‘Crusade’: La obra maestra que no lo fue
  • Josep Parera

‘Crusade’: La obra maestra que no lo fue

Actualizado: may 15

Todo estaba listo: decorados se estaban construyendo en la meseta española y el norte de África, actores habían sido contratados, el guion enstusiasmaba a propios y extraños y el presupuesto… ¡oh, el presupuesto!... fue entonces cuando todo se vino abajo. Crusade, de Paul Verhoeven y con Arnold Schwarzenegger se quedó en el olimpo de las obras maestras que no tuvieron oportunidad de serlo. Esta es su leyenda.

/Peter Fischer from Pixabay

El cuatro de febrero de 1999, The Hollywood Reporter informaba de una reunión entre Arnold Schwarzenegger y el productor Arnon Milchan (El fugitivo/The Fugitive, L.A. Confidential).

El actor trataba de aprovechar el nuevo contrato que Milchan había firmado con 20th Century Fox para relanzar su proyecto más soñado y ambicioso: Crusade, Cruzada.

Schwarzenegger ya lo había intentado cinco años antes, con Paul Verhoeven tras las cámaras, pero por motivos que son la razón de esta historia, la película nunca empezó a rodarse.

Más o menos era la misma época en la que se trataba de resucitar la franquicia de Terminator, con James Cameron recién salido de su Titanic y una vez este había dejado atrás la adaptación de Spider-Man en la que llevaba años trabajando.

Fox, en asociación con Paramount, había producido Braveheart, que no solo ganó cinco Oscar, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Director, sino también había recaudado 210 millones de dólares en todo el mundo (363 millones de hoy).

El presupuesto de Braveheart fue de 53 millones de dólares (92 millones de hoy).

Los ejecutivos del estudio conocían que las demandas previas de Verhoeven, y la razón por la que el proyecto no salió adelante en 1994, iban a disparar el costo mucho más allá de lo que había gastado un Mel Gibson consciente de sus limitaciones presupuestarias.

En 1994 Crusade iba a costar 120 millones de dólares (213 millones de hoy).

No había forma de que en 1999 ese mismo guion pudiera rodarse por la mitad. De hecho, Verhoeven comentó que la cifra no podía bajar de los 200 millones (casi 300 millones de hoy).

Fox siguió adelante con Terminator 3: La rebelión de las máquinas (T3: Rise of the Machines) y dijo no a Crusade.

El filme era ignorado una vez más.

En la primavera de 1989, Paul Verhoeven se encuentra en medio de la filmación de Desafío total (Total Recall) en los estudios Churubusco en México.

Durante una charla con la estrella de su filme, Arnold Schwarzenegger, los dos coinciden en su interés por Crusade: por un lado, el actor recuerda al director de Robocop que hace un tiempo había leído un guion muy mediocre sobre el tema, pero que eso fue suficiente como para despertar su curiosidad acerca de una película ambientada durante las guerras religiosas que tuvieron lugar entre 1096 y 1271.

“Se trata de uno de los periodos de la historia que más me interesan”, describió Verhoeven a David Hughes en su libro Tales from Development Hell.

Según el cineasta holandés, al principio de su carrera habló de un proyecto ambientado durante esa época con su colaborador, el guionista Gerard Soeteman (El cuarto hombre/The Fourth Man, Vivir a tope/Spetters), pero se olvidaron de él porque, según este, iba a costar demasiado dinero.

Verhoeven sugirió a Schwarzenegger que llamara a Walon Green, quien había escrito los libretos de clásicos como Grupo salvaje (The Wild Bunch), Juegos de guerra (War Games, sin acreditar, Carga maldita (Sorcecer) y estaba trabajando en el guion de Robocop 2, aunque no para el realizador europeo.

Para este sí había estado preparando una adaptación de Mujeres (Women), de Charles Bukowski, y el guion de Dinosaurio (Dinosaur), la producción de Disney que iba a realizar Verhoeven y de la que finalmente se hicieron cargo Eric Leighton y Ralph Zondag.

Los productores de Desafío total, Mario Kassar y Andy Vajna, propietarios de Carolco Pictures, estaban encantados con la asociación entre director y actor, así que cuando Verhoeven les habló de una aventura épica y medieval con la estrella de Depredador, a los dos se les abrieron los ojos.

Green fue contratado para que escribiera el guion de lo que se vendría a titular Crusade.

DESAFÍO TOTAL/Carolco

“Walon es una gran escritor y siempre me he llevado muy bien con él”, le contó el realizador a Hughes. “Me recuerda a Soeteman en que los dos son muy cultos, lo saben todo sobre historia y política y me gustaba su perspectiva acerca de Las Cruzadas”.

