Silver Pictures: La acción tiene un nombre | Segunda parte
  • Josep Parera

Silver Pictures: La acción tiene un nombre | Segunda parte

Actualizado: may 15

La segunda etapa de la trayectoria de Silver Pictures da inicio con Matrix, una auténtica revolución cinematográfica tanto creativa como industrialmente. Pero hay un antes y un después del filme de las hermanas Wachowski. Y ninguno de los dos es tan meritorio como el de los años donde Neo, Morpheus y Trinity invadieron las pantallas.

Stallone | Los Coen | Crawford

La retahíla de incidentes descritos en los últimos párrafos de la primera parte de este especial dedicado a Silver Pictures no es amarillismo de por sí, aunque algo de ello sí que hay.

La razón real es para entender bien el por qué la productora en general y Joel Silver en particular, manteniendo un buen ritmo de ingresos (especialmente gracias a la saga Arma letal: casi 1.000 millones de hoy en recaudación mundial si sumamos los datos de la tercera y cuarta entregas) y habiendo renacido tras Matrix no supo mantener su estatus debido a una serie de situaciones internas consecuencia más de la personalidad de su impulsor que no de sus decisiones creativas.

En cierta forma, Demolition Man es la respuesta a todo ello.

Forma parte de la etapa de despilfarro en Warner Bros. Tal y como recordaba un asistente de Silver a Los Angeles Times, para productores como este el estudio era un “banco” que emitía dinero sin pensárselo dos veces, de ahí a que Arma letal 3 costara 35 millones de dólares (66 millones de hoy) en 1992, mientras que el presupuesto de Arma letal 4 se disparó, solo seis años después, hasta los 140 millones de dólares (226 millones de hoy).

El costo inicial de Demolition Man era de 45 millones de dólares (unos ajustados 82 millones de hoy), pero su rodaje fue un verdadero despropósito.

Todo comenzó con problemas con el reparto: después de ofrecer los papeles protagonistas a Steven Seagal y Jean-Claude Van Damme, y recordemos que por aquella época Seagal era otra máquina de generar dólares para Warner, los productores apostaron por intérpretes aún más caros, Sylvester Stallone y Wesley Snipes, este en lugar de Jackie Chan quien era la opción preferida por la estrella de Rocky. La actriz principal, Lori Petty, fue despedida tras tres días de rodaje, y fue sustituida por Sandra Bullock (lo que supuso un incremento en el departamento de salarios por tener que firmar un contrato a última hora con una estrella naciente).

Y luego llegó la filmación: el plan de rodar 72 días pronto fue olvidado. Marco Brambilla, en su debut tras las cámaras (otra forma para Silver y Stallone de controlar el resultado en la pantalla), requirió un total de 114 días. La extensión obligó a contratar nuevos técnicos y artistas, de ahí que Demolition Man contara con cinco ayudantes de dirección.

“Deben quedar solamente una docena de miembros del equipo original”, declaró uno de los empleados del filme a Los Angeles Times cuando el diario publicó un artículo al respecto en 1993. “Joel y Marco ya ni se saben el nombre de nadie aquí, porque todo el mundo es nuevo”.

Los ejecutivos del estudio se mostraron tan preocupados por el descontrol en el plató que enviaron a uno de ellos a que supervisara la producción cada minuto.

Unos años después, Tony Scott, quien conocía a Brambilla porque este había rodado anuncios para la compañía de su hermano Ridley, recordó el regalo que le hizo al joven realizador cuando se enteró que Joel Silver lo había contratado para dirigir Demolition Man: una pistola de juguete. “Lo entenderás más tarde”, le dijo.

Según LA Times, el presupuesto final rondó los 70 millones de dólares (128 millones de hoy), cifra que Silver describió como “hinchada” y redujo a 57 millones de dólares (104 millones de hoy).

Recaudó en todo el mundo 159 millones (290 millones de hoy), pero los porcentajes de beneficios a sus responsables redujeron las ganancias para Warner.

