Simpson / Bruckheimer: Cine a lo grande
  • Josep Parera

Simpson / Bruckheimer: Cine a lo grande

Actualizado: may 15

Flashdance, Top Gun, Superdetective en Hollywood, Días de trueno, Bad Boys, La Roca... Son algunos de los filmes que surgieron de la factoría de Don Simpson/Jerry Bruckheimer Films. La palabra “factoría” no es casualidad y estoy convencido que ninguno de los dos productores se ofendería ante su uso: porque ambos entendían el concepto de factoría con una doble vertiente, la de generar producto y la de crear ilusiones. Pasen y vean el cine entendido... a lo grande. A lo Simpson y Bruckheimer.

El 18 de enero de 1996, el guionista James Toback (Bugsy) llamó al productor Don Simpson para hablar de un proyecto en el que los dos estaban trabajando, Harvard Man, acerca de un jugador de baloncesto cuya carrera se ve afectada por su adicción a las drogas y afición a las mujeres (Toback terminaría dirigiendo el film cinco años después).

La charla duró cinco horas. Simpson, que hacía solo unas semanas había anunciado su separación profesional de su socio Jerry Bruckheimer (las causas del divorcio las explico después), estaba animado por el nuevo derrotero que estaba tomando su carrera, según Toback narró en una entrevista a The Wall Street Journal.

Parecía que estaba a días de firmar un nuevo contrato con los estudios Disney.

“La conversación fue maratoniana”, recordó el guionista de Un hombre para dos. “Al colgar, Don se fue a dormir. Se levantó por la mañana, fue al baño y murió”.

Tenía 52 años.

Si bien el fin de Don Simpson/Jerry Bruckheimer Films fue firmado en diciembre del año anterior, lo cierto es que ambos productores sabían que en un futuro lejano la asociación podría retormarse.

Lógicamente, el fallecimiento de Simpson setenció esa esperanza.

El hombre tranquilo

Jerry Bruckheimer, el callado, pensativo y conservador del dúo, nació en 1943 en Detroit, Michigan, en el seno de una familia judía de inmigrantes de clase media. Tras graduarse en psicología, siguió su pasión, la de ser fotógrafo, adaptándola al marco profesional de la publicidad.

Tras una etapa trabajando en compañías tanto en Detroit como en Nueva York, donde produjo anuncios comerciales, se asoció con el director y productor Dick Richards, con quien produjo películas como Adiós, muñeca, con Robert Mitchum, y Marchar o morir, con Gene Hackman.

Eso lo llevó a trabajar en dos producciones con Paramount Pictures, donde Don Simpson era presidente de producción: American Gigolo, con Richard Gere, y Cat People, ambas dirigidas por Paul Schrader.

Allí es donde volvió a encontrarse con Simpson, a quien había conocido en 1973 durante un pase de Caiga quien caiga.

Fue ese día cuando los dos se dieron cuenta de sus similitudes creativas y objetivos comerciales. A pesar de tener personalidades diametralmente opuestas, en lo artístico se complementaban como anillo al dedo.


El hombre salvaje

Donald Clarence Simpson, también nacido en 1943, creció rodeado de religión (su familia, así mismo de clase media, iba a misa cuatro o cinco veces por semana) y de cine (a los cinco años su madre le dio un azote a la salida de un cine cuando, llorando desesperadamente, exigió al acomodador que cambiara el final de El mayor espectáculo del mundo).

El padre de Simpson era un empleado de la factoría Boeing; su madre, ama de casa.

Su adolescencía estuvo marcada por la rebeldía al estilo de vida tradicional instigado por su familia. Llegó a ser detenido en varias ocasiones y casi termina en prisión tras robar un coche y falsificar un cheque.

Se graduó en Inglés y tras una breve etapa en Utah como profesor de esquí, se mudó a San Francisco, donde trabajó primero en una agencia de publicidad para cine y después como relaciones públicas para un festival de cine erótico (el sexo, las mujeres, la comida y las drogas eran su pasión tanto como el cine).

