunque al final optó por concluir su formación cinematográfica en la escuela de cine de la Universidad de Southern California, donde se graduó en 1989.

Dos años después, tras haber dirigido un spot industrial, rodaba con guión propio un corto de veinticinco minutos, titulado Lion’s Den (1991) y protagonizado por su amigo de la infancia Ethan Hawke, y a continuación un film independiente de muy bajo presupuesto, Public Access (1993), que se alzaría con el premio del jurado en el Festival de Sundance de 1993.

El origen

Sospechosos habituales partía de un guión original escrito por Christopher McQuarrie, otro amigo de Singer con quien ya había trabajado en el guión de Public Access.

Según McQuarrie, el guión estaba parcialmente inspirado en un artículo sobre un atraco que había leído en la prensa.

Algunas fuentes afirman que el nombre del misterioso criminal que aparece en el fondo del relato, Keyser Soze, era en las primeras versiones del libreto Keyser Sume, al igual que el jefe de la oficina en la que McQuarrie había trabajado.

Parece ser que no había en ello ninguna venganza personal, sino que simplemente a McQuarrie le gustaba la sonoridad del nombre. Tanto es así que incluso le dio a leer el guión a su exjefe, aunque al final lo cambió para evitar cualquier tipo de malentendido hacia la persona de este último.

Producida por Singer a través de su productora Bat Hat Harry Productions, en asociación con la productora Blue Parrot, con un presupuesto muy bajo para los parámetros de Hollywood (seis millones de dólares, 11 millones de hoy) y un ajustado calendario de rodaje (35 días), el reparto de Sospechosos habituales se decidió con rapidez.

Kevin Spacey fue la primera elección para el papel de Roger “Verbal” Kint, el delincuente cojo y aparentemente desvalido que narra, en largos flashbacks, todo lo ocurrido; según Singer y McQuarrie, este papel había sido escrito pensando expresamente en el actor.

Tampoco hubo grandes problemas a la hora de conseguir el resto del reparto: Gabriel Byrne como Dean Keaton, el más elegante de la banda; Stephen Baldwin como el joven e impulsivo Michael McManus; Kevin Pollak como el duro y taciturno Todd Hockney; Benicio Del Toro como el chulesco y amanerado Fred Fenster; Chazz Palminteri como David Kujan, el inspector de policía que interroga a “Verbal”; Giancarlo Esposito como el agente del FBI Jack Baer, quien trata de sonsacar información a un marinero checoslovaco que ha sobrevivido al incendio del barco con el que se abre el film; Pete Postlethwaite como Kobayashi, el misterioso secuaz de Keyser Soze que encarga un importante trabajo a la banda; Suzy Amis como Edie Finerman, el único personaje femenino involucrado en la trama; y el actor y realizador Paul Bartel, recientemente fallecido, como Smuggler, personaje relacionado con una red de policías corruptos que es atracado por los protagonistas en plena calle.

Apuntemos que Michael Biehn fue candidato a uno de los personajes, sin conseguirlo.

La filmación

Todos los actores implicados en el proyecto, ninguno de ellos grandes estrellas, pero con una considerable reputación profesional, aceptaron de buen grado su participación en una película de tan bajo presupuesto, atraídos por la calidad del guión.

La complicidad y buen entendimiento entre director, guionista e intérpretes favoreció un contagioso clima de entusiasmo durante el rodaje, sólo enturbiado, según algunas voces más bien maliciosas, por la notable antipatía que se profesaron Stephen Baldwin y Kevin Pollak (algo que puede ser cierto, pero que también puede interpretarse como una mera leyenda urbana, habida cuenta que en el film los personajes que encarnan también mantienen una tremenda hostilidad entre sí).

Sea como fuere, la labor de los actores decidió el sentido de algunas secuencias.

Por ejemplo, la ya clásica del interrogatorio de Keaton, “Verbal”, McManus, Hockney y Fenster, colocados en la rueda de reconocimiento de la comisaría, se alteró sobre la marcha gracias a las improvisaciones de los intérpretes, quienes en muchas tomas se salían del guión y soltaban la primera frase que les pasaba por la cabeza.

A Singer le divirtieron tanto algunas de esas “morcillas” que decidió conservarlas en el montaje definitivo.

Otro tanto ocurrió en una secuencia posterior, en la que los miembros de la banda tienen una conversación con Redfoot, portavoz de un importante jefe mafioso interpretado por Peter Greene.

En un momento dado, Redfoot tira un pitillo que se está fumando y lo lanza deliberadamente a la cara de McManus. Pues bien, ese momento no estaba previsto en el guión: Greene lanzó la colilla con tan mala fortuna que fue a parar, accidentalmente, a la cara de Stephen Baldwin. Sin embargo, a Singer también le gustó ese detalle y de nuevo optó por conservarlo.

Uno de los aspectos más intrigantes del film, la identidad del personaje de Keyser Soze, ese misterioso súper-criminal procedente del Este del Europa cuyo nombre provoca terror incluso entre los miembros más curtidos del mundo del hampa, fue una incógnita incluso para los propios actores, hasta el punto de convertirse en una broma particular entre todas las personas que participaron en la filmación.