Más de veinte años después, Stallone demandó al estudio porque su contrato estipulaba que iba a cobrar un 15% de tales ingresos en taquilla si el film generaba 125 millones en la taquilla mundial y un 20% si superaba los 200 millones.

La respuesta inicial del estudio fue decir que la cinta no había dado ni un solo dólar de beneficio; al contrario: había perdido 67 millones de dólares. La amenaza de una demanda fue respondida con un cheque por 2.8 millones de dólares. Pero los abogados de Stallone consideraron la cifra insuficiente (un 15% de 159 millones son casi 24 millones de dólares).

Además, añadieron que el actor tampoco había recibido la compensación acordada por otros filmes del estudio, como El especialista, Cobra y Tango & Cash.

En mayo de 2019 la disputa fue resuelta, como detalló un representante de Warner Bros., “amigablemente". Es decir, Stallone ganó.

1994 fue un año relativamente tranquilo para Silver Pictures. Si bien El gran salto fue un sonoro fracaso comercial, la cinta de los hermanos Coen contó al menos con un respaldo crítico hasta ese momento inusual en la carrera de Joel Silver.

“Adoro esa película”, comentó el productor años después. “Quizás si el reparto hubiera sido distinto, hubiera tenido otro tono. Los Coen querían a Anthony Hopkins de protagonista. Él acababa de triunfar con El silencio de los corderos, pero rechazó el guion. Así que apostaron por Paul Newman, quien estuvo genial. Pero si hubiéramos tenido a Anthony Hopkins recién ganador de un Oscar, quizá eso hubiera ayudado” a que el filme hubiese funcionado en taquilla.

Además, como recordó también el productor, los Coen se empeñaron en darle el papel principal a Tim Robbins, “quien estuvo genial”, aclara, a pesar de que los más taquilleros Tom Cruise y Robin Williams “se mostraron interesados en él”.

El resultado fue el largometraje más caro de la carrera de los Coen hasta ese momento (25 millones de dólares, 44 millones de hoy) y uno de los peor recibidos en taquilla (5 millones de dólares de hoy en todo el mundo).

Otra producción Silver Pictures en 1994 compensó el fiasco de El gran salto: Niño rico, con Macaulay Culkin, sumó un total de 207 millones de dólares en ingresos tanto en cine como formato casero (368 millones de hoy, según un costo actualizado de 71 millones de dólares).

Pero 1995, que vio los estrenos de Asesinos y Caza legal, supuso un regreso al despilfarro que proseguiría el resto de la década con filmes como Conspiración, de Richard Donner, y Un lío padre (como es habitual con Clint Eastwood, Medianoche en el jardín del bien y del mal, una coproducción de Silver Pictures con Malpaso Productions, costó unos ajustados 30 millones de dólares, pero no alcanzó los 25 millones de dólares de recaudación mundial).

El caso más escandaloso fue el de la comedia con Robin Williams y Billy Crystal, remake del filme francés Los compadres. Su presupuesto alcanzó los 85 millones de dólares (139 millones de hoy) para terminar ingresando en todo el mundo, atención, 36 millones de dólares (59 millones de hoy).

Regreso a Asesinos.

El guion fue adquirido por Silver, junto con el de Matrix, antes del estreno de Lazos ardientes, el debut de sus autores, las hermanas Lana and Lilly Wachowski, quien por aquel entonces firmaban sus largometrajes como Larry y Andy Wachowski.

El productor pagó por ambos libretos dos millones de dólares (casi cuatro millones de hoy) y cedió las riendas del mismo, una vez más, a Richard Donner, quien por aquel entonces cobraba una media de diez millones de dólares por filme. Añadamos esa cantidad a los sueldos de Sylvester Stallone y, en menor medida, Antonio Banderas, y es por ello que el costo final alcanzó los 50 millones (86 millones de hoy).