El prólogo de la película nos muestra a nuestro héroe, Hagen, un ladrón que es sentenciado a muerte por asaltar una abadía, pero que se libra de la sentencia aparentando un milagro frente al mismísimo Papa Urbano II: se quema una cruz en su espalda como muestra de una señal divina. La reacción de las masas le demuestra al pontífice que Hagen puede ser usado como arma del poder de la fe y el Cristianismo, y para cargar de moral y entusiasmo a las tropas ante sus inminentes batallas contra los ejércitos musulmanes.

La historia progresa con notable interés (y complejidad, para un libreto de menos de 140 páginas), personajes de considerable carisma (el Duque de Normandía; el comandante del emirato en Jerusalén) y villanía (el conde Emmich, hermanastro de Hagen; Djarvat, un fundamentalista musulmán), y escenas de considerable espectacularidad (ataques y batallas) y violencia (Hagen, herido de muerte, es cosido a la carcasa putrefacta de un burro esperando a que sea devorado por hienas; la cabeza de Hemmich es cortada en dos, pero su cuerpo sige cabalgando a lomos de su caballo; Hagen es casi castrado por un eunuco: la herida abierta es curada con una mezcla de alquitrán y excremento de vaca…).

“Quisimos ser honestos con los hechos históricos, y tan cercanos como fuera posible a lo que sucedió en aquella época, y cuáles eran los motivos de unos y otros”, explicó el director. “También nos interesaba dejar claro que Las Cruzadas empezaron como método de persecución contra los judíos. Desde el principio, los Cruzados avanzan con la idea de que los judíos fueron los asesinos de Dios, así que había que aniquilarlos primero a ellos”.

Por supuesto, la política y la religión son dos elementos destacados en Crusade, pero la película también era un espectáculo cinematográfico de primer orden, “con romance, evasión y escenas divertidas”, según Verhoeven, fan de filmes como Ben-Hur y Lo que el viento se llevó, pero alguien que por escenas divertidas probablemente entiende ver los testículos de Schwarzenegger casi cortados en primer plano…

“Supimos desde el principio que esta era una película con Arnold Schwarzenegger, gigantesca… Si querías, podías verla como una aventura épica: Arnold es enjaulado, casi es castrado, se enamora de una princesa árabe, tiene que matar a los malos y al final decide que lo mejor que puede hacer es vivir en el campo con su princesa”.

Eso sí, “no se trata de una historia feliz: es cruel, violenta, la clase de violencia extrema que he mostrado en mis películas. Por eso creo que Arnold era ideal, porque el público estaría de su lado”, dijo el autor de Los señores del acero (Flesh and Blood), otra aventura medieval que, si bien se filmó, contó con numerosos problemas de producción y distribución.

“No queríamos dejar de lado lo diabólicas que fueron Las Cruzadas, un plan del Papa que convenció a todos estos nobles franceses para que murieran en otras batallas en lugar de tener que enfrentarse a ellos en sus tierras. Además, existía esta teoría del cristianismo que consideraba que Jerusalen, por razones idióticas, debería estar en sus manos, algo que aún creen los religiosos fundamentalistas en Estados Unidos”.

Verhoeven quería dejar claro que, antes de que se desataran Las Cruzadas, no existía persecución alguna en Jerusalén: “Árabes, musulmanes, cristianos ortodoxos y judíos, todos eran aceptados” en Tierra Santa.

De hecho, la película era “pro-árabe, o mejor dicho, no anti-árabe, porque en ella hay cristianos buenos y malos, árabes buenos y malos, pero no seguía la moda de definir a todos los árabes como gente diabólica. Los árabes no persigueron a los judíos: fueron los cristianos, que acumulaban dos mil años de odio antisemita”.

Acaba el rodaje de Desafío total y Verhoeven se embarca en la producción de Instinto básico, también para Carolco.

Mientras, tal y como detallé en Carolco Pictures: El dinero manda, la situación financiera en la productora empieza a mostrar síntomas de fallida. Hastiado por ciertas decisiones que él no compartía, Andrew Vajna decide marcharse.

Walon Green termina con su guion. A Verhoeven le convence su tono general, pero le encuentra problemas.

Habla con Gary Goldman, autor de los libretos de Gran golpe en la pequeña China (Big Trouble in Little China) y Desafío total, para que le dé un repaso.

“Cuando me leí el guion” de Walon Green, contó Goldman, “me di cuenta de lo bueno que era, pero por cualquier motivo a Paul no le entusiasmó y perdió interés en él. De hecho pensó que yo era un idiota porque me gustó tanto… Era perfecto, con ideas maravillosas: una gran historia, cínica, un filme épico serio hecho a la medida de Arnold Schwarzenegger”.