“Mis padres querían que fuese un pastor de la iglesia. Pero siempre preferí las películas. Y después descubrí a las mujeres”, recordó en una entrevista años después.

Simpson, opuesto a Bruckheimer en su forma de lidiar con la gente, no tardó en abrirse camino en un negocio, el de la promoción cinematográfica, en el que encajaba perfectamente.

Su siguiente parada fue Los Ángeles, concretamente los estudios Warner Bros. en Burbank, donde lidió con la promoción de películas de bajo presupuesto hasta que le tocó estar a cargo del márketing de filmes como La naranja mecánica, de Stanley Kubrick.

Un estudio que definió su carrera posterior, para bien y para mal, Paramount Pictures, llamó a su puerta. Tras una breve etapa escribiendo guiones, como el de Cannonball, con David Carradine, y supervisando producciones, fue nombrado, a los 33 años, vice-presidente de producción de la major. En 1977, era su presidente de producción y, entre otras decisiones, es cuando apostó por un joven ejecutivo llamado Jeffrey Katzenberg, quien luego se convertiría en su buen amigo y jefe durante sus últimos años de vida.

En 1979, encarga a Jerry Bruckheimer la producción de Cat People.

Ya en aquella época, como recordó la productora Julia Phillips (Encuentros en la tercera fase) en su libro You’ll Never Eat Lunch in This Town Again, a Simpson se le conocía como “Don Simpson, Tengo Coca Para Ti En La Habitación de Arriba” y se le atribuían detalles curiosos de su personalidad, como solo llevar pantalones tejanos negros una vez, porque al lavarlos el color cambiaba.

En 1982, los dirigentes de Paramount, Barry Diller y Michael Eisner, lo despidieron debido a sus problemas con las drogas.

Dos caminan juntos

El despido, llevado a cabo por la bajo, no es tan dramático: Eisner, que lo respetaba como creativo, le ofrece la posibilidad de seguir produciendo, de forma independiente, para Paramount. Y le envía un guion: el de Flashdance, escrito por Joe Eszterhas (Instinto básico), cuya primera versión Simpson definió a Los Angeles Times como “horrible, una telenovela que combinaba sexo, alcohol y estupidez. Lo único que mantuvimos fue el título y la idea de que una chica quería ser bailarina”.

Tras contratar a la productora Dawn Steel, quien años después produciría Fallen y City of Angels y fallecería a la temprana edad de 51 años víctima de un cáncer, llama a Bruckheimer.

Flashdance cayó en sus manos porque nadie sabía lo que hacer con él. Tras varias escrituras, elegir un reparto que ellos insistieron que fuera “joven y atractivo”, apostar por una banda sonora de canciones pegadizas y la contratación de Adrian Lyne (cuyo estilo visual encajaba en el formato de “películas limpias y estilizadas” que requerían Simpson y Bruckheimer), asignan un presupuesto de tan solo 7.5 millones de dólares (casi 20 millones de hoy).

La película recauda 201 millones de dólares en todo el mundo (522 millones de hoy).

Fue el comienzo de la era Simpson/Bruckheimer, la era del high concept en las pantallas, cine que podía ser descrito en tres o cuatro palabras (“Jungla de cristal en un barco”, “Arma letal con estrellas negras”) secundada por la de megaproductores como ellos, Scott Rudin, Brian Grazer, Lawrence Gordon, Jon Peters y Peter Guber, Arnold Kopelson y Joel Silver, entre otros, que dominaron la escena cinematográfica durante dos décadas.

La siguiente película para Paramount fue Superdetective en Hollywood.

Si se hace caso de Michael Eisner, por aquel entonces a un paso de saltar a la dirección ejecutiva de The Walt Disney Co., la idea surgió de un incidente que vivió en Beverly Hills cuando años atrás fue detenido brevemente por la policía.