Recaudó solo 83 millones en todo el mundo (143 millones de hoy) y provocó cierta fricción entre las hermanas Wachowski y Silver, ya que el guion fue alterado por Brian Helgeland (L.A. Confidential, Conspiración) quien, a petición de Donner, redujo el contenido violento del relato (curiosa demanda teniendo en cuenta lo que le gusta el cine violento a Helgeland). Lana Wachowski siempre ha descrito el guion de Asesinos como su “aborto”.

Peor lo tuvo en taquilla Caza legal, el intento fallido de transformar a Cindy Crawford en una estrella de cine (eso sí, tras ofrecer el papel a actrices más veteranas como Geena Davis, Julianne Moore, Drew Barrymore o Brooke Shields).

El filme estaba inspirado en la misma novela que dio pie a Cobra, con Stallone, quien era el actor inicialmente previsto para encarnar el personaje interpretado por Billy Baldwin y que en su momento rechazó Keanu Reeves, futura estrella de la saga Matrix (si es que al final todo queda atado y bien atado…).

Stallone fue la razón por la que la cinta está ambientada en Miami en lugar de San Francisco, como se detallaba en el guion, porque la estrella de Rambo vivía en Florida por aquel entonces.

El filme fue dirigido por un tal Andrew Sipes quien, cuidado con el dato, no se ha vuelto a poner detrás de una cámara, probablemente ni para tomar fotos de sus hijos, si los tiene.

La filmación fue otro despropósito, aunque la postproducción ya lidió con lo escandaloso: el personaje de Elizabeth Peña aparecía en el trailer, al igual que el nombre de la actriz en los primeros pósters que se publicitaron.

Pero tras un pase de prueba, quedó claro que los espectadores odiaron su actuación, así que fue sustituida por Salma Hayek, quien demandó cambios drásticos en el libreto; la música de Michael Kamen (Arma letal) fue reemplazada por la de Mark Mancina (lo mismo sucedió en Asesinos y con los mismos compositores); el personaje de Dan Hedaya fue eliminado completamente; Steven E. de Souza (La jungla de cristal) reescribió el guion mientras el filme se rodaba; y el metraje final quedó en unos escasos 91 minutos, aunque la versión europea era unos seis minutos más larga al contener más escenas de sexo.

Resumiento, costó unos 50 millones de dólares (86 millones de hoy) y recaudó… 11.5 millones de dólares en todo el mundo (19 millones de hoy). Hagan cálculos…

El único respiro que se le permitió a Silver Pictures y Warner Bros. por aquella época fue Decisión crítica, que en las manos seguras y veteranas de Stuart Baird, montador habitual de Richard Donner, generó 122 millones de dólares en la taquilla mundial (205 millones de hoy) partiendo de un presupuesto de 50 millones de dólares.

Wachowski | Reeves | Matrix

Cuando Joel Silver pagó dos millones por los guiones de Asesinos y Matrix, tuvo muy claro que este último era algo muy especial… y a principios de los años 90, imposible de materializar, tanto desde una perspectiva técnica como financiera.

Sabía que si Matrix se trasladaba a la pantalla como debía ser, “lo transformaría todo”, contó años después. “La aceleración y desaceleración de las imágenes, el efecto bala… todo eso era revolucionario”.

El pago inicial por los derechos del libreto salió de su bolsillo. “Nadie lo quería, ni siquiera Warner”, explicó recientemente al referirse a las páginas escritas por las hermanas Wachowski. “Tuve que poner yo el dinero, unos 150.000 dólares. La trilogía de Matrix ha terminado recaudando más de 3.000 millones para Warner Bros.”.

Las hermanas Wachowski “desde el principio, lo diseñaron todo como una trilogía y sabían que cada película iba a ser distinta”, rememoró Silver recientemente. “La primera es sobre el descubrimiento, la introducción a un nuevo mundo, una nueva idea, una nueva forma de ver las cosas. La segunda era más filosófica: versa sobre los caminos que uno debe seguir para alcanzar sus objetivos, y termina con un final abierto. Además, en Matrix 2 reniegan de la profecía de la primera, lo que permitió partir de cero en la tercera película, que es la de la resolución: Matrix 3 es una película de guerra, una adaptación gigantesca de un cómic”.