Goldman también entendió que el mensaje del filme era “un mensaje contrario a la guerra, a todas las guerras, pero dejando claro que esta era culpa del cristianismo, algo que no creo que Hollywood se atreviera a decir nunca. Pero en Carolco podíamos hacer lo que nos daba la gana”.

Según el guionista, su versión del libreto, que sumaba 132 páginas y fue entregado el 24 de enero de 1993, no fue tan distinta a la de Green, y se limitó a realizar pequeño retoques porque, tal y como dijo Goldman, “tras intentar más cambios, Paul se dio cuenta de lo bueno que era lo que había escrito Green”.

De hecho, cuando Walon Green leyó la versión de Gary Goldman, lo llamó para felicitarlo.

Todo el mundo está listo para embarcarse en Crusade.

La preproducción da inicio antes de que acabe el invierno de 1993: se decide asignarle alrededor de 80 millones de presupuesto, una cantidad que muy pronto se queda corta y que Paul Verhoeven extiende hasta los 100 millones (178 millones de hoy); su estrella, para recortar gastos, acepta una reducción de su salario, 15 millones de dólares (27 millones de hoy), a cambio de un porcentaje de las ventas de merchandising; se decide rodar a partir de ese mismo verano en Marruecos y España, donde el cineasta había rodado Los señores del acero; y se apuesta por un reparto impresionante: junto a Schwarzenegger, Robert Duvall, John Turturro, Christopher McDonald, Jennifer Connelly, Gary Sinise y Charlton Heston en el papel del Papa Urbano II.

El 17 de mayo de 1994, mientras en España se lleva a cabo la construcción de decorados, Mario Kassar reúne en su despacho a Paul Verhoeven y Arnold Schwarzenegger.

La situación de la compañía no era la mejor: hacía media año que se había reestructurado; Chaplin, con Robert Downey Jr., había fracasado; y durante el primer trimestre de 1994 Carolco había perdido dos millones de dólares (cuatro millones de hoy), dos tercios menos que el año anterior, pero aún así no una cantidad suficiente para poder confirmar una inversión en Crusade, a no ser que...

A no ser que el director asegurase a Mario Kassar, allí mismo, que no sobrepasaría los 100 millones de su presupuesto acordados.

Paul Verhoeven, quien sabe que la cifra final se acerca más a los 120 millones de dólares (213 millones de hoy), y quizás hasta más, explota.

Arnold Schwarzenegger, en una entrevista que concedió a la revista Empire en 2012, recordó la escena. “Paul se volvió loco”, dijo este.

El director gritó: “¡Nunca se puede asegurar nada y si alguien lo hace, miente!”. Al actor, que como comenté antes aceptó reducir su sueldo para que este proyecto siguiera adelante, no le gustó la reacción de Verhoeven.

“Yo seguía golpeándolo por debajo de la mesa para que se callara la boca. Estábamos en marcha, teníamos un guion y una película. Pero no calló. Y eso fue el final de todo. El final de la película. Paul siempre ha sido honesto, pero a veces hay que decidir cuándo hay que ser honesto y cuándo hay que seguir adelante con un proyecto. Fue una pena”.

Kassar dio por perdidos los 10 millones de dólares que se habían gastado hasta ese momento (17.8 millones de hoy) y desplazó el resto del presupuesto previsto a La isla de las cabezas cortadas (Cutthroat Island), de Renny Harlin, la película que causó el colapso de Carolco Pictures.

El contrato de Schwarzenegger estipulada un pago de un sueldo concreto en caso de que la película no se hiciera.

El actor acordó con Kassar que, a cambio de no cobrar ni un dólar, él se quedaba con los derechos del guion. Tal era su amor por sus páginas.

Ese mismo año, los estudios Universal Pictures y Columbia Pictures se reunieron con Schwarzenegger con la intención de ver si podían rescatar el proyecto.

Pero las conversaciones se quedaron en tierra de nadie.

“Fui demasiado honesto. Un estúpido”, se arrepiente estos días Paul Verhoeven. “Tendría que haberles dicho que sí, que se podía hacer por 100 millones”.

El cineasta aprendió la lección.

Unos meses después empezaría a rodar Showgirls, tras sopesar llevar a cabo una nueva adaptación de Moby Dick.

El presupuesto de Showgirls rondó los 45 millones de dólares (78 millones de hoy). Para llegar a esa cifra, Verhoeven aceptó una reducción de un 70% de su salario, seis millones de dólares (11 millones de hoy).

Showgirls y La isla de las cabezas cortadas terminarían siendo dos de los fracasos de taquilla más sonados, aunque por distintos motivos, de la historia.

©Josep Parera Jorba

Fuentes: Tales from Development Hell, de David Hughes, The Hollywood Reporter, Variety; Los Angeles Times, The New York Times, Empire, BoxOfficeMojo, Movies.com, One Room With a View.

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