Si hacemos caso de Simpson, él fue su responsable principal desde el principio (Bruckheimer le dio la razón a su exsocio: “Todos los memorándums de la producción tienen el nombre de Don”, recordó en una entrevista a Los Angeles Times).

El filme, que en un principio tenía de estrellas a Sylvester Stallone primero, y Mickey Rourke después, y cuyo guion tuvo 36 versiones, terminó siendo protagonizado por Eddie Murphy.

Costó 14 millones de dólares (36 millones de hoy) y acumuló 316.5 millones de dólares en todo el mundo (787 millones de hoy).

Su secuela, estrenada en 1987, tuvo también un ajustado presupuesto de 25 millones de dólares y sumó 300 millones en todo el mundo (780 millones de hoy. Superdetective en Hollywood 3 no fue producida por la pareja, aunque la cuarta, en preproducción, sí cuenta con Bruckheimer como productor).

Pero en medio de las dos entregas de la saga se situó la película que definió el cine Simpson/Bruckheimer para siempre: Top Gun. Ídolos de aire.

El filme que lo cambió todo

Empecemos por su presupuesto: 12 millones de dólares, tan solo 28 millones de hoy.

Sigamos con su director: Tony Scott, quien terminaría dirigiendo seis filmes para los dos, primero, y solo Bruckheimer después.

Prosigamos con su estrella: Tom Cruise, por aquel entonces un actor con carisma, cierto éxito comercial, pero muy lejos de quien se convertiría tras encarnar al piloto Maverick.

Y terminemos con su recaudación: 353 millones de dólares (848 millones de hoy).

Top Gun aterrizó en los cines en plena era Reagan, cuando el patriotismo nacional estaba en lo más alto. Simpson tuvo la idea para el filme tras leer en una revista un artículo acerca de una escuela de pilotos de la Marina de Estados Unidos en California. El productor estaba en el dentista, llamó al editor de la revista antes de su cita dental y compró los derechos de la historia allá mismo.

O al menos eso es lo que Simpson quiso hacer creernos (en Hollywood se decía que todo lo que este decía había que pasarlo por el Índice de Descuento Don Simpson, para reducir cualquier anécdota que contara con el fin de ajustarla a la realidad).

En una entrevista con Jerry Bruckheimer años después de su muerte, aquel recordó: “Vi la portada de una revista en la que se veían cazas boca abajo”, explicó a The Hollywood Reporter. Pensé: ‘Esta es una idea genial’. Se la mostré a Don comentándole que deberíamos hacer una película con ello. Se miró el artículo en un segundo, llamó a su asistente y le dijo que comprara los derechos ya”.

La pareja llamó a Jeffrey Katzenberg, aún ejecutivo en Paramount, y este recomendó a los guionistas Jim Cash y Jack Epps Jr., quienes años después escribirían Dick Tracy para Disney.

El estudio sugirió a David Cronenberg o John Carpenter como directores, pero Simpson y Bruckheimer tenían otra idea.

Meses atrás, durante un fin de semana de rafting en el Gran Cañón de Colorado, habían conocido a Tony Scott, realizador de El ansia. Según ellos, él era el director ideal para Top Gun.

Bruckheimer comentó años después que la noche que conoció a Scott, mientras todo el mundo descansaba tras una ardua jornada bajando ríos, el hermano de Ridley decidió que se iba de escalada y empezó a subir un muro de diez metros de altura sin cuerdas, solo con sus manos.

“Era tan divertido estar con él...”, declaró al hablar del fallecido cineasta.

Cuando tocó el turno de elegir al protagonista, Bruckheimer lo tuvo claro: Cruise, recién salido de Legend, de Ridley Scott, quien tras semanas de dudas, aceptó después de visitar una escuela naval y volar en uno de los cazas.

“Ahí estaba Tom, entusiasmado, vomitando, pero feliz, gritando: ‘¡Esto es increíble! Me llamó desde una cabina, porque en aquella época no teníamos teléfonos móviles, y aceptó el papel”, explicó Bruckheimer.

Para Simpson y Bruckheimer era de vital importancia poder contar con el apoyo de la marina estadounidense. Sus dirigentes se mostraron reticentes a ceder sus buques, cazas y personal para una producción de Hollywood, especialmente producida por Paramount, después de que consideraran que el retrato del ejército en Oficial y caballero no había sido muy justo con ellos.

Un viaje a Washington de los dos productores acompañados de Cruise y Scott allanó el camino.

La obsesión de Tony Scott por el detalle llegó a un extremo hilarante: durante una puesta de sol, el director exigió al capitán de un portaaviones que diera media vuelta. Este se negó porque era demasiado caro. Scott preguntó cuánto dinero era “demasiado caro”. El oficinal contestó: 15.000 dólares. El realizador sacó su talonario y le firmó uno por 15.000 dólares allá mismo. El portaaviones dio media vuelta.

El talón no tenía fondos.

Top Gun convirtió a Simpson y Bruckheimer en los reyes Midas de Hollywood. No había quien los pudiera parar.

Tras Superdetective en Hollywood II tardaron cuatro años en estrenar otro filme.

Su título: Días de trueno, la película que los paró.

Días de truenos y relámpagos

En 1988, los dirigentes de Paramount Pictures anunciaron a bombo y platillo que habían contratado en exclusiva a sus productores favoritos.

La noticia fue publicitada con anuncios en todos los periódicos más vendidos de Estados Unidos (“una alianza visionaria”, leía), lo que fue recibido con notable sorna por la industria.

Dependiendo de las fuentes, el acuerdo cedía entre 300 y 500 millones de dólares a la pareja (entre 600 y 1.000 millones de hoy) para que produjeran cinco filmes en cinco años con un presupuesto entre 25 y 35 millones de dólares cada uno.

Lo increíble del contrato, de 200 páginas, fue que Simpson y Bruckheimer recibían el dinero y hacían lo que les daba la gana con él, control total y absoluto. Además, se quedaban con un porcentaje considerable de los ingresos en taquilla.

Otros detalles del mismo: de las cinco películas, tres podían ser dirigidas por uno de ellos (condición impuesta por Simpson quien también se reservaba el derecho de actuar en las cintas que en el contrato se definían como “artísticas”, aunque este se defendió en Los Angeles Times advirtiendo que “no vamos a hacer una película sobre monjas lesbianas en Rodesia”); cada productor requería de dos secretarias; nuevas oficinas; coches nuevos; y remodelación de las salas de cine en sus mansiones. Gastos que Paramount tenía que pagar y que contabilizaban tres millones de dólares al año (casi seis millones de hoy).

“Paramount pone el dinero. Nosotros el talento. Y nos vemos en el cine. Hacemos lo que queremos sin pedir permiso ni consultar con nadie”, es como definió Simpson el acuerdo a Los Angeles Times.

El contrato no llegó a su fin en 1995, cinco años después del estreno de Días de trueno, su primer largometraje tras firmarlo, sino nueve meses después, por lo que la cinta se convirtió en el único título fruto del mismo.

La debacle dio comienzo en 1989. Un artículo en Los Angeles Times detallaba la demanda de Monica Harmon, secretaria de Simpson, en la que esta lo acusaba de hostigamiento sexual. De acuerdo con la misma, que fue corroborada por otros exempleados y exempleadas de la compañía, el productor la obligaba a limpiar las líneas de cocaína que dejaba por todas partes; le forzaba a mirar películas pornográficas en la oficina; y debía mantener una agenda actualizada con todos los nombres de las prostitutas que contrataba a diario.

Según testigos de la época, en las oficinas de Simpson/Bruckheimer era normal ver empleados llorando en los aseos, ser despedidos por quemar las tostadas del desayuno o por poner leche entera en lugar de descremada en el café de Simpson.

Un empleado recordó que, durante una visita a Nueva York, aquel llamó a uno de sus asistentes en Los Ángeles gritándole porque la ventana de la habitación de su hotel no se abría. Su solución fue lanzar una silla y romperla.

El dúo de productores contrataron a un bufete de abogados que lidió con el problema de la forma como solo el dinero sabe hacer: convirtiendo a la víctima en la criminal. El investigador privado Anthony Pellicano, que terminó en la cárcel años después por sus métodos de investigación ilegales, se encargó de encontrar testigos de dudosa procedencia que aseguraron que Harmon era una cocainómana que solía esnifar un gramo al día.

Los abogados del dúo presentaron una contrademanda por cinco millones de dólares. Ambas partes llegaron a un acuerdo mutuo de retirar las demandas. Simpson puso como condición que Harmon no hablara con la prensa.

Regreso a Días de trueno.

El rodaje fue un desastre.

Su costo inicial fue de 40 millones de dólares (siete de ellos para Cruise), pero el desfase presupuestario no tardó en llegar.

La primera razón fue porque no había guion.

Paramount quería que la película se estrenara en junio de 1990, porque no tenía un gran título a estrenar para ese verano. El rodaje dio comienzo el 11 de diciembre de 1990. No hace falta ser un lince en el mundo del cine para darse cuenta del craso error en el que se embarcaban todos los implicados en el filme.

Debido a la carencia de guion antes citada, Cruise se vio obligado a pegar páginas del mismo en el parabrisas del coche de carreras que conducía, porque eran cambiadas minuto a minuto. Dejó de hacerlo cuando, un día, despistándose porque no estaba concentrado en la carretera, tuvo un accidente.

La filmación culminó el 7 de mayo, lo que dejó solo seis semanas para la postproducción.

Al final, Días de trueno costó 70 millones de dólares (casi 140 millones de hoy), recaudando 158 millones en todo el mundo (313 millones de hoy). Simpson/Bruckheimer se embolsaron 20 millones de dólares por el filme, pero Paramount se quedó sin un dólar de beneficio.

Los ejecutivos del estudio acusaron a los productores de malgastar. Estos, por su parte, se quejaron del calendario de producción.

Las historias acerca del rodaje de Días de trueno son legendarias. Por ejemplo, se gastaron un millón de dólares en un gimnasio supervisado por Arnold Schwarzenegger que fue instalado en el hotel de Florida donde se alojaron durante la filmación; y cada noche se cerraba un club nocturno en el área para organizar fiestas donde el alcohol y la cocaína estaban al alcance de todos.

“Una mañana encontré tres bolsas de cocaína detrás de un cojín”, recordó un asistente de la producción al periodista Charles Fleming.

Disney abre sus puertas

Anticipándose a la posibilidad de ser despedidos, Simpson y Bruckheimer renunciaron a su contrato que tan alegremente habían anunciado solo unos meses antes.

No tardaron en firmar otro, esta vez amparado por Jeffrey Katzenberg y Michael Eisner, a quienes ya conocían de su primera etapa en Paramount, y que ahora estaban en Disney (una era que provocó notables encontronazos en ambas partes, ya que Simpson y Bruckheimer tuvieron oportunidad de producir Acoso y Apolo 13 pero a Eisner no le interesó ninguna de las dos).

Estamos en 1991. Días de trueno ya ha sido olvidada. El dúo busca un filme que los relance. Tienen varios entre manos: la tercera entrega de Superdetective en Hollywood que Paramount cede a otros productores; y Bad Boys, un guion escrito con los cómicos Dana Carvey y Jon Lovitz en mente. Cada filme pasa por mil y una reescrituras.

El primero en estrenarse es Esto (no) es un secuestro (1994), con Denis Leary, que recauda lo que cuesta, alrededor de 14 millones. No es una buena señal.