Como Will Smith ha reconocido en más de una ocasión, uno de los grandes errores de su carrera fue rechazar protagonizar Matrix cuando se la ofrecieron. Por aquel entonces, Val Kilmer iba a encarnar a Morpheus. Smith no entendió muy bien el concepto y en su lugar actuó en Wild Wild West, que sí entendió…

Kilmer quedó fuera de la ecuación cuando exigió a los responsables de la película que su personaje fuera el principal del relato.

Siguió la búsqueda del reparto perfecto: Brad Pitt y Leonardo DiCaprio también dijeron no a dar vida a Neo, y Silver llegó a ofrecerle el papel a Sandra Bullock. También lo rechazó. Keanu Reeves lo aceptó.

Por su parte, a Arnold Schwarzenegger y Michael Douglas tampoco les entusiasmó la opción de encarnar a Morpheus, lo que alegró a las cineastas, porque estas, desde un principio, apostaron por Laurence Fishburne.

Carrie-Anne Moss fue elegida para convertirse en Trinity después de que una prueba filmada entre Keanu Reeves y la esposa de Smith, Jada Pinkett Smith, demostrara que “los dos no sintonizábamos para nada”, explicó la actriz años después. “No teníamos química alguna”.

Conscientes de la importancia de no superar los 60 millones de presupuesto asignados (95 millones de hoy), Lana y Lilly Wachowski crearon un story-board de 600 páginas donde detallaron plano por plano toda la película. Los que envolvían el efecto bala que popularizó el filme hasta la extenuación, representaron un gasto de 750.000 dólares y dos años de trabajo.

Todo valió la pena. Matrix recaudó en todo el mundo 466 millones de dólares (737 millones de dólares), generó dos secuelas (totalizando unos ingresos de más de 1.700 millones de dólares de hoy), cómics, video juegos y una serie animada. La cuarta parte, que Lana dirige a solas y que ha co-escrito con sus colaboradores en Sense 8, Aleksandar Hemon y David Mitchell, está en fase de producción.

Dark Castle | Downey Jr. | Collet-Serra

Silver Pictures entró en el nuevo milenio al igual que llegó a la década previa: bañado en el éxito.

Lo que sucedió después es, más o menos, lo mismo que en los 90.

Por un lado, acertó pero no arrasó con una división dedicada al cine de terror y de acción, Dark Castle Entertainment, que lanzó en asociación con Robert Zemeckis, con quien había ya colaborado en la serie de televisión de los años 80 Tales From the Crypt.

De ella surgieron producciones como House on Haunted Hill, 13 fantasmas, Barco fantasma, La cosecha, Splice: Experimento mortal, Ninja Assassin, Los perdedores, Una bala en la cabeza (que lo volvió a reunir con Walter Hill y Sylvester Stallone) y La casa de cera, La huérfana y Sin identidad, las tres del catalán Jaume Collet-Serra.

De su asociación con Collet-Serra se ha mostrado extremadamente satisfecho. “Cuando preparábamos La casa de cera, buscaba un director que fuera capaz de resucitar un proyecto vetusto, moribundo, estúpido. Él sugirió un montón de ideas y como había rodado muchos anuncios que eran estupendos, pues pensé, ¿por qué no darle una oportunidad? Hizo lo mejor que se podía hacer con esa película y hemos continuado trabajando juntos porque me gusta cómo lo resuelve todo”.

Una vez más, Silver termina en una demanda por Dark Castle que enturbia cualquier beneficio que tanto él como Warner pudieran obtener.

Por otro lado, su labor como productor empezó a resentirse dado el distanciamiento de Hollywood con el papel del productor tradicional. Los nuevos ejecutivos no dicen sí a todo y cuestionan sus decisiones.

Alan Horn, buen amigo suyo, abandonó Warner para irse a The Walt Disney Co.. Lo reemplaza Jeff Robinov, de quien años después Silver diría: “Espero que ese tipo nunca salga a la superficie”.

De esa última década en Warner emergió de todo, pero salvo en el caso de Romeo debe morir, Herida abierta, Nacer para morir, V de vendetta (que tardó 11 años en producirse), El libro de Eli y las dos entregas hasta la fecha de Sherlock Holmes con Robert Downey Jr., nada bueno que reportar desde un punto de vista financiero (y de esta lista, la mayoría obtuvieron beneficios mínimos).

Títulos que podrían haber dado alguna ganancia como Operación Swordfish, con John Travolta, o La extraña que hay en ti, de Neil Jordan y con Jodie Foster, se ven lastrados por presupuestos desorbitados (156 millones y 89 millones de dólares de hoy, respectivamente).

Pero son los fracasos los que más duelen y afectan a Silver Pictures: Dragones y mazmorras, Kiss Kiss Bang Bang, Invasión, que resultó ser otro rodaje y postproducción caóticos y recaudó 40 millones de dólares, la mitad de lo que costó, Fred Claus, el hermano gamberro de Santa Claus, que costó la friolera de 98 millones de dólares (124 millones de hoy), y, especialmente, Speed Racer, de las hermanas Wachowski, que costó 160 millones (196 millones de hoy) y terminó sumando en todo el mundo tan solo 93 millones (114 millones de hoy).

La película que salvó su contrato en Warner tras el fiasco de Speed Racer fue Sherlock Holmes. Y lo hizo no porque él fuera su instigador, sino por la petición expresa de Robert Downey Jr. de que Silver fuera contratado como productor.

Downey estaba agradecido con aquel porque lo había contratado para protagonizar Gothika y Kiss Kiss Bang Bang cuando nadie le prestaba atención y, en este último caso, por encima de actores más populares como Benicio del Toro, Hugh Grant y Johnny Knoxville.

Además, la esposa de la estrella de Iron Man, Susan Levin, fue empleada de Joel Silver en los años 80. La amistad resultante de tal asociación a tres bandas se mantiene aún hoy.

Warner, presionado por tal demanda del actor, la aceptó, con la condición de que el salario del productor fuera reducido a la mitad. Robinov, quien odiaba todo el producto que surgía de Dark Castle y boicoteó la promoción de Kiss Kiss Bang Bang, o al menos eso es lo que sugirió Silver, solo necesitaba una excusa más para echarlo.

Sherlock Holmes: Juego de sombras fue un éxito comercial (recaudó 543 millones de dólares), pero quedó por detrás de la cuarta entrega de Misión imposible, que se estrenó al mismo tiempo. Para Silver eso fue culpa de la campaña promocional de Warner Bros.

Robinov se enteró de las protestas del productor, que por cierto nunca son educadas, y eso condujo al final de la asociación entre ambas partes.


Wonder Woman | Watchmen | Sgt. Rock | La fuga de Logan

En el tintero quedaron muchos proyectos, algunos olvidados y otros pendientes.

Por ejemplo, el Watchmen de Terry Gilliam, “una película mucho mejor” que la de Zack Snyder, según Joel Silver, quien “fue un esclavo del material original”.

El guion de ese Watchmen nunca producido estuvo a cargo de Sam Hamm, autor del Batman de Tim Burton. Gilliam lo reescribió acompañado de Charles McKeown, con quien había colaborado en Brazil.

En su versión, como recordó recientemente Joel Silver, “Doctor Manhattan es convencido por Ozymandias para viajar atrás en el tiempo con el fin de impedir su creación, ya que a él se le debe la alteración de la economía mundial y su estructura política. El resultado es que Doctor Manhattan nunca existió. Él era el único personaje con superpoderes de todos. Pero del vórtice creado por sus acciones, emergen el resto de personajes de Watchmen”.

También quedaron apartados los remakes de Gypsy, dirigido por Barbra Streisand, y La fuga de Logan, realizado por Nicolas Winding Refn y con la estrella de su Drive, Ryan Gosling, que iba a ser en 3D, así como el Doc Savage de Shane Black y el Sgt. Rock de Quentin Tarantino, a pesar de que a Silver no le gusta su cine.

“No soy un fan de Quentin Tarantino para nada, no me gusta nada de lo que hace. Me parece todo un pastiche, una parodia”, comentó al respecto. “Le envié el guion que teníamos pero nunca me respondió. Luego leí que le había gustado y que incluso había creado su reparto ideal. Pero se decantó en su lugar por su versión de la historia e hizo Malditos bastardos”.

De su Wonder Woman no le gusta hablar mucho, porque cree que su proyecto tenía las de ganar antes de que las adaptaciones de superhéroes se pusieran de moda.

“Contraté a este escritor joven que nadie conocía, Joss Whedon. Escribió un gran guion”, afirmó Silver. “Por razones que no entiendo, el estudio pensó todo lo contrario, no le gustó el guion, por lo que no quisieron hacer la película. De hecho yo la tenía muy avanzada y hasta había hablado con George Miller (Mad Max) para que la dirigiera y con Sandra Bullock, quien mostró interés en protagonizarla”.

¿Y qué decir de la secuela de La mujer explosiva, uno de sus primeros filmes? “Quiero hacer un remake”, confirmó no hace mucho. “De hecho se lo he encargado al director de Proyecto X y la historia envuelve a una impresora tridimensional. La hemos adaptado a los tiempos que corren”.

Ayer | Hoy | Mañana

En febrero de 2015, casi tres años después de su marcha de Warner Bros. (¿o será despido?), Joel Silver fue visto con el magnate canadiense Daryl Katz quien decidió por aquel entonces diversificar su negocio, principalmente de droguerías, apuntando al mundo del entretenimiento.

Por ello, invirtió en Silver Pictures.

Poco se debió informar Katz de la fama de Silver.

Si la etapa Warner acabó como acabó (por cierto, Silver estaba tan endeudado y desesperado por dinero que aceptó 30 millones de dólares en compensación por el fin de su contrato en lugar de un tanto por ciento en el porcentaje de ingresos futuros de sus filmes, como Matrix 4), la que siguió en Universal y Studio Canal, entre 2012 y 2015, tampoco terminó demasiado bien.

Lo primero que hizo Silver fue gastarse 7.6 millones en comprar una antigua oficina de correos en Venice que decidió remodelar contratando a una prestigiosa firma de arquitectos. El proyecto de albergar Silver Pictures allí pronto se topó con desaveniencias presupuestarias (¡por supuesto!) y problemas estructurales.

Durante ese periodo produjo las muy exitosas Proyecto X (presupuesto: 12 millones, recaudación: 102 millones) y Non-Stop (Sin escalas), esta de Jaume Collet-Serra (presupuesto: 50 millones, recaudación: 223 millones).

“Me encanta Non-Stop”, declaró Silver hace un par de años. “Es una de esas películas que termina siendo mucho mejor de lo que te esperas de ella”.

Pero también apostó por títulos que pasaron con más pena que gloria por las salas, si es que llegaron a ellas, como Los ojos del dragón, con Jean-Claude Van Damne, La casa de seguridad, con Dolph Lundgren, y, especialmente, Caza al asesino, con Javier Bardem y Sean Penn.

Por esta, el actor español recibió un cheque por cinco millones de dólares, según informó The Hollywood Reporter, una cantidad que bien hizo Bardem en aceptar pero que muchos en la industria consideraron excesiva para un personaje secundario en un filme protagonizado por Penn, claro ejemplo de actor veneno para la taquilla, especialmente la de EEUU, quien por cierto terminó enfrentándose con Silver durante el rodaje y la postproducción. Este retiró su nombre de los créditos finales.