Poco antes del estreno, el propio Singer mantenía el misterio afirmando: “Christopher McQuarrie y yo hicimos diferentes versiones de lo que realmente ocurre en la trama. No puedo desvelárselo a nadie hasta que la gente no haya visto la película. Tan sólo diré que Chris está pensando seriamente en escribir una novelización del film en la que Keyser Soze resultará ser el ayudante del inspector Kujan, que en la película interpreta Dan Hedaya”.

Recordemos que hay un momento de la película en el que Kujan afirma que Keaton era en realidad Keyser Soze, y en ese momento Singer inserta un plano en el que se ve a Gabriel Byrne llevando el abrigo y sombrero de ala negros que identifican a Soze.

En el momento de rodar este plano, Byrne se negó a hacerlo, alegando que eso contribuiría a despistar al espectador (“¡Bryan, yo no soy Keyser Soze!”, exclamó), y tan sólo se le convenció de que lo hiciera al aclarársele que ese era, precisamente, el efecto que se quería conseguir entre el público.

Lo cierto es que Keyser Soze estuvo interpretado por cinco personas: Gabriel Byrne, ya mencionado; Kevin Spacey, quien al final del relato se revela como la verdadera identidad de Soze; un doble de luces anónimo, que fue quien, con una larga peluca y el rostro siempre en la sombra, le encarnó en el flashback en el que se explica cómo Soze fue capaz de matar a su esposa e hijos; el propio Singer, en las escenas en las que Soze orina sobre el fuego que acaba de encender Keaton en el barco y, a continuación, cuando enciende un cigarrillo y con él prende fuego al navío tras asesinar a Keaton; y por John Ottman, montador y compositor de la banda sonora del film (amen de colaborador habitual de Singer), quien prestó al personaje… sus pies, en aquellos planos en los que le vemos andar.

Presentada en el Festival de Sundance en enero de 1995, y estrenada en los Estados Unidos en julio de ese mismo año, el éxito comercial de Sospechosos habituales fue más bien escaso (25 millones de dólares recaudados en cines norteamericanos, 44 millones de hoy), aunque enormemente beneficioso para sus responsables, teniendo en cuenta lo poco que había costado.

Pero, más que la recaudación en taquilla, lo realmente considerable de la película fue su reputación, hasta el punto de estar considerada una de las escasas cult movies proporcionadas por el cine de los noventa. Prestigio que se vio refrendado de manera oficial cuando el film hizo el pleno en la edición de los Oscar de ese año, consiguiendo los dos premios a los que aspiraba: al mejor actor secundario, para Kevin Spacey, y al mejor guión original, para Christopher McQuarrie.

La película

A priori, el planteamiento de Sospechosos habituales no puede ser, aparentemente, más sencillo.

El film se abre con un prólogo, filmado y montado de manera que no sepamos con certeza qué está ocurriendo: nos hallamos en la cubierta de un barco atracado de noche en el muelle; un hombre, malherido (luego sabremos que se trata de Keaton), intenta prender un reguero de gasolina pero alguien, en la oscuridad, frustra su propósito… orinando sobre la llama; el desconocido, siempre a oscuras, remata al primer hombre tras una breve conversación, y luego prende fuego al barco.

En las siguientes escenas, un agente del FBI, Jack Baer, y un oficial de policía, Dave Kujan, llevan a cabo una investigación para averiguar qué ha ocurrido en el muelle: el primero interroga en el hospital a uno de los marineros supervivientes del barco incendiado, un checo con el sesenta por ciento de su cuerpo cubierto de quemaduras, mientras que el segundo hace lo mismo en comisaría con “Verbal”, un delincuente de poca monta, cojo y timorato, que está indirectamente implicado en lo ocurrido.

De este modo, alternando los bloques de información, aparentemente veraz, proporcionada por “Verbal” a su interrogador con las escenas, más breves, en las que Baer va sonsacando datos al marinero semi carbonizado, se va reconstruyendo una compleja intriga en torno a la banda de delincuentes formada por Keaton, “Verbal”, McManus, Hockney y Fenster, su implicación en un robo a un personaje, Smuggler, relacionado con una red de corrupción policial, y la posterior participación de la banda en el asalto al barco que hemos visto incendiarse en el prólogo, presuntamente por encargo de un tal Kobayashi hecho en nombre del verdadero cerebro de la operación: un criminal llamado Keyser Soze, cuya identidad es un misterio de tales proporciones que para muchos es una leyenda sin fundamento real alguno (se rumorea que Soze prefirió matar él mismo a su esposa e hijos cuando éstos cayeron en manos de un grupo rival de mafiosos que pretendía extorsionarle, y que luego, en venganza, asesinó a todos sus enemigos, sus familias y amigos, dejando tras de sí un pavoroso rastro de destrucción y muerte antes de desaparecer por completo).

Al final del largo relato de “Verbal” a Kujan, este último pone en duda todo lo que el primero le ha contado, pues ha llegado a la conclusión de que Keaton jugó con la buena fe y la confianza de “Verbal” para ganárselo para su causa y que, en realidad, Keaton es el auténtico responsable de todo lo ocurrido en el muelle y, probablemente, una identidad falsa bajo la cual se escondía Keyser Soze.