Mientras, Simpson mantiene su estilo de vida errático y peligroso, a pesar de declarar a Los Angeles Times que “los días de drogas, sexo y rock-and-roll se han terminado, al menos para nosotros, los viejos”.

Lo cierto es que continúa con su adicción a las drogas, sexo extremo (siempre con prostitutas y en ocasiones grabándolo en secreto) y vaivienes de peso constante. Además, se somete a una decena de operaciones de cirujía plástica, entre ellas una para aumentar el tamaño de su pene, y se inyecta testosterona para aumentar su apetito sexual y placenta para no envejecer.

Tanto Bruckheimer como Katzenberg tratan de convencerlo de que se someta a un programa de desintoxicación. Pero Simpson se niega.

En 1995 todo da un giro, para bien y para mal.

LA ROCA/Hollywood Pictures

El final de Simpson

Por un lado, la pareja estrena Bad Boys, esta vez ya con Martin Lawrence y Will Smith, a través de Columbia Pictures; y de su acuerdo con Disney surgen Mentes peligrosas, con Michelle Pfeiffer, y Marea roja, con Denzel Washington, que refuerzan su posición en Disney.

Pero el 15 de agosto de ese año, el doctor Stephen Ammerman, amigo de Don Simpson y a cargo de su supuesta salvación de las drogas, es encontrado muerto en un baño de la mansión del productor. La autopsia confirma que la causa de la muerte es una sobredosis.

La teoría de Ammerman era que, para superar la adicción a las drogas, había que combinar un potaje de otras drogas para balancear la dependiencia.

Es la gota que colma el vaso.

Bruckheimer, quien durante años excusó el comportamiento de Simpson, su ausencia de rodajes y el maltrato a sus empleados, a instancias de su esposa, dice basta.

En diciembre rompen su asociación. La Roca, que estaba en fase de rodaje (y para la que Simpson trató de contratar en vano a Tommy Lee Jones para el papel de Sean Connery), iba a ser su último filme juntos.

Fue duro para Bruckheimer. Pero lo fue aún más para Simpson. Su trabajo era la única relación humana que lo mantenía con vida. Bruckheimer, casado durante años, podía regresar a su casa y vivir en un mundo seguro.

Cuando Simpson se refugiaba en el suyo era para vivir al extremo. Y despertar solo.

El 19 de enero de 1996, el cuerpo de Don Simpson fue encontardo sin vida en su baño. La causa de la muerte fue un ataque al corazón provocado por una combinación letal de drogas: un total de 21, entre sustancias ilegales y medicamentos prescritos (tenía prescripciones de un total de 15 doctores, que sumaban más de 2.200 pastillas en su posesión, un gasto que suponía unos 60.000 dólares al mes).

“Don Simpson estaba destinado a volatilizarse por los aires”, recordó Barry Diller, quien fuera su jefe en Paramount Pictures, a Wall Street Journal. “Era una de esas personalidades”.

“Don pensó que si lograba el éxito a toda costa, conseguiría que el dolor que llevaba por dentro desapareciera”, comentó un tiempo después Jerry Bruckheimer a The Telegraph. “Pero no lo logró, porque el dolor lo llevaba demasiado adentro”.

Tras la muerte de Don Simpson, Jerry Bruckheimer ha continuado con éxito con su carrera, tanto en cine (Piratas del Caribe) como en televisión (franquicia CSI).

No fue fácil para él. “Necesité que me convencieran de que la vida seguía después de Don”, dijo al diario inglés.

Pero fueron los años Simpson/Bruckheimer los que brillan de una trayectoria mutua que, si bien irregular, revolucionó el cine desde una perspectiva creativa, estética y comercial.

“Estamos en el negocio del transporte”, dijo Bruckheimer en una ocasión. “Transportamos al público de un lugar a otro”.

Y no cabe la menor duda que siempre lo hicieron de forma espectacular y... a lo grande.

©Josep Parera Jorba

#donsimpson #jerrybruckheimer

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