La cinta, que costó 40 millones de dólares, terminó sumando en todo el mundo 24 millones.

En Universal Pictures y Studio Canal quedaron hartos del productor, quien despilfarró 10.000 dólares en darse una fiesta de cumpleaños y gastó decenas de miles de dólares en rediseñar sus nuevas oficinas en el estudio.

La oficina de correos en Venice, por cierto, terminó siendo vendida en 2019 por 22 millones de dólares.

En fin, que Katz, seducido por Hollywood y con dinero de sobras (su fortuna personal está estimada en más de 3.400 millones de dólares), se fía que Joel Silver pueda abrirle las puertas de la meca del cine.

Las bisagras chirrían.

La lista de fracasos es considerable: Suburbicon, de George Clooney, Persecución al límite, con Nicholas Hoult (presupuesto: 21 millones, recaudación: 4.8 millones), y SuperFly (presupuesto: 30 millones, recaudación: 21 millones).

Suburbicon es un guion de Joel y Ethan Coen que estos escribieron en 1986, “justo después de Sangre fácil”, explicó Silver en 2015. “Conozco a los Coen desde hace más de 30 años. Cuando hicimos El gran salto me dijeron que Warner tenía un guion suyo. Costó años encontrarlo: estaba en una microficha oculta en una caja de un almacén que Warner tiene en Nueva Jersey. Los Coen quisieron reescribirlo, porque habían pasado casi 20 años. A través de Dark Castle les pagamos para que lo hicieran y ambientaron la acción en el presente. George Clooney se entera que tenemos el guion, que los Coen lo quieren de protagonista y nos dice que desea dirigirlo también. Él y su co-guionista lo reescriben otra vez y lo enmarcan en 1957”.

El resultado… para olvidar. Costó 25 millones y recaudó la mitad.

Joel Silver regresó momentaneamente a Warner Bros. para producir Dos buenos tipos, porque formaba parte del catálogo de títulos aún ligados a tal estudio. Su protegido, Shane Black (Arma letal), fue su director y guionista, y consiguió un considerable aplauso crítico, algo inusual para Silver.

Pero la taquilla no reflejó ese entusiasmo y, tras gastarse 50 millones de dólares en su presupuesto, la cinta se quedó con una recaudación mundial por debajo de los 63 millones de dólares.

Silver reconoció que un proyecto de estas características hubiera encajado mejor en un canal de televisión. “De hecho, intentamos vender la historia a HBO y CBS, y casi lo logramos, pero nadie dio luz verde. 2013 llegó y tras dirigir Iron Man 3 Shane y yo decidimos hacerla en cine”, explicó.

En junio del año pasado, Daryl Katz, harto de tanto fracaso y del constante gastar de Silver, despidió a Silver (o lo dejó marchar, como se dice más educadamente en el argot de Hollywood).

En cierta forma, Joel Silver había recibido una tercera oportunidad y la había desaprovechado.

De forma consciente o no, el productor de las futuras Matrix 4 y Sherlock Holmes 3 (aunque se desconoce su función real en tales títulos y si cobrará sus habituales 2.5 millones de dólares de salarion base teniendo en cuenta la lista de acreedores que lo acechan), echó la última paleada a su propia tumba profesional.

Solo él es el culpable de su final, de la misma forma cómo solo él fue la razón inicial de los 13.000 millones recaudados por sus filmes en todo el mundo.

Pero sobretodo, él es el culpable de la existencia de tantos clásicos y tantas producciones que definieron y desafiaron géneros, como el policial y el de acción, el fantástico y el de terror, siempre defendiendo una apuesta sin parangón por el buen cine de Hollywood. El buen cine comercial. Y el buen cine mundial.

©Josep Parera Jorba

#silvespictures #matrix #joelsilver

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