Sin embargo, tras soltar a “Verbal”, Kujan empieza a comprender que probablemente ha cometido un grave error de apreciación: que absolutamente todo lo que “Verbal” le ha contado es falso, porque su relato encaja perfectamente con diversos detalles que estaban presentes en el mismo despacho donde se ha producido el interrogatorio (el número de miembros de la banda de Keaton, el modo como se conocieron, el nombre del intermediario Kobayashi, etc., pueden haber sido inventados por “Verbal” tomándolos de los recortes, fotos o incluso la marca de porcelana de las tazas donde han bebido café).

El principal mérito de Sospechosos habituales reside en su habilidad para conciliar esas dos opciones narrativas –un relato policiaco aparentemente tradicional, narrado en flashbacks también aparentemente tradicionales, y la puesta en cuestión del sentido de todo lo narrado mediante un simple giro del guión—, sin que el resultado final huela a “trampa”

Mientras el espectador no es consciente de que está asistiendo a la narración de una mentira contada por “Verbal” (o por Keyser Soze, suponiendo que este último realmente exista), Sospechosos habituales funciona con la eficacia de un thriller policiaco seco y conciso, que se apoya en la excelente labor de sus intérpretes y en la solidez de la puesta en escena de Singer.

Pero incluso conociendo de antemano la “trampa” del film, y viéndolo por segunda vez, el mismo no pierde validez, siendo si cabe más fascinante que la primera vez que se visiona, porque es entonces cuando se advierte el cuidado puesto por Singer a la hora de planificarlo: la ambigüedad de los personajes deja de serlo para pasar a formar parte de una especie de juego de irrealidades, más atractivo cuando más “inconsistente” es desde un punto de vista estrictamente lógico.

En un momento del film se dice que la mejor estrategia del diablo consiste en hacer creer al mundo que no existe. Sospechosos habituales cumple a rajatabla este aserto.

Anécdotas y curiosidades

Sospechosos habituales se ha convertido en una de esas películas que, sin haber tenido un gran éxito comercial en su momento, dejaron en el espectador un recuerdo especial, hasta el punto de devenir auténticas piezas veneradas por una creciente legión de fans (o lo que es lo mismo, “cult movies”). Apuntemos algunas de sus particularidades menos difundidas:

  • La productora de Singer, Bad Hat Harry Productions, debe su nombre a una línea de diálogo de uno de los films favoritos del realizador, Tiburón (Steven Spielberg, 1975), concretamente aquella en la que el agente de policía Brody (Roy Scheider), mientras vigila en la playa, hace un comentario sobre el gorro de baño de un amigo suyo: “¡Vaya sombrero más feo que tienes, Harry!”. Por su parte, la productora Blue Parrot encontró la inspiración en un detalle de la famosa película Casablanca (Michael Curtiz, 1942): Blue Parrot es el nombre del local que regenta el personaje interpretado por Sydney Greenstreet.

  • El origen del título del film varía según las fuentes. Algunas afirman que era el mismo del artículo sobre el atraco que leyó McQuarrie y que le sirvió de inspiración para el planteamiento básico del guión. Otros en cambio aseguran que está extraído de un fragmento de diálogo de Casablanca, concretamente una frase que pronuncia el inspector de policía francés interpretado por Claude Rains.

  • El personaje de Keyser Soze es absolutamente imaginario, aunque según McQuarrie está basado en el caso real de un delincuente que asesinó a toda su familia y desapareció sin dejar rastro durante diecisiete años.

  • En la secuencia en el barco con la que se abre el film, Keyser Soze aparece con un abrigo y un sombrero de ala negros: es la misma indumentaria que lucirá Magneto (Ian McKellen) en su primera aparición dentro de X-Men (2000).

  • Una de las enfermeras que aparece en las escenas del hospital donde está internado el marinero checo con quemaduras es la propia madre de Bryan Singer.

  • Los admiradores de Sospechosos habituales han llegado a encontrarle una enorme cantidad de detalles y sutilezas, de entre las cuales aquí anotaremos tres. La primera: en la secuencia en la que los miembros de la banda se entrevistan con Kobayashi, hay quien afirma que la disposición de los personajes alrededor de la mesa de billar que ocupa la estancia indica en qué orden morirán a lo largo del relato. La segunda: en las escenas en las que “Verbal” es interrogado por Kujan en su despacho, la forma en que el primero sostiene los cigarrillos cuando fuma indica claramente que él es Kayser Soze, a quien hemos visto fumar en la primera secuencia en el barco. La tercera: el hecho de que en el film haya tanto personajes cuyo nombre o apellido empieza con la letra K (Kujan, Keyser, Kint, Keaton, Kobayashi) puede entenderse como un homenaje de sus responsables al escritor Franz Kafka.

  • Singer respetó el guión de McQuarrie en su práctica integridad, salvo en lo que se refiere a algunas improvisaciones de los actores, ya mencionadas, y una secuencia desarrollada en un restaurante, que el realizador abrevió en el montaje definitivo por razones de ritmo